Por jlriveirof
Con el Domingo de
Ramos, los cristianos católicos iniciamos la semana mayor, recordando el
acontecimiento aquel, cuando Jesús hace su entrada triunfal a la Ciudad de
Jerusalén, montado en un burrito, como un signo de humildad, contrario al de
opresión puesto de manifiesto por los
imperialistas que lo hacían montados en caballos de pura estirpe y, adornados
estos, como un sombrerito de Esquipulas.
Durante esta semana, al igual que todos los años, nos podremos percatar que las diferentes iglesias
particulares en toda Guatemala, estarán más llenas, serán más bulliciosas, y
unirán sus fuerzas para recordar la
muerte, pasión y resurrección del crucificado.
Muchos de estos cristianos, pagarán los turnos de honor para
cargar las diferentes andas procesionales que recorren las diferentes aldeas,
caseríos y ciudades de nuestro país,
vestidos con sus mejores galas los más citadinos, zapatos de charol, con
guantes hasta los codos, más blancos que la nieve; inclusive, notorias serán
las figuras de aquellos que se dedican al arte de la cleptomanía, la farsa y la
tranza, desde su puesto de trabajo como políticos
profesionales, una actividad que, en Guatemala, es fraudulenta por excelencia
y; que lejos, de ayudar a bajar a los pobres y desposeídos de la cruz, al estilo de Poncio Pilato, se lavan las manos, intentando
soslayar sus pretendidas frialdades e hipócritas equidistancias;
crucificándolos cada día al sumirlos en la pobreza, la ignorancia, la falta de
oportunidades, el hambre, el abandono, la explotación, la desnutrición y la
pauperización en grado extremo.
Sin ir tan lejos,
estos días trascendió la noticia en
Facebook y twitter; como la “Honorable” Corporación Municipal de Cobán, sangra
en tan alto el presupuesto edil, con los chocantes pagos que los “honorables” miembros
recibieron por concepto de dietas durante el año 2017. Un pecado estructural
que llora sangre y clama al cielo, dada la enorme inadecuación que existe entre
lo que dicen y lo que hacen; tomando en consideración que tal corporación,
tanto católicos como evangélicos, al comienzo de cada año calendario, inician
sus actividades con una Celebración Eucarística en la Iglesia Catedral de Santo
Domingo de Guzmán. Como los fariseos de aquel tiempo, visten sus mejores galas
y ocupan los primeros lugares del templo, para ser vistos y saludados por
todos.
Actitudes como
las anteriores, evidencian que el sacramento de la fraternidad, en ellos, es
inexistente; la seriedad en su actividad
edil y la compasión son casi nulas: ¿Por qué no acrecentar la fe, no en misas
que para ellos es tan solo un acto público, como podría ser la inauguración de
algún mercado cantonal, alguna introducción de agua potable, alguna feria; sino en Cristo, en el contexto de nuestros
pueblos que todos los días son crucificados por servidores públicos de su misma
calaña, en insensato contubernio con una sociedad callada y enmudecida como la
nuestra?
¿Por qué no bajamos a los pobres de la cruz, todos, unidos en
un mismo fin, desde nuestras propias vocaciones…? Recordando no solo en este
tiempo, sino en todos los tiempos lo que se lee en el libro de los Proverbios
(18, 19) que <<hermano que es ayudado por el hermano, es como una ciudad
inexpugnable>> ¿Cómo serían nuestros pueblos si todos nos ayudáramos
entre todos?
A guisa de
preludio, creo que ya me extendí
demasiado y las ideas pueden guisarse más de lo normal, mejor con Kierkegaard
digo a una sola voz: <<Cállese,
recójase, pues, el Absoluto>>, refiriéndonos al Crucificado, a quien
debemos aprender a encontrar en los rostros de todos aquellos, que esperan en
nosotros palabras de aliento, porque están abatidos…
1ª Estación: Jesús es
condenado a muerte.
<<Viendo Pilato que no conseguía
nada, al contrario, que se estaban amotinando, pidió agua y se lavó las manos
ante la gente diciendo: No soy responsable de la muerte de este inocente. Es
cosa de ustedes. El pueblo respondió:
que su sangre caída sobre nosotros y sobre nuestros hijos. Entonces le soltó a
Barrabás, y a Jesús lo hizo azotar y lo entrego para que lo crucificaran. Mt 27, 24-26
Llama la atención la pusilanimidad con la que actuó Pilato,
que con tal de garantizar “su pan de cada día” entrego a Jesús para ser
crucificado. ¿Cuántas veces los que nos gobiernan actúan igual que él? Primero
azotan al pueblo, que los mantiene con sus impuestos, mediando el uso y el
abuso de las fuerzas gubernamentales, a puro garrotazo, gas pimienta, botas y
fusiles aunados en un mismo fin. Callar al pueblo que es saqueado en sus
narices y, al igual que el pueblo de aquel tiempo del siglo I de la era
cristiana, seguimos crucificando la verdad y
eligiendo malhechores para que nos gobiernen.
2ª Estación: Jesús
carga con la cruz.
Y Jesús salió cargando él mismo con la
cruz, hacia un lugar llamado la Calavera, en hebreo Gólgota. Juan 19, 17
San Felipe Neri
dijo una vez que a menudo nosotros somos los carpinteros de nuestras propias
cruces, y en su hechura las construimos de diferentes tamaños y pesos, cada
quien la labra a su medida. Pero la peor cruz que hemos labrado como
colectividad, es que en cada elección popular, elegimos a lo que consideramos
lo menos peor, y en ese ejercicio ciudadano, elegimos al peor de todos los
bandidos, “al político corrupto, mequetrefe y lacayo de las compañías
nacionales y extranjeras” –Bertolt Brecht-, y en esta disposición, ponemos una
cruz más pesada todavía, sobre la suerte de aquellos que no tienen ni voz ni
voto, aquellos que no existen para este sistema corrupto y corruptor, aquellos
que son invisibilizados, los más pobres, los huérfanos, las viudas, los
ancianos, los niños; porque estos malhechores, tomarán y beberán la leche de
los pobres a una sola vez, los dejarán sin alimentos, sin educación e
instrucción, sin medicamentos. Como las langostas en tiempos del éxodo judío,
no dejarán nada sobre la faz de nuestra tierra.
Aun así, no perdamos la fe y la esperanza, Cristo nos precede
en el camino y en ese transitar, nuestras cargas serán más ligeras…
3ª Estación: Jesús cae
bajo el peso de la cruz.
“A él, que soportó nuestros sufrimientos y
cargo con nuestros dolores, lo tuvimos por un contagiado, herido de Dios y
afligido”. Isaías
53, 4
Jesús, ha caído
ante el peso de la pesada cruz, está cansado, débil y abatido; como suelen
estar nuestros pueblos, que ante la ignominiosa cruz que los políticos
corruptos, han impuesto sobre nuestros hombros, los más pobres y desposeídos de
las zonas rurales y marginales, han perdido mucha sangre, tienen hambre y sed
de justicia y caen ante tal peso, un peso que es injusto y reductivo, producto
de una sociedad enferma que con su silencio permite todos los desmanes, de
aquellos que, hoy hacen las veces de Pilato, políticos corruptos liberales ante
la ley, pero exigentes de la misma en los gobernados. Al igual que los fariseos
de aquel tiempo, imponen pesadas cargas sobre nuestros hombros que por
supuesto, ellos no están dispuestos a llevar. Nuestros pueblos han caído, pero
al igual que Cristo, un día se levantarán, aunque hoy, todo parezca que el camino es cuesta arriba.
4ª Estación: Jesús se
encuentra con su Madre.
¿No les importa, a todos ustedes los que
van pasando por el camino? Miren y vean si hay dolor comparable al mío. Lamentaciones 1, 12.
Según la
tradición, madre e hijo se encuentran y cruzan las miradas en el camino de la
cruz. El rostro de Cristo va ensangrentado por las espinas que le clavaron los
romanos cuando se burlaban de él. El rostro de su madre, sin duda está
compungido y acongojado por los vejámenes de los que su hijo fue objeto. En ese
transitar, vale la pena peguntarse: ¿Cuántas mujeres compungidas y acongojadas
hay en Guatemala, que todavía esperan al abuelo, padre, esposo, hijo o sobrino,
secuestrado, torturado o desaparecido
durante el conflicto armado? Al igual que la Virgen María en aquel
tiempo, las madres de este, no pueden estar ausentes con sus hijos que sufren,
sufren con ellos, gimen con ellos y oran por ellos, por las cruces que el
sistema, les implanta sobre su pobre,
enclenque y raquítica humanidad.
La pregunta del libro de Lamentaciones, es propicia hacerla
en este tiempo, por todas aquellas personas que deseamos para las futuras
generaciones un mejor porvenir: ¿No les importa a todos ustedes, los que van
pasando por el camino? –De nuestra patria-
5ª Estación: El Cireneo
ayuda a Jesús a llevar la cruz a cuestas.
Pasaba por allí de vuelta del campo un tal
Simón de Cirene, y lo forzaron a cargar con la cruz. Marcos 15, 21.
Nuevamente el peso
de la pesada cruz es implantada sobre los hombros del redentor, que con
traspiés y empujones es llevado cuesta arriba, como lo era el camino hacia el
Gólgota desde que pasaron la puerta de Efraín; solo que ahora, las
circunstancias de aquel momento obligan a un transeúnte a ayudar a Jesús.
¿Cuántas veces nuestros pueblos han encontrado alivio en terceras personas,
individuales o institucionales? Hoy, tenemos a varios cireneos que nos apoyan
en la lucha contra la corrupción, llevando sobre sus espaldas el peso de las
transgresiones de los políticos de pacotilla que afilan las uñas para
atestarlas sobre el erario nacional. De tal suerte que; el Ministerio Público,
la CICIG, la Procuraduría de los Derechos Humanos, la Embajada de los Estados
Unidos de Norte América –aunque de forma interesada- y operadores de justicia
que aún no se han vendido; la hacen de cireneos, ayudándonos a llevar el peso
de ese estado fallido. Ellos, posiblemente ignoran que con su actuar le están
echando una mano a Cristo y se convierten en un benedictus homo, de tal forma
que al dar lo mejor de sí, llenan el cántaro del alfarero, para que todos los
habitantes de estas tierras, puedan saciar su sed de justicia.
6ª Estación: La Verónica
limpia el rostro de Jesús.
Creció en su presencia como brote, como
raíz en tierra árida: no tenía presencia ni belleza que atrajeran nuestras
miradas ni aspecto que nos cautivase. Isaías 53, 2.
Como muchas veces
suele suceder, es una mujer la que resalta por su valentía al ponerse frente a
la soldadesca, para ofrecer una palabra
de alivio al que es maltratado y torturado. Lo hizo la Verónica que bajo
circunstancias adversas limpia el rostro de Jesús que a puros tropezones sigue
la ruta que le han trazado.
Lo hizo la poetisa Alaíde Foppa en su tiempo, presuntamente
secuestrada, torturada y asesinada por las hordas asesinas del general opresor
Romeo Lucas García, cuando éste gobernó Guatemala y todas aquellas mujeres sin
nombre que fueron violadas, torturadas y asesinadas durante los 36 años que
duro el genocidio en Guatemala. Olvidadas
hoy, por el mismo sistema putrefacto del estado, quienes al igual que Stalin
creen que: “una persona asesinada es una tragedia, pero un millón de personas asesinadas
son estadística”. Quizá por ello, tanto en Rusia como en Guatemala son
consideradas como dato solamente y de ahí deriva el negacionismo del genocidio.
Hoy todas esas víctimas, como las 62 mujeres que mueren
mensualmente en Guatemala a causa de la violencia, que según el INACIF, es una
tendencia que se ha mantenido durante los últimos nueve años, sin que ningún
gobierno pueda contrarrestarla. Sin precisar el sexo, los hijos de estas
víctimas, son las Verónicas que hoy
enjugan el sudor, las lágrimas y la sangre de sus semejantes, esperando respuestas a sus múltiples demandas,
ante los órganos jurisdiccionales competentes y oficinas de derechos humanos.
7ª Estación: Jesús cae
por segunda vez.
El,
en cambio, fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros
crímenes. Sobre él descargo el castigo que nos sana y con sus cicatrices nos
hemos sanado. Isaías
53, 5.
Cristo vuelve a
caer por causa de la pesada cruz, en ella llevaba el peso de nuestras
tribulaciones. Es un ejemplo preclaro para todas aquellas personas que hemos
caído no una, ni dos, ni tres veces por los caminos de la vida; sino muchas.
Una de las grandes glorias del ser humano, no consiste en no caer nunca, sino
en levantarse cada vez que se cae. Y todos llevamos sobre los hombros una cruz,
pequeña o grande, una cruz siempre pesa. Pero Cristo que nos acompaña nos dice
que él puede aligerar nuestra carga…
8a Estación: Jesús
consuela a las mujeres de Jerusalén.
Le seguía una gran multitud del pueblo y
de mujeres llorando y lamentándose por él. Lucas 23, 27-28.
La mujer, en los
tiempos de Jesús era no visible, carecía de voz y voto ante las decisiones
importantes, dedicada única y exclusivamente para asuntos de tipo doméstico y
para que el varón pudiera cumplir con sus tareas conyugales; al extremo que,
algunos rabinos oraban diciendo: “te doy gracias oh Dios, porque no me hiciste
mujer”. Veamos el texto bíblico que antecede: gran multitud del pueblo y
mujeres… en estos dorados tiempos, las mujeres siguen siendo vistas como
enojonas, llorosas y quejosas. Tan es así que en fechas recientes, con motivo
de la celebración del Día Internacional de la Mujer, el
Ministerio de Cultura en Guatemala;
consideró a la mujer como, “vaso
frágil para la gloria de Dios”. ¿Cuál vaso frágil? Al menos en Guatemala, no
vemos ya mujeres débiles de espíritu. ¿La actual jefa del Ministerio Público será
un vaso frágil, cuando la vemos a diestro y siniestro luchando contra los
malhechores, incluidos al propio Presidente de la República, incluido hermano e
hijo y muchos políticos y empresarios que han transgredido las leyes del país? Una
persona orientada a la causa de tanto dolor en Guatemala.
Hoy Jesús les dice a “estos vasos frágiles” ante tanta
injusticia, dolor y sufrimiento que oprimen y laceran el alma de los
guatemaltecos: “No lloren por mí, más bien por ustedes y sus hijos… -Lucas 23,
28-
9ª Estación: Jesús cae
por tercera vez.
Esa es su vocación, porque también Cristo
padeció por ustedes, dejándoles un ejemplo para que sigan sus huellas. 1ª Pedro 2, 21.
Tercera y última
caída. Cristo vuelve a caer, pero se vuelve a levantar; como suelen hacerlo los
valientes. ¿Cuántas veces nuestros pueblos se han vuelto a levantar, cual Ave
Fénix, de sus propias cenizas? Ha soportado dictaduras, guerras, rumores de
guerra, genocidios, violencia de todo tipo, desde los tiempos de la conquista y
la colonia que diezmaron a nuestras poblaciones, terremotos, huracanes entre un
largo etcétera. Y ahí seguimos, en pie, dispuestos a seguir levantándonos si
volvemos a caer. Cristo es el arquetipo a seguir, no hay nadie como él. De lo
que dijo e hizo aprendimos que nuestra vida tiene que ser en pro de los otros y
del Gran Yo Soy, –Dios- radical en los
temas políticos y religiosos de su época, pero abierto a todas las discusiones
y respetuoso de los derechos de los demás, su amor es incondicional y exigente
hacia el mismo. ¿Por qué no ser y hacer como él? Parafraseando a Erasmo,
podríamos preguntarnos cada vez que tengamos que tomar una decisión difícil e
incómoda: ¿Qué haría Jesús si en este momento estuviera en mi lugar…?
10ª Estación: Jesús es
despojado de sus vestiduras.
Después que los soldados crucificaron a
Jesús, tomaron su ropa y la dividieron en cuatro partes, una para cada soldado;
tomaron también la túnica. Era una túnica sin costuras, tejida de arriba abajo,
de una pieza. Juan
19, 23
La muy inveterada
costumbre de la soldadesca como que es la misma en todo el mundo, trasciende
épocas, culturas y lugares. Apropiarse de lo que les es ajeno como si de un
botín de guerra se tratara. Así lo hicieron con Jesús en la cresta del Gólgota,
aquel fatídico día de la historia de nuestra salvación, cuando fue despojado no
solo de las pocas prendas que llevaba consigo sino también de su existencia.
Pobre vino al mundo y paupérrimo murió, como lo dijo una vez el Obispo de
Hipona. La misma suerte que corren los habitantes de los pueblos originarios de
la Guatemala profunda, pobres vinieron al mundo y paupérrimos se están
extinguiendo; muchos a causa de que sus pocos bienes, han pasado a mejores
manos: las filudas manos de los políticos, leguleyos taumaturgos que cobran en
especie, militares y terratenientes
corruptos que bajo la égida del propio estado se han visto beneficiados con
esta forma de hacerse de lo ajeno impunemente. Vigorosas son sus manos, pero
para robarse lo que encuentran a su paso. Y en la mayoría de los casos, en esta
estación de nuestra propia existencia, los pobres y desposeídos son atracados
sin mediar palabra…
11ª Estación: Jesús es clavado en la cruz.
Cuando llegaron al lugar llamado La
Calavera, los crucificaron a él y a los malhechores: uno a la derecha y el otro
a la izquierda. Lucas
23, 33
El mazo de los
soldados cae implacable sobre las extremidades de Jesús, que en posición de
oración hacía el cielo, recoge el duro golpe que cae sobre los clavos que
atraviesan con vigor y rigor sus
músculos. Y ahí estaba Dios, siendo clavado con él; porque “El Dios que en
Jesús se revela es humano y el hombre que en Jesús se revela es divino”.
Quisieron matar la verdad, pero no pudieron, como pretenden hacer los políticos
en este tiempo, que a casi dos mil años después de este acontecimiento; al igual
que Pilato, siguen preguntándose ¿qué es
la verdad…?
Sin esperar respuesta,
hacen lo mismo que hicieron Anás, Caifás y Herodes en aquel tiempo: violan leyes, se reúnen en secreto, proponen testigos
falsos, dan sobornos, fabrican leyes en su propio beneficio y se enmaridan con
el poder político para criminalizar a todas aquellas personas que buscan con
denuedo la verdad desnuda y pura…
12ª Estación: Jesús
muere en la cruz.
Jesús tomó el vinagre y dijo: todo se ha
cumplido. Dobló la cabeza y entrego el espíritu. Juan 19, 30
De él dicen las
Sagradas Escrituras que pasó por el mundo haciendo el bien. Sin embargo fue
crucificado en tiempo de Poncio Pilato. ¿Cuántas personas en nuestra Guatemala
han sido “crucificados” por hacer el bien?... Alberto Fuentes Mohr, Manuel
Colom Argueta, Adolfo Mijangos, Mario López Larrave, Coronel Jacobo Arbenz
Guzmán. –que con su crucifixión mataron
la democracia en Guatemala- Los sacerdotes católicos: William Woods, Hermógenes
López, Conrado de la Cruz, Faustino Villanueva, Juan Alonso, Carlos Gálvez,
Tullio Marcelo Maruzzo, Stanley Francis Rother, Carlos Pérez, defensores de
derechos humanos y todas aquellas personas
anónimas que han luchado por dejarle a sus hijos y sus nietos un mejor país. De
todos ellos, podríamos decir lo que Pablo escribió a los gálatas: “me amo y se
entregó a la muerte por mi” –Gal 2, 20-
13ª Estación: Jesús es
bajado de la cruz.
Después de esto, José de Arimatea, que era
discípulo clandestino de Jesús, por miedo a los judíos, pidió permiso a Pilato
para llevarse el cadáver de Jesús. Pilato se lo concedió. Él fue y se llevó el
cadáver. Juan 19, 38
La Piedad de
Miguel Ángel, describe muy bien este acontecimiento. En ella se aprecia el sufrimiento de la Virgen María al recibir y
abrazar a su hijo, después que éste, es desprendido de la horripilante cruz. La
desnudez de su hijo contrasta con la figura de su madre envuelta en telas
gruesas, bien plegadas hacia la izquierda. Se cumple la profecía del viejo
Simeón sobre que una espada atravesaría su corazón. Jesús ha dejado de padecer
y empieza el sufrimiento de ella.
Al igual que ella,
cuantas madres guatemaltecas han acariciado el rostro de sus hijos, arrancados
de esta vida por la violencia que a diario se vive en las calles. En el peor de
los casos, cuantas madres esperan sempiternamente que sus hijos sean devueltos
al seno del hogar, para darles cristiana sepultura. Cuantas madres sufren la falta de
abastecimiento en los distintos nosocomios públicos, de maestros, pupitres y lugares dignos en las
escuelas públicas a causa de la corrupción institucional. Cuanto hijo muerto,
desaparecido, torturado o violado por la falta de seguridad pública. Mientras
la familia presidencial, adláteres y achichincles; mientras pasan los días, evidencian un prominente abdomen a causa de
las grandes comilonas y bebetorias que se dan en detrimento de los que no
tienen nada que llevarse a la boca. ¡Miserables! Hasta cuándo van a dejar de
hartarse como coches. Acaso no ven que esto es robarles a los pobres más
pobres…
Al igual que María todas ellas pueden ser llamadas también,
madres de las angustias…
14ª Estación: Jesús es
sepultado.
En el lugar donde había sido crucificado
había un huerto y en él un sepulcro nuevo en donde nadie había sido sepultado.
Como era la víspera de la fiesta judía y como el sepulcro estaba cerca,
colocaron ahí a Jesús. Juan 19, 41-42
¿Cuántos muertos
en Centro América, no tuvieron la misma suerte de Jesús? Muchos han sido
enterrados como XX, envueltos en alguna bolsa negra de polietileno, torturados
y desmembrados, acribillados, con las
manos atadas hacia atrás y con calcetines entre la cavidad maxilofacial, con
algún orificio consecuente a proyectil de arma de fuego, como tiro de gracia en
la sien; muchos sepultados en alguna fosa común en algún cuartel militar,
víctimas de los conflictos bélicos
acaecidos a lo largo y ancho del istmo centroamericano.
Por terroríficas que parezcan estas acciones, sabemos que no
es el punto final. Con Cristo tenemos nuestra esperanza, al ser él el
primogénito de entre los muertos, todos estos dolientes y sufrientes tienen
parte con él. La obscura y tétrica tumba entonces, se convierte en un estuche
de esperanza, ya no habrá más muerte, ni dolor, ni sufrimiento, todo pasará en
Cristo. Por eso, con el Padre Jon Sobrino podemos pronunciar: “El pasado de
Jesús puede ser recuperado en el presente, solo si ese pasado nos empuja hacia
el futuro.”
Durante esta Semana Santa, pidámosle al Padre entonces que;
él Jesús de la historia, acompañe siempre a nuestras comunidades cristianas en
todas sus actividades y que nos sea propicio para que podamos “ver nuestras
vidas en la Biblia y la Biblia en nuestras vidas” y así podamos parafrasear a San
Romero de América, en el contexto sociopolítico de nuestros pueblos: si nos
matan, al tercer día resucitaremos en nuestros pueblos centroamericanos…
Santo Domingo de Cobán, Martes Santo,
27 de marzo de 2,018
Fuentes
bibliográficas:
La Biblia de
Nuestro Pueblo, Luis Alonso Schökel, ediciones mensajero
Cristología
de la Liberación, Asociación ecuménica de teólogos del tercer mundo, José María
Vigil, segunda edición

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