lunes, 15 de septiembre de 2025

Bajo el cielo raso de Atitlán


      "Dos cosas llenan mi ánimo de creciente admiración y respeto a medida que pienso y profundizo en ellas: el cielo estrellado sobre mí y la ley moral dentro de mí.”

Immanuel Kant

      Mientras el bus serpentea por la ciudad capital rumbo a mi tierra natal, intento dormitar, pero mi mente absorta en mil cosas no me permite descansar, de repente, insinúa que sueñe, pero estando despierto.

Por alguna razón me viene a la mente la Crítica de la razón práctica, y me puse a parafrasear al Maestro Kant, pienso que, varias cosas me llenan de asombro y reverencia, en el contexto de la convención: ese cielo resplandeciente de día, estrellado de noche, el Xocomil del lago de Atitlán haciendo eco en mis oídos, los volcanes bien erguidos como atalayas de las montañas que circundan el lago, y mis amigos con la ley moral dentro de ellos.

Parezco menos avaro que I. Kant, sin embargo, cuando Kant habla de ese cielo estrellado se refiere al cosmos en su basta concepción.

     Dejando por un lado la interpretación de la frase kantiana, quiero referirme a algunas muestras de suma amistad y cariño hacia mí, acontecidas durante esa convención a orillas del lago de Atitlán.

     El primer suceso se dio a primeras horas del día segundo: Roxy López, bajo el cielo raso y un sol radiante que aún no estaba en su zenit, me abrazó y con la mirada dirigida hacia ese cielo empíreo, rezó por mí, pidiéndole a Jesús me concediera la salud y las fuerzas para continuar bregando por los caminos de la vida. Sé que las intenciones de su corazón no fueron echadas en saco roto por nuestro buen Dios y serán una realidad concreta en su nombre.

     El segundo suceso se dio durante la noche del karaoke. Como “los de Cobán solo comen y se van”, yo no esperé el desenlace final. De haber tenido bola de cristal me hubiese quedado a pesar de las condiciones climáticas adversas durante esa noche. No obstante, mi yerno y compañero de Agencia Cobán Charles Moll Fetzer, avisó por chat que, mi gran amigo de antaño Alberto Garo de la agencia de Mazatenango, más conocido por Pepe, me había dedicado unas palabras y su canción (para comprender el contexto hay que ver el video que acompaño hasta el final). No está demás comentar que, Pepe fue el ganador del primer premio en ese concurso de karaoke. Cuando vi el video y me contaron sobre el mismo al día siguiente, no sé si fueron las brisas del lago las que empañaron mis ojos, confieso, o los vientos tempestuosos del Xocomil de la noche de anoche.

Gracias amigo Pepe, tu alma es grande y generosa.

     El tercero se dio el día de hoy. Resulta que ayer me vine hacia la capital en el bus que transportó a los compañeros capitalinos, me vine de a jalón en vista que, hoy tenía cita en el IGSS y mis compañeros cobaneros se regresaron por El Quiché para acortar distancia. Obviamente mis compañeros gerentes capitalinos sabían mis motivos y muy de mañana mi director Gabriel Díaz, propició en el chat de gerentes, un enjambre de mensajes positivos, que precedieron al suyo. Gracias Gabriel por tus buenos deseos y el apoyo incondicional que junto a nuestro gerente Marito Granai he recibido.

     Es evidente que, solo inmersos en la adversidad, se da cuenta uno con quien cuenta. Esos mensajes con alto contenido neurolingüística, cuando nacen de lo profundo, vienen a consecuencia de esa ley moral de la que habla Kant. La misma no viene dictada por alguien en particular, cada uno de nosotros la gestiona y la legisla y, en virtud de ella, decidimos si actuamos en coherencia practicando el bien, o si de ella nos deslindamos actuando inversamente proporcional a la misma.

     De algo estoy plenamente convencido, solo subiendo a la esfera moral todos nuestros actos y desafiando nuestras acciones podríamos concluir que, “la vida tiene valor siempre que se valore la vida de los otros a través del amor, la amistad, la indignación y la compasión”. Lo dijo Simone de Beauvoir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario