miércoles, 11 de junio de 2025

 

 


Los Pérez

Jlriveirof, OP

    Antes de que la pandemia hiciera su aparición en el mundo entero, una persona (no recuerdo quien) se abocó a un miembro de la Fraternidad Seglar de Santo Domingo, “San Vicente Ferrer”, de la que soy parte, para pedir apoyo en el estudio e interpretación de las Sagradas Escrituras.

Ellos, son un grupo de hermanos que, con sus respectivos cónyuges y otros amigos y conocidos, se reunían cada semana (no sé si aún lo hacen) para hacer su propio estudio y hacer sus propias interpretaciones bíblicas, sin tener los estudios pertinentes para poder hacerlo, más que la experiencia de fe y un estilo de vida acorde a la vida cristiana.

A Jorge Arnulfo Carlos Sánchez, miembro de la fraternidad mencionada, fue a quien le hablaron, y fue quien llevó la buena noticia a una de nuestras habituales reuniones, que cada quince días llevábamos a cabo en la casa de los frailes dominicos. 

Bautizamos al grupo en mención con el nombre de Los Pérez, de forma consensuada decidimos dar el apoyo solicitado, iniciando con esbozar un plan de estudios, según sus necesidades y objetivos a alcanzar.

     Fue largo el tiempo que estuvimos con ellos compartiendo, y en la medida que los fuimos tratando y conociendo, nos pudimos percatar que, ellos, tenían algunas similitudes con las comunidades eclesiales de base, surgidas en Brasil, LATAM y el Caribe, a finales de los años cincuenta, principios de los sesenta, al menos en lo que considero lo más importante: “Los Pérez”, “son un pequeño grupo de personas creyentes que, semana a semana se reunían para compartir su fe”…

     Su disposición en el estudio y aprendizaje fue notable, su solidaridad y prodigalidad, más aún.

Al final de cada sesión de estudios, no nos despedían sin antes degustar las ricas viandas que, con antelación, habían preparado para el efecto.

     A pesar que ellos no están constituidos como fraternidad o hermandad, saben bien practicar lo que eso significa: se valoran, se solidarizan y se estiman como hermanos y practican esos valores con su prójimo, saben perfectamente que, la palabra fraternidad viene de frater, cuyo significado es hermanos y que, su raíz  etimológica viene de germen, que nos da la idea de una procedencia común, que venimos del mismo vientre, idea que se ha hecho común con el paso de los siglos y que, se extiende más allá de una relación biológica.

     En atención a esos valores basados en la parábola del buen samaritano, los meros tatascanes del grupo de Los Pérez: Elber y Cathy, Fredy y Miriam, Friz y mi viejo amigo de antaño Marvin Leonel De La Cruz López, al intuir que el escribiente atravesaba quebrantos de salud, al verlo pelón durante una Eucaristía, no pasaron a su lado indiferentes como el levita, el sacerdote o los miembros de la fraternidad a la que pertenezco, sino que, vinieron sin paracaídas a casa para vernos.

Era una fría noche de finales de enero, principios de febrero, cuando nos vinieron a saludar y a orar por nosotros, reafirmando su amor cariño y amistad.

      Precisamente y en su honor, inicié a escribir estos párrafos a la hora de la Divina Misericordia y en el año de la esperanza, cuyo nombre le ha dado el Papa a este Año Jubilar 2025.

Como un signo de los tiempos, este es un año de reconciliación, de solidaridad, tiempo de encuentro con Jesús, reavivar la esperanza en todos y mejorar nuestras relaciones interpersonales entre todas las personas de buena voluntad. Que así sea…

     Gracias infinitas a Los Pérez porque siguen siendo una buena noticia…

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