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Como
ha sido nuestra muy arraigada costumbre,
el primer lunes de cada mes, los
agentes de cambio, de la Agencia de Cobán, nos dimos cita a la hora establecida,
para hacer un alto en el camino y dar
una mirada profunda a nuestro desempeño. En esta ocasión, para ver, juzgar y
actuar, sobre los resultados obtenidos,
durante estos siete meses que ya se fueron, para nunca más volver...
Dimos un segundo ver a la planificación
estratégica que concebimos el año pasado, y que hemos venido desarrollando y ejecutando, en el diario acontecer. Una planeación que en su momento, no fue
determinada, como un simple balance de
sumas y restas, de estira y encoje, para ver quién da más o quien da menos, según
la capacidad instalada de cada uno de los miembros de la fuerza de ventas, sino
como un presupuesto de ventas, a la altura
de nuestras expectativas. Y que hoy, nos permite adentrarnos en la
analítica anticipativa, para conocer los posibles escenarios a los que
estaremos expuestos, si seguimos en la
ruta que nos hemos trazado, con la debida antelación. Asimismo, monitorear el futuro
inmediato al fin de año, para hacer los
ajustes que sean pertinentes, y que nos
permita cerrar el año en curso, con una buena y notable excedencia. Y, de
paso, facilitar que todas aquellas personas que están sub utilizando su
capacidad instalada, procuren los logros personales que se programaron.
Después de consensuar y tener claro el
horizonte hacía donde queremos llegar; analizamos tres cosas: “¿Qué cambiar?
¿Hacia qué cambiar? Y ¿Cómo provocar el cambio?”. De hecho, revisamos nuestra
visión, misión y valores que hemos venido utilizando, como herramientas administrativas, que nos
sirven para corregir el rumbo.
Para darle respuesta a las tres
interrogantes hicimos un inventario de nuestras fortalezas y debilidades,
nuestras oportunidades y amenazas y percibimos que los cambios más serios, significativos y profundos, los que están en
nuestras manos poder cambiar son internos, todos tuvimos diferencias, pero tuvimos en común una sola cosa: La actitud. En consecuencia, determinamos que solo cambiando
nuestra vieja manera de pensar y hacer las cosas, podemos asegurar el porvenir.
Solo deponiendo nuestra actitud mental negativa, lograremos cambiar todas nuestras realidades
presentes y futuras…
Siempre he postulado que un cambio de
actitud trae como consecuencia un nuevo estilo de vida; y hoy, me da la razón el
profesor Víctor Kûppers, en su obra literaria
denominada, “El efecto actitud”. Ahí trata de la gestión del entusiasmo, en la
vida personal, como en la laboral y, pone de manifiesto que la única diferencia con
nuestros competidores está en las actitudes de las personas de nuestro equipo y
que “la ventaja competitiva de las empresas de servicios que triunfan son las
actitudes de sus personas”.
En ese libro, escribe sobre las competencias emocionales,
que todos podemos llevar a la práctica y que son: la automotivación, la pro
actividad y el entusiasmo.
Acerca de estas tres competencias subrayo con
negrita el entusiasmo, un sustantivo procedente del griego “En theós”, que etimológicamente significa “Dios en tu
interior”.
Según los griegos la persona entusiasta, recibía
un don y éste consistía en “poder interactuar con el entorno y transformarlo”.
¿Acaso
no es lo que hacemos asiduamente, cuando analizamos una situación y la
transformamos, para nuestro sumo bien? ¿No es lo que hacemos en estos precisos
momentos, analizar la situación actual de nuestra agencia, para transformarla y
alcanzar la situación deseada?...
Sin duda alguna todos debemos ser gestores
de actitudes y una actitud mental positiva, será la pauta para cumplir con nuestra visión
de futuro y con esa misión que en nuestro caso concreto es, ha sido y será, asegurar personas y sus bienes materiales, con emprendimiento.
Como dice el
profesor Kûppers, respecto de la
actitud: “Para mí, es sin duda la variable estratégica de una empresa de servicios,
por tres razones.
Uno: Porque es la actitud de las personas la
que genera la confianza del cliente;
Dos: Porque no cuesta tanto
dinero como crear una marca;
Y tres: Porque es la más difícil de copiar.”
¿Qué se puede inventar que no pueda copiar la
competencia? Solo la actitud de las personas y; eso, es lo que nos está dando una ventaja
competitiva, aquí y
ahora…
Como un apalancamiento hacia nuestra
actividad, el profesor Kûppers determina el valor profesional de una persona,
por la siguiente fórmula: Conocimientos + Habilidades x
actitud.
“La actitud es el factor que diferencia a dos
personas”. Esta fórmula viene a sumarse
a las otras que tenemos, dentro de nuestra caja interna de herramientas. Como
aquella viejita conocida, CASH, de LIMRA; que supone: conocimiento,
actitud, soltura, hábitos.
Solo así podremos salirle al paso al fracaso, vencerlo y asentar nuestra residencia, en el tan
anhelado éxito.
Pero como dice Kûppers, el conocimiento y las habilidades son
importantes pero nunca suficientes, solo la actitud es el factor diferencial.
A cinco meses de finalizar el año 2018, vale la pena recordar, que solo la actitud es el remedio infalible
para garantizar nuestra visión, misión,
valores, metas y objetivos con un alto
grado de exactitud y excedencia.
Santo Domingo de
Cobán, 6 de agosto de 2018
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