Por jlriveirof
<<La paz esté con ustedes>> fue el sencillo
saludo que Jesús utilizó ante sus
discípulos, después de su gloriosa resurrección, acaecida aquel primer día de
la semana, muy de mañana, cuando resucitó de entre los muertos. No da un
saludo elaborado, sino una frase sencilla para la gente sencilla, que lo siguió
durante su corto ministerio, por los
caminos maltrechos, secos y polvorientos de Galilea y sus puntos circunvecinos.
El saludo en sí, resulta incomprensible, en virtud de los
acontecimientos convulsos que se habían dado en Jerusalén. Desde aquella noche,
cuando sale del cenáculo de oración rumbo al Getsemaní para orar y esperar el
momento para que Judas el traidor, aparezca en escena y salga a su encuentro, acompañado por una chusma alborotadora y
numerosa, armada con palos y espadas, y con
un beso lo traiciona y lo entrega al poder religioso, para que pudiera ser
investigado por la presunta usurpación de calidad al llamarse Hijo de Dios, entre otros delitos
cometidos, según ellos…
Es importante hacer constar también que al comienzo de su ministerio,
proclamó las palabras mesiánicas de Isaías, con su clara referencia al capítulo
25 del libro del Levítico: el año del jubileo, diciendo: <<El
Espíritu del Señor esta sobre mí porque me ha consagrado por la unción. Él me ha enviado a llevar la buena nueva a los
pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar
la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor. >>
Ante tales
declaraciones, es fácil deducir porque el poder político y religioso de su
época, intentaron a toda costa,
deshacerse de él. Era un fastidio para el alma de los corruptos inmiscuidos
en ambos poderes y la Pax romana, y en su
intento por cuidar “su pan de cada día”, pretenden mantenerse en sus puestos,
sin que les importara un plato de lentejas, obviar el mandamiento dado a Moisés
y transmitido de forma generacional: No
matarás…
En éste contexto, es importante recordar
también, que todos los pueblos recorridos por Jesús durante su ministerio,
estaban oprimidos por el imperio romano, y sus habitantes carecían de todas las
libertades que son inalienables del ser humano. Y al ser interpretadas de forma
literal estas declaraciones, los maestros y doctores de la ley, en su fanatismo
y fundamentalismo, dilucidan literalmente este pasaje de la escritura y lo
aprovechan para acabar con su existencia, echando mano de todo lo que este a su
alcance.
Ahora bien, en el marco de la celebración litúrgica de
este Domingo de Resurrección, en donde contemplamos y reflexionamos en torno a
ese momento culmen de nuestra historia de salvación, cuando Cristo sale a
nuestro encuentro; dejando atrás el frio y la oscuridad de la muerte y de la
tumba, su saludo, ha de resonar nuevamente en las mentes y corazones de todos los hombres y
mujeres de buena voluntad: <<La
paz esté con ustedes>>. Un saludo que se debe dar en nuestro entorno, sobre todo ahora
que, el ánimo de los guatemaltecos está caldeado,
y arde ante el anuncio, que los medios
modernos de comunicación hacen por el mundo civilizado, de que
el brigadier Efraín Ríos Montt, ha muerto, que no existe ya.
Una buena noticia sin duda para muchos, sobre
todo aquellos que sufrieron los rigores de su mandato, cuando con mano perversa
y sanguinaria, llevó a la praxis, políticas antisubversivas como la práctica
maoísta aquella de “quitar el agua al
pez”, y mandó masacrar y quemar comunidades enteras, sin importarle la vida
de niños, mujeres y ancianos inocentes; que fueron aprehendidos,
torturados, eliminados o desaparecidos; causando una gran inmigración hacia el
norte.
Desde el siglo I de la era cristiana,
sabemos que el victimario de unos, es el salvador de otros. A ello obedece sin
duda, que políticos, militares y ciudadanos de a pie, le rindan pleitesía y lo
vean como un semidiós. Aun después de muerto. De lo que no se dan cuenta es que
un héroe, jamás huye y con la frente en alto y el pecho descubierto le hace
frente a las vicisitudes que las diferentes circunstancias de la vida ponen por
delante. No es el caso de este general, que se aprovechó de la
institucionalidad del ejército y del estado para cometer sus felonías, porque
hasta la hora de su muerte, se hizo el loco, huyo del brazo de la justicia, le
temió hasta el extremo; y en su afán por no ser alcanzado por ella, su familia
y leguleyos lo declararon demente y se echó
entre la bolsa a sus adláteres y achichincles; que aun después de muerto, siguen dando la
batalla por él.
En ese extremo, resulta
bochornoso que la esposa de un extinto
leguleyo lo compare con Cristo al decir: “Al igual que Cristo lo acusaron sin
fundamento, él padeció una traición de algunos guatemaltecos, mientras que
algunos lo reconocimos en silencio. El día
de hoy, es un día para que Guatemala pueda recapacitar y pensar en el hombre,
en el general que dio su vida por este país. –Lucrecia Marroquín de Palomo-
Sus familiares,
fanáticos religiosos, especialmente la hija, ven el día de su muerte, como una
señal del cielo, al haber “nacido a la vida eterna,” precisamente el domingo de
Resurrección.
Qué bien que en sus
declaraciones no lo presentaron como un
ecce homo…
A la
luz de la memoria y la razón histórica y sin haber perdido un ápice el ejercicio de la racionalidad; los entes
pensantes –no pensados- sabemos del daño
que este siniestro personaje causo a lo largo y ancho del territorio nacional, cuando gobernó Guatemala de facto. Ahora que
aparentemente todo está consumado, esperamos que la justicia transicional haga
lo que corresponde. Con la muerte del tirano no se exime su alto grado de
culpabilidad, y se debe priorizar la atención a las víctimas y su dignidad,
evitando a toda costa que la violación a los derechos humanos y crímenes de
lesa humanidad, se vuelvan a repetir, para que realmente reine la paz entre los
guatemaltecos, considerando que todos somos hermanos, hijos de una misma madre,
la madre tierra…
A pesar de que la
extrema derecha pretende llevar el riosmontismo más allá de Ríos Montt, demos
cabida a las cálidas palabras de Cristo vivo y resucitado para que fluyan como
caudales de aguas vivas y resuenen en nuestras mentes y corazones; diciendo a
una sola voz: que la paz esté con todos nosotros…
¡Felices pascuas de
resurrección!
Santo Domingo de Cobán,
Domingo de Resurrección; 01 de abril de 2018
Referencias:
Biblia de Jerusalén,
Editorial Desclée de Brouwer, S.A., 2007
DIARIO LA HORA,
02-04-2018
Patrick Ball, Paul
Kobrak, Herbert F. Spirer, Violencia Institucional en Guatemala, 1960 a 1996:
Una reflexión cuantitativa,

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