Los Pérez
Jlriveirof, OP
Antes de que la pandemia hiciera su
aparición en el mundo entero, una persona (no recuerdo quien) se abocó a un
miembro de la Fraternidad Seglar de Santo Domingo, “San Vicente Ferrer”, de la
que soy parte, para pedir apoyo en el estudio e interpretación de las Sagradas
Escrituras.
Ellos, son un grupo de
hermanos que, con sus respectivos cónyuges y otros amigos y conocidos, se
reunían cada semana (no sé si aún lo hacen) para hacer su propio estudio y
hacer sus propias interpretaciones bíblicas, sin tener los estudios pertinentes
para poder hacerlo, más que la experiencia de fe y un estilo de vida acorde a
la vida cristiana.
A Jorge Arnulfo Carlos Sánchez,
miembro de la fraternidad mencionada, fue a quien le hablaron, y fue quien
llevó la buena noticia a una de nuestras habituales reuniones, que cada quince
días llevábamos a cabo en la casa de los frailes dominicos.
Bautizamos al grupo en mención
con el nombre de Los Pérez, de forma consensuada decidimos dar el apoyo
solicitado, iniciando con esbozar un plan de estudios, según sus necesidades y
objetivos a alcanzar.
Fue largo el tiempo que estuvimos con
ellos compartiendo, y en la medida que los fuimos tratando y conociendo, nos
pudimos percatar que, ellos, tenían algunas similitudes con las comunidades
eclesiales de base, surgidas en Brasil, LATAM y el Caribe, a finales de los
años cincuenta, principios de los sesenta, al menos en lo que considero lo más
importante: “Los Pérez”, “son un pequeño grupo de personas creyentes que,
semana a semana se reunían para compartir su fe”…
Su disposición en el estudio y aprendizaje
fue notable, su solidaridad y prodigalidad, más aún.
Al final de cada sesión de
estudios, no nos despedían sin antes degustar las ricas viandas que, con
antelación, habían preparado para el efecto.
A pesar que ellos no están constituidos
como fraternidad o hermandad, saben bien practicar lo que eso significa: se
valoran, se solidarizan y se estiman como hermanos y practican esos valores con
su prójimo, saben perfectamente que, la palabra fraternidad viene de frater,
cuyo significado es hermanos y que, su raíz
etimológica viene de germen, que nos da la idea de una procedencia
común, que venimos del mismo vientre, idea que se ha hecho común con el paso de
los siglos y que, se extiende más allá de una relación biológica.
En atención a esos valores basados en la
parábola del buen samaritano, los meros tatascanes del grupo de Los Pérez:
Elber y Cathy, Fredy y Miriam, Friz y mi viejo amigo de antaño Marvin Leonel De
La Cruz López, al intuir que el escribiente atravesaba quebrantos de salud, al
verlo pelón durante una Eucaristía, no pasaron a su lado indiferentes como el
levita, el sacerdote o los miembros de la fraternidad a la que pertenezco, sino
que, vinieron sin paracaídas a casa para vernos.
Era una fría noche de finales
de enero, principios de febrero, cuando nos vinieron a saludar y a orar por
nosotros, reafirmando su amor cariño y amistad.
Precisamente y en su honor, inicié a
escribir estos párrafos a la hora de la Divina Misericordia y en el año de la
esperanza, cuyo nombre le ha dado el Papa a este Año Jubilar 2025.
Como un signo de los tiempos,
este es un año de reconciliación, de solidaridad, tiempo de encuentro con
Jesús, reavivar la esperanza en todos y mejorar nuestras relaciones
interpersonales entre todas las personas de buena voluntad. Que así sea…
Gracias infinitas a Los Pérez porque
siguen siendo una buena noticia…
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