¿De qué tamaño es tu cruz?
Jlriveirof, OP
“Los hombres son a menudo carpinteros
de sus propias cruces”
San Felipe Neri
Mientras los periódicos, la radio, la prensa, la televisión, tuits por
internet etcétera, presagian el desmoronamiento de un mundo en vilo, por causa de guerras comerciales, sociales,
políticas, religiosas y bélicas, me viene a la mente la frase que utilizo como
preámbulo introductor en este post, acuñado por San Felipe Neri, de quien, la
Iglesia conmemora cada 26 de mayo, su paso por esta vida, de aquel hombre que salvaguardó en su tiempo a los jóvenes de los
artilugios del maligno.
Dejando por un lado al chamuco
en este tiempo posmoderno, a quien de todas nuestras malas decisiones,
imposturas, yerros y desaciertos le echamos la culpa, válgame recordar la frase
lapidaria de Stephen King:
“El mal tiene muchas caras,
incluso podría tener la tuya”, y hoy, vemos ese mal, por
ejemplo, en la cara de los sionistas que, crucifican desde antiguo al pueblo palestino,
a quien vienen masacrando de forma sistemática.
Vemos el mal también en la cara del
neonazi imperialista con pelo de elote que, despotrica contra los migrantes,
causándoles “pánico moral”, al tratarlos como “heraldos de malas
noticias”, (Bertolt Brecht) y que, con su retorcida lógica, invita a sus
connacionales a practicar la aporofobia, xenofobia, racismo, clasismo y toda
palabra terminada en fobia y en ismos, a construir cruces y crucificar en ellas
a quienes buscan su sueño dorado en esas tierras que, “destilan leche y miel”,
aunque lo que encuentren a su paso y a su llegada, sea hiel y merda, como diría
don Fiora (+) en su restaurante de carnes importadas en mi ciudad natal.
Ante estos signos visibles, “el fin del
mundo se acerca”, predican los profetas de calamidades y los fundamentalistas
que, con su retórica poco cultivada, asustan a los incautos con “el petate del
muerto”.
El mal tiene también su cara en aparatos
de justicia guatemaltecos que, construyen cruces para clavar a sus adversarios
políticos contrarios a sus aviesos fines, entre ellos vemos como periodistas,
defensores de derechos humanos, pueblos indígenas, entre tantos otros sectores
de la población son criminalizados y satanizamos, así como también de
ciudadanos que quieren construir nación y restaurar la incipiente democracia.
Recordemos que, el hombre según su
naturaleza humana, es un constructor, desde antiguo lo viene siendo.
La historia evidencia a muchos
que, construyeron un imperio, una ciudad, una orden religiosa, una empresa, una
casa de habitación, o un antro, otros de igual modo acrecientan la fe, la
esperanza y el amor, que los pone en camino hacia la búsqueda de una
espiritualidad concreta y esta a su vez, coadyuba en la erección de un edificio
espiritual.
También vemos a otros que, en virtud de
sus estilos de vida, sus circunstancias, sus costumbres, sus vicios y sus
innobles sentimientos, a imitación de los asirios, construyen cruces, y como
los romanos las perfeccionan, haciendo de ellas artefactos letales para clavar
su propia existencia.
Como en aquellos tiempos, las cruces
tienen distintas medidas y distintos pesos. Como buenos carpinteros cada quien
la construye a su medida, para echarla después y por su propia voluntad sobre
sus hombros.
Hay de todos los tamaños,
chicas, medianas, grandes y extra grandes. Mientras más grande la terquedad,
más grande su cruz.
Lo más tenebroso es que, muchos no se percatan
que, en la construcción de esa cruz, no solo el carpintero será crucificado en
ella, la misma tiene un efecto cósmico, expansivo y extensivo hacia los
inocentes.
Aquellos que no tienen culpa
alguna: hijos, una esposa maltratada física, verbal, espiritual y económicamente
hablando, negocios quebrados a causa del vicio que aqueja al fabricante de la
cruz, o un pecado galopante, venial, grave o mortal.
A consecuencia que muchos no saben
calcular el peso de su cruz, caen una, dos, tres veces y aún más, se levantan
cuando pueden y, en su exacerbada ignorancia siguen apegados a aquellas cosas
que lo clavan a su cruz, eso los aliena y esclaviza.
Cuando muchos ya no aguantan
con el peso, y tampoco se pueden desprender de ella, vienen y se meten un tiro,
se tiran de un puente o se ponen una cuerda al cuello, terminando de la manera
más pusilánime con su execrable existencia.
Otros,
con la luz que arroja la sociología del conocimiento, cambian de
panorama cambiando su perspectiva, mediante un cambio de mentalidad,
cambian de chip, mediante un buen feedforward, coaching, mentoríng, o la
oración constante de hijos, padres y cónyuges, una vela encendida, un consejo
espiritual de alguien que tenga ese don, se transforma en la luz que ilumina un nuevo día, un nuevo caminar,
un nuevo amanecer, y al final del túnel, encuentra la luz incandescente de
Aquel que nos da fuerzas, que nos busca como a la oveja perdida, y que cuando
nos encuentra nos abraza, nos acoge en su redil y nos devuelve a la vida, para
resarcir los daños que nos hemos causado a nosotros mismos y a los demás, con
gloria y en paz.
Que San Felipe Neri siga siendo un ejemplo
para todos nosotros, sobre todo en estos tiempos societales que nos agobian
para que, las luces de nuestros futuros posibles iluminen nuestro caminar en
este valle de sombras y de muerte que es nuestra finca bananera, especialmente,
y el resto de la “aldea global” (Marshall McLuhan).