“Los países están llamando, me están besando el culo, se mueren por llegar a un acuerdo.”
Donald Trump
La primera vez que leí una historia sobre
lameculos fue en El clan del Sorgo Rojo, del premio Nobel de Literatura Mo Yan.
Su narrativa se da en tiempos de guerra, muy similar a los tiempos actuales que
vivimos, donde las grandes potencias amenazan con una conflagración bélica de
predicciones inimaginables.
Cuenta Mo Yan, como el jefe del Xian, Cao
Mengjin, amonesta a Wu Sanlao por deshonrar a una mujer, mandándole a bajar sus
pantalones hasta los tobillos, previo a mandarlo azotar con 100 zapatazos, a
razón de 50 en cada nalga. Al finalizar con el castigo, le manda a embadurnar
el sisiflis con miel y obliga al damnificado del gorrito de melón a cumplir con
un antiguo remedio chino: limpiarle el trasero con la lengua, hasta dejarlo “limpio
y fresco como flor de sauce.”
Quizás el neonazi que ocupa la Casa
Blanca pretenda embadurnarse con miel el trasero de macaco que tiene, y que los
líderes mundiales que lo están llamando para negociar los aranceles impuestos
por el de forma unilateral, le den el ósculo infame bajo circunstancias
similares: lengüetazo arriba, lengüetazo abajo, ralentizando la operación,
hasta que le dejen el “culo limpio y fresco como flor de sauce.”
El neonazi en cuestión, sin duda alguna
tiene argumentos de peso para mofarse ante el Comité Republicano de los líderes
de las naciones que lo llamaron, y es
que, la historia ha demostrado que, a todos los imperialistas en sus diferentes
épocas y lugares, quienes han gobernado a países inferiores en desarrollo socio
económico, político, militar y cultural, siempre se han bajado los pantalones a
media asta y han besado su bota y su trasero a perpetuidad, con el fin de mantener
un trato justo y digno, aunque la hagan de forma indigna. “El fin justifica
los medios,” diría Maquiavelo, o “el fin santifica los medios,”
dirían los jesuitas en el medioevo. No importa el qué hacer con tal de obtener
cualquier cosa.
La ofensa vulgar de Trump, ha generado
relaciones tóxicas en el concierto de las naciones, incluso con ciudadanos de a
pie, políticos, religiosos y empresarios de su propio país, que no apoyan sus
malas relaciones internacionales y sus decisiones sociales, políticas, bélicas
y económicas, entre tantas otras más.
Infaustamente, el lameculismo
institucional no es monopolio de unos cuantos líderes de potencias mundiales,
se da de forma insidiosa y progresiva en todas las esferas de la vida, tanto en
instituciones públicas como privadas, conozco a muchos que, con tal de ascender
a un cargo de mayor relevancia o mantenerse en el actual, le besan la suela de
los zapatos y el culo al jefe de turno, congratulándose con él o ella, hasta en
lo más bajo, abyecto y vulgar, sin importar si tienen que arrastrarse como una
serpiente de cascabel, o si tienen que perder
la dignidad, la civilidad y el decoro con tal de lograr lo que
quieren…sin embargo, para no extenderme demasiado en este post, algo escribiré
sobre ellos a posteriori…
Jlriveirof, OP

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