martes, 24 de marzo de 2026

“¡Hasta la victoria siempre!”


    


La frase con que intitulo este post inmortalizó al Che Guevara, a través de ella su recuerdo no se perderá en la noche de los tiempos y él seguirá presente en la mente de muchas gentes hasta el final de los tiempos, tomando en consideración que, la frase en cuestión no solo fue una consigna revolucionaria, sino una forma de estar en el mundo.

     Es por eso que he decidido re interpretarla, sustrayéndola de su contexto histórico, para darle una mirada filosófica desde una ética de la continuidad prolongada y una ética de la responsabilidad, en un mundo empresarial en continua evolución.

Un mundo en donde lo que no se mide y no se evalúa, no se mejora. Un mundo que monitorea el rendimiento individual y colectivo por medio de indicadores clave de desempeño (KPI) y en donde se busca el cambio y la innovación (OKR) constantemente; entre otros métodos de verificación y evaluación.

     En ese orden de ideas, para darle otro sentido a la frase acuñada por el Che; no se debe entender como un gesto épico solamente, sino como una disciplina diaria bien sustentada sobre sus cinco pilares: aceptación, fuerza de voluntad, trabajo duro, laboriosidad y persistencia.

La disciplina vence la inteligencia” diría el conferenciante Jokoi Kenji, precisamente por eso, constituye una ventaja competitiva clave en el mundo de los negocios.

     Los conceptos externados en párrafos anteriores, nos deben llevar a repensar en qué consiste la victoria realmente.

La verdadera victoria en una organización tal y como yo la concibo, no es un resultado puntual, un buen cierre de mes, un trimestre exitoso, o un año espectacular, por ejemplo; sino la capacidad de mantenerse sosteniendo estándares éticos y de desempeño toda la vida.

     En gestión, la frase significa insistir, resistir y persistir en un mundo cada vez más exigente y cambiante; desanclándolo de un pasado que ya no existe. Un mundo que nos exige aprender e innovar estrategias más rápido que la competencia.

     La frase externada por Sir Winston Churchill en el contexto de la gran guerra, nos invita a no ceder en nada: “Nunca, nunca, nunca te rindas”; insistiendo, resistiendo y persistiendo aun cuando las cosas no vayan bien como muchas veces suele suceder.

      En gestión, la frase nos invita a actuar con honestidad, ética y coherencia moral, incluso bajo presión, porque la confianza cuando se pierde es el activo más costoso de recuperar.

     En gestión, la frase nos obliga a convertir los escollos en tracción delantera, entendiendo que la resiliencia estratégica es una ventaja competitiva.

     En una organización madura como la que presido en la Verapaz; hasta la victoria siempre significa que, el compromiso, la ética y la excelencia no se negocian:

se practican, se encarnan y se renuevan “semper ad meliora”.

—Siempre hacia cosas mejores—


Jlriveirof

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