"Dos cosas llenan mi ánimo de creciente
admiración y respeto a medida que pienso y profundizo en ellas: el cielo
estrellado sobre mí y la ley moral dentro de mí.”
Immanuel Kant
Mientras el bus serpentea por la ciudad
capital rumbo a mi tierra natal, intento dormitar, pero mi mente absorta en mil
cosas no me permite descansar, de repente, insinúa que sueñe, pero estando
despierto.
Por alguna razón me viene a la
mente la Crítica de la razón práctica, y me puse a parafrasear al Maestro Kant,
pienso que, varias cosas me llenan de asombro y reverencia, en el contexto de
la convención: ese cielo resplandeciente de día, estrellado de noche, el
Xocomil del lago de Atitlán haciendo eco en mis oídos, los volcanes bien
erguidos como atalayas de las montañas que circundan el lago, y mis amigos con
la ley moral dentro de ellos.
Parezco menos avaro que I.
Kant, sin embargo, cuando Kant habla de ese cielo estrellado se refiere al
cosmos en su basta concepción.
Dejando por un lado la interpretación de
la frase kantiana, quiero referirme a algunas muestras de suma amistad y cariño
hacia mí, acontecidas durante esa convención a orillas del lago de Atitlán.
El primer suceso se dio a primeras horas
del día segundo: Roxy López, bajo el cielo raso y un sol radiante que aún no
estaba en su zenit, me abrazó y con la mirada dirigida hacia ese cielo empíreo,
rezó por mí, pidiéndole a Jesús me concediera la salud y las fuerzas para
continuar bregando por los caminos de la vida. Sé que las intenciones de su
corazón no fueron echadas en saco roto por nuestro buen Dios y serán una
realidad concreta en su nombre.
El segundo suceso se dio durante la noche
del karaoke. Como “los de Cobán solo comen y se van”, yo no esperé el
desenlace final. De haber tenido bola de cristal me hubiese quedado a pesar de
las condiciones climáticas adversas durante esa noche. No obstante, mi yerno y
compañero de Agencia Cobán Charles Moll Fetzer, avisó por chat que, mi gran
amigo de antaño Alberto Garo de la agencia de Mazatenango, más conocido por
Pepe, me había dedicado unas palabras y su canción (para comprender el contexto
hay que ver el video que acompaño hasta el final). No está demás comentar que,
Pepe fue el ganador del primer premio en ese concurso de karaoke. Cuando vi el
video y me contaron sobre el mismo al día siguiente, no sé si fueron las brisas
del lago las que empañaron mis ojos, confieso, o los vientos tempestuosos del
Xocomil de la noche de anoche.
Gracias amigo Pepe, tu alma es
grande y generosa.
El tercero se dio el día de hoy. Resulta
que ayer me vine hacia la capital en el bus que transportó a los compañeros
capitalinos, me vine de a jalón en vista que, hoy tenía cita en el IGSS y mis
compañeros cobaneros se regresaron por El Quiché para acortar distancia.
Obviamente mis compañeros gerentes capitalinos sabían mis motivos y muy de
mañana mi director Gabriel Díaz, propició en el chat de gerentes, un enjambre
de mensajes positivos, que precedieron al suyo. Gracias Gabriel por tus buenos
deseos y el apoyo incondicional que junto a nuestro gerente Marito Granai he
recibido.
Es evidente que, solo inmersos en la
adversidad, se da cuenta uno con quien cuenta. Esos mensajes con alto contenido
neurolingüística, cuando nacen de lo profundo, vienen a consecuencia de esa ley
moral de la que habla Kant. La misma no viene dictada por alguien en
particular, cada uno de nosotros la gestiona y la legisla y, en virtud de ella,
decidimos si actuamos en coherencia practicando el bien, o si de ella nos
deslindamos actuando inversamente proporcional a la misma.
De algo estoy plenamente convencido, solo
subiendo a la esfera moral todos nuestros actos y desafiando nuestras acciones
podríamos concluir que, “la vida tiene valor siempre que se valore la vida de
los otros a través del amor, la amistad, la indignación y la compasión”. Lo
dijo Simone de Beauvoir.

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