miércoles, 29 de abril de 2015

“SEMPER FIDELIS”



Entre los diversos diálogos sostenidos por los personajes de la tragedia de William Shakespeare, Hamlet; ocupa mi razón  algunos principios elementales que Polonio recomienda a su hijo Laertes, con ocasión de una despedida que  en tono severo hace el primero  por no darse prisa en ponerse en movimiento y aprovechar la marea él segundo. Junto a su bendición externa   los siguientes consejos:
01.- No le prestes  lengua al pensamiento, ni lo pongas por obra  si  es impropio;
02.-  Sé sociable pero no con todos;
03.- Al amigo que te pruebe su amistad sujétalo al alma con aros de acero, pero no embotes tu mano  agasajando al primer conocido que te llegue;
04.- Guárdate de  riñas,  pero si peleas, haz que tu adversario se guarde de ti;
05.-A todos presta  oídos; tu voz a pocos;
06.- Escucha el juicio de todos y guárdate el tuyo;
07.- Viste  cuan fino permita tu bolsa, más no estrafalario; elegante no chillón, pues  el traje suele revelar al hombre;
08.- Ni tomes ni des prestado, pues dando se suele perder préstamo y amigo,  y tomando se vicia la buena economía.
09.-  Y sobre todo continúa Polonio: “se fiel a ti mismo, pues de ello se sigue, como el día a la noche, que no podrás ser falso con nadie”.
“Se fiel a ti mismo” sin duda alguna un principio universal  que ya muy pocas personas llevan a la práctica y que denota a aquella persona que guarda fidelidad y  cumple sus promesas con exactitud y es veraz  en el estricto y vasto sentido de la palabra, en todos los ámbitos de la vida misma: Espiritual, sentimental,  laboral, familiar, social, eclesial, cultural, emocional, personal, moral, ética,  profesional y financieramente hablando;  entre un largo etcétera en virtud que la lista en mención, puede seguirse ampliando según se considere pertinente.
¿Cuántos problemas podrían evitarse siendo fiel consigo mismo? Porque la persona que no es fiel consigo mismo difícilmente podrá ser fiel a los demás.
El “Se fiel a ti mismo” sintetiza y actualiza los demás postulados, viejos principios fundamentales que debieran ser de observancia general.  La persona que es fiel a sí misma no pone en práctica lo que es impropio;  sabe con quién ser sociable y se aparta de las personas de dudosa honorabilidad;  encuentra en el verdadero amigo un tesoro y lo cuida como tal;  evita las riñas verbales y corporales; como diría Emerson  “jamás discute con un imbécil porque sabe que este lo hará descender a su nivel y allí le ganará por experiencia”; el mejor conversador es el que  escucha mucho y habla poco y “todo lo guarda en su corazón”,   “su si es sí y su no es no”; sabe que lo demás procede del maligno; “viste cuan fino permite su bolsa”, sin caer en el consumismo es austero y sobrio en el vestir,  pero lo hace con  dignidad y recato, porque en este mundo post moderno “como te ven te tratan”; no toma lo que no es suyo y no pone en peligro su economía para no acarrearse a sí mismo y a los demás grandes males; como diría Montesquieu “una injusticia contra una sola  persona constituye una amenaza hacía las demás”; dilapidar la propia economía y tomar lo que no es propio amenaza no solo al que tal hace sino a todo el núcleo familiar y el entorno laboral y social;  poniendo en peligro la salud y la seguridad, la paz y la tranquilidad de todos los que resultaren afectados.
La fidelidad es un valor que debe cultivarse, cuidarse y practicarse más a menudo y no debe ser tan solo un adorno  en  nuestra visión, misión y valores;  ricamente enmarcado y colgado en el lobby de la empresa, el colegio o la universidad; al estilo de aquella institución policíaca en los tiempos del terror  en Guatemala, por suerte muerta ya,  que tenía como  slogan: “Semper fidelis”; y como sus miembros no sabían  latín, apenas español;  nunca fueron fieles a ellos  mismos, mucho menos  a los demás.
Como diría Laertes a Polonio en esa escena   “Humildemente de vos me despido”.-

martes, 28 de abril de 2015

“EL PUNTO DE NO RETORNO, GUATEMALA-BAHAMAS”



En fechas recientes viajé de Guatemala hacía Nassau, Bahamas con conexión en la  Ciudad de Panamá; acompañando a un grupo de hombres y mujeres de negocios de Seguros GyT, de quien soy parte. Después de abordar el avión ya en pleno vuelo me puse a elucubrar entre otras cosas, sobre el “punto de no retorno”;  que en términos de aviación, geográficamente es aquel punto que una vez pasado,  el regreso al aeropuerto de origen no es recomendable en absoluto,  por la posible falta de combustible y otras derivaciones como lo es el viento de cola que en su momento ayudo a la aeronave a elevarse y   ante un eventual retorno actúa en contra.
Utilizando el mismo concepto en el giro de nuestro negocio; hemos iniciado “vuelo” hace ya cuatro meses y el viento de cola del 2014 fue lo suficientemente fuerte para ayudar en la elevación.  Pero;  llegando a la mitad del segundo trimestre de este “vuelo 2015” a primera vista, parece que algunos tripulantes perdieron el entusiasmo de ese “empujón” del viento de cola, y hoy amenazan con hacer regresar a la “nave” a su punto de salida: Amenazan  aquellos que no pueden mantener una producción constante, sostenible y sustentable, la amenazan  aquellos que han perdido el brío y que se encierran adrede en sus viejos paradigmas, la amenazan aquellos que no emprenden, que no trabajan y que no actúan de inmediato.
 En tal virtud y apropiándonos del concepto  aerodinámico podría decirse que ya hemos rebasado ese punto;  “bajarse” ahora o pretender regresar  puede traernos  serios problemas que podrían  ser incorregibles después. En esa dirección,  no es negociable regresar a nuestro comienzo. Estamos sobre la marcha y a muchos nudos de distancia del lugar de donde partimos a comienzo del año, un año que a ritmo vertiginoso se come los días y los meses; y que “sin prisa pero sin pausa” nos acerca a nuestro destino final programado para el mes de diciembre.
Haciendo una sucinta concatenación de pensamientos que giran en torno a la aviación,  quiero compartirles un incidente que sonó en los medios noticiosos hace ya algunos años, en esa ocasión se dijo que por un alto personaje de la política guatemalteca;  por hacer uso desmedido del servicio de bar en las alturas  y ya en  estado de ebriedad, escandalizar y enamorar a las azafatas;  el capitán tomó la difícil decisión de hacer un aterrizaje no previsto en algún lugar de Sudamérica,  para bajarlo del avión. Junto al malhechor se dejó también el problema.  Valga el relato para hacer notar que podemos “bajar del avión” y  abandonar a aquel que deje de practicar los principios de solidaridad y corresponsabilidad hacía el capitán y demás tripulantes; nuestro destino es común, corremos la misma suerte y se necesita de la contribución de todos para llegar incólumes  a “la otra orilla”.
Todos estamos consientes que hay muchos problemas que tenemos que subsanar y que son semejantes al viento en contra, a las turbulencias y la despresurización de la cabina; hay muchos otros que se originan a lo interno del hangar que nos da cobijo; pero del capitán depende que cuando la luz roja se encienda y advierta del problema,   investigue en donde está el fallo o la falta de apoyo para enmendarlo; aunque a veces esos apoyos ofrecidos  sean abstractos, será necesario hacer descender la nave hasta niveles en donde la atmosfera (clima organizacional) sea más respirable para que una vez solventados los mismos, podamos volver a levantarnos, alcanzar la altura  y mantener el rumbo previamente establecido. A veces es preciso bajar para volver a subir con más ímpetu que al principio. Estoy seguro que ese es nuestro argumento.
En todos los casos es imperativo mantener sanas relaciones interpersonales con los contralores aéreos (suscriptores, gerentes,  asistentes, secretarias, etc.) porque el vuelo no se alza solo, ningún logro es individual, sino colectivo; necesitamos de ellos y ellos de nosotros para mantener el rumbo. Robert Theobald fue más sugerente al creer que pasar de una cultura adversarial a una cultura del dialogo es el requisito fundamental para salir de la co-estupidez y pasar a la co-inteligencia.
Ojalá  todos pensaran igual y actuaran  en consecuencia para mantener la unidad y no caer en la desesperación en la que cayó Andreas Lubitz, Co-piloto de aviación  que en   marzo recién pasado, estrelló un avión de la aerolínea Germanwings con 150 personas en vuelo. “Pilotar” nuestro negocio y no mantenerlo en las alturas por las causas que sean, es caer en el síndrome de este aviador;  tarde o temprano; quizá más temprano que tarde,  estrellaremos nuestro vuelo, sacrificando a aquellas personas que dependen de nosotros y  esperan cumplamos nuestros objetivos con alto grado de precisión.
 Y;  por último,  los instrumentos son para  el avión lo que la visión, misión, valores, coaching y feedback son para el hombre o mujer de negocios de seguros; imprescindibles para mantener y corregir el rumbo cuando las amenazas se hagan presentes en nuestras vidas, ya sean estas “programadas” o accidentales.-