martes, 3 de abril de 2018

La paz esté con ustedes -Juan 20, 19-


 
Por jlriveirof

     <<La paz esté con ustedes>> fue el sencillo saludo que Jesús utilizó  ante sus discípulos, después de su gloriosa resurrección, acaecida aquel primer día de la semana, muy de mañana,  cuando  resucitó de entre los muertos. No da un saludo elaborado, sino una frase sencilla para la gente sencilla, que lo siguió durante su corto  ministerio, por los caminos maltrechos, secos y polvorientos de Galilea y sus  puntos circunvecinos.
El saludo en sí, resulta incomprensible, en virtud de los acontecimientos convulsos que se habían dado en Jerusalén. Desde aquella noche, cuando sale del cenáculo de oración rumbo al Getsemaní para orar y esperar el momento para que Judas el traidor, aparezca en escena y salga a su encuentro,  acompañado por una chusma alborotadora y numerosa, armada con palos y espadas,  y con un beso lo traiciona y lo entrega al poder religioso, para que pudiera ser investigado por la presunta usurpación de calidad  al llamarse Hijo de Dios, entre otros delitos cometidos, según ellos…
 Es importante hacer constar también que al comienzo de su ministerio, proclamó las palabras mesiánicas de Isaías, con su clara referencia al capítulo 25 del libro del Levítico: el año del jubileo,  diciendo: <<El Espíritu del Señor esta sobre mí porque me ha consagrado por la unción. Él  me ha enviado a llevar la buena nueva a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor. >>
Ante tales declaraciones, es fácil deducir porque el poder político y religioso de su época, intentaron  a toda costa, deshacerse de él. Era un fastidio para el alma de los corruptos inmiscuidos en  ambos poderes y la Pax romana,  y  en su intento por cuidar “su pan de cada día”, pretenden mantenerse en sus puestos, sin que les importara un plato de lentejas, obviar el mandamiento dado a Moisés y transmitido de forma generacional:  No matarás…
 En éste contexto, es importante recordar también, que todos los pueblos   recorridos por Jesús durante su ministerio, estaban oprimidos por el imperio romano, y sus habitantes carecían de todas las libertades que son inalienables del ser humano. Y al ser interpretadas de forma literal estas declaraciones, los maestros y doctores de la ley, en su fanatismo y fundamentalismo, dilucidan literalmente este pasaje de la escritura y lo aprovechan para acabar con su existencia, echando mano de todo lo que este a su alcance.
     Ahora bien,  en el marco de la celebración litúrgica de este Domingo de Resurrección, en donde contemplamos y reflexionamos en torno a ese momento culmen de nuestra historia de salvación, cuando Cristo sale a nuestro encuentro; dejando atrás el frio y la oscuridad de la muerte y de la tumba, su saludo, ha de resonar nuevamente en las  mentes y corazones de todos los hombres y mujeres de buena voluntad: <<La paz esté con ustedes>>. Un saludo que se debe  dar en nuestro entorno, sobre todo ahora que,  el ánimo de los guatemaltecos está caldeado, y  arde ante el anuncio, que los medios modernos de comunicación hacen por el mundo civilizado,   de que el brigadier Efraín Ríos Montt, ha muerto, que no existe ya.
 Una buena noticia sin duda para muchos, sobre todo aquellos que sufrieron los rigores de su mandato, cuando con mano perversa y sanguinaria, llevó a la praxis, políticas antisubversivas como la práctica maoísta aquella de  “quitar el agua al pez”, y mandó masacrar y quemar comunidades enteras, sin importarle la vida de  niños,  mujeres y  ancianos inocentes; que fueron aprehendidos, torturados, eliminados o desaparecidos; causando una gran inmigración hacia el norte.
     Desde el siglo I de la era cristiana, sabemos que el victimario de unos, es el salvador de otros. A ello obedece sin duda, que políticos, militares y ciudadanos de a pie, le rindan pleitesía y lo vean como un semidiós. Aun después de muerto. De lo que no se dan cuenta es que un héroe, jamás huye y con la frente en alto y el pecho descubierto le hace frente a las vicisitudes que las diferentes circunstancias de la vida ponen por delante. No es el caso de este general, que se aprovechó de la institucionalidad del ejército y del estado para cometer sus felonías, porque hasta la hora de su muerte, se hizo el loco, huyo del brazo de la justicia, le temió hasta el extremo; y en su afán por no ser alcanzado por ella, su familia y leguleyos lo declararon demente y  se echó entre la bolsa a sus adláteres y achichincles;  que aun después de muerto, siguen dando la batalla por él.
En ese extremo, resulta bochornoso  que la esposa de un extinto leguleyo lo compare con Cristo al decir: “Al igual que Cristo lo acusaron sin fundamento, él padeció una traición de algunos guatemaltecos, mientras que algunos lo reconocimos en  silencio. El día de hoy, es un día para que Guatemala pueda recapacitar y pensar en el hombre, en el general que dio su vida por este país. –Lucrecia Marroquín de Palomo-
Sus familiares, fanáticos religiosos, especialmente la hija, ven el día de su muerte, como una señal del cielo, al haber “nacido a la vida eterna,” precisamente el domingo de Resurrección.
Qué bien que en sus declaraciones no lo presentaron  como un ecce homo…
 A  la luz de la memoria y la razón histórica y sin haber perdido un ápice  el ejercicio de la racionalidad; los entes pensantes –no pensados-  sabemos del daño que este siniestro personaje causo a lo largo y ancho del territorio nacional,  cuando gobernó Guatemala de facto. Ahora que aparentemente todo está consumado, esperamos que la justicia transicional haga lo que corresponde. Con la muerte del tirano no se exime su alto grado de culpabilidad, y se debe priorizar la atención a las víctimas y su dignidad, evitando a toda costa que la violación a los derechos humanos y crímenes de lesa humanidad, se vuelvan a repetir, para que realmente reine la paz entre los guatemaltecos, considerando que todos somos hermanos, hijos de una misma madre, la madre tierra…
A pesar de que la extrema derecha pretende llevar el riosmontismo más allá de Ríos Montt, demos cabida a las cálidas palabras de Cristo vivo y resucitado para que fluyan como caudales de aguas vivas y resuenen en nuestras mentes y corazones; diciendo a una sola voz: que la paz esté con todos nosotros…
¡Felices pascuas de resurrección!

Santo Domingo de Cobán, Domingo de Resurrección; 01 de abril de 2018

Referencias:
Biblia de Jerusalén, Editorial Desclée de Brouwer, S.A., 2007
DIARIO LA HORA, 02-04-2018
Patrick Ball, Paul Kobrak, Herbert F. Spirer, Violencia Institucional en Guatemala, 1960 a 1996: Una reflexión cuantitativa,


    

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