domingo, 19 de agosto de 2018

La cara sucia de la justicia social



Jlriveirof


     En el  antiquísimo libro del Levítico,  podemos contemplar algunas normas éticas  dadas a Moisés, presuntamente por el mismo Dios, algunos siglos antes de Cristo. Son criterios de conducta bastante simples, y que a pesar de su antigüedad, muchos  siguen vigentes hasta nuestros días.
Sin embargo, por la crisis de nuestra civilización, a todas luces evidentes en nuestros pueblos, podría sospecharse que las mismas ya han caducado desde hace mucho tiempo, que no se desean rehabilitar y, que  ya no son de observancia general.
 Es por eso que de forma integral, hemos relativizado la gracia, y vamos  dando tumbos por la vida, sin saber cómo salir de las embestidas que la misma nos da; y todo, por la  inobservancia de unos criterios éticos tan  simples.
 Esa desconexión se deriva de que muchos de nuestros juicios ya no son racionales y carecen de fe. A pesar  que somos los únicos seres de la creación, que podemos practicar  la  fe y la razón;  y que cuando están bien conectadas, vienen a ser “como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad”. –Fides et Ratio, Juan Pablo II-  
Da la impresión, que las personas que vivimos en el tercer milenio,  ya no sabemos lo que queremos; y por eso,  peregrinamos vertiginosamente hacia  la  nadedad…
     En aquel tiempo se les dijo a los antiguos que respetaran a sus padres y que no hurtaran, no mintieran, y no se engañaran unos a otros. Lo cual me recuerda aquella manita criminal,  del extinto partido Frente Republicano Guatemalteco, -FRG- cuyo eslogan decía: “no robo, no miento, y no engaño”. Algo que por supuesto nunca, nunca, nunca ocurrió, ni siquiera estando sus partidarios dormidos.
     También se les pidió que no se oprimiera, ni se explotara, ni se difamara al prójimo, como tampoco se jineteara el salario del trabajador, pagándole mucho tiempo después del fin del mes o de la  quincena, según sea el caso. Una práctica injusta que  la ejecutan sin ningún miramiento, muchos falsos empresarios, que ingeniosamente adoptan  políticas económicas neoliberales, con el propósito de hacer más eficientes sus costos de operación,  en perjuicio de los pobres y explotados trabajadores.
     Amén de muchas empresas agrícolas y ganaderas, que desde tiempos remotos vienen sangrando y desangrando al mozo, peón, campesino o el cholero como muchos suelen  llamar, a la persona que labora bajo las severidades del campo.
 Cuánta razón tiene un amigo que asegura que detrás de cada taza con café, hay siglos de explotación y barbarie. Podría decirse entonces que,  cada jarra con  café humeante,  exuda sangre, sudor y lágrimas…
     Quizás muchos de estos pseudo empresarios o son  ignorantes, o  pecan de mala fe, porque  “el neo liberalismo es un modelo estéril y una guerra contra los pobres”, según el concepto economicista o reduccionista y, al final de la dura jornada, un “mea máxima culpa”, externado en un domingo cualquiera, para mantener la conciencia tranquila y  a la semana siguiente,  borrón y cuenta nueva, para seguir expoliando a los necesitados…
     ¿A cuántos trabajadores no se les paga su salario a tiempo? Y en el peor de los casos, ¿Cuántos no cuentan con prestaciones laborales? Y son reclutados e integrados a las empresas,  por contrato, para ahorrarse el pago de bonos, aguinaldos y prestaciones por tiempo de servicio. Una modalidad que “llora sangre y clama al cielo”,  empleada tanto en el sector público como en el privado.
 Una forma lícita pero inmoral, de parte de muchos patronos que  defraudan, y explotan a sus trabajadores, expropiando los beneficios que por derecho les corresponde, y cuando alguno es citado a los tribunales de trabajo, por algún empleado que ha sido despedido injustamente, contratan los servicios de un buen abogánster,  es decir, aquel que estudio derecho pero  que trabaja torcido y “declara en falso contra la vida de su prójimo”.
     ¡Ah! cuánta razón tuvo Honoré de Balzac cuando dijo que, detrás de cada gran fortuna hay un gran delito.
      Sin llevar  tan lejos el pensamiento, la cara sucia de la injusticia social, la vemos por todos lados, pero nadie habla de ella, es vista siempre con indiferencia, y es llevada a la práctica, inclusive por aquellos que se rasgan las vestiduras casi por cualquier cosa, los domingos van a misa o al culto, en donde en fingimiento  reverencial se somatan con rigor el pecho, durante el acto penitencial, unos. Y los otros, bailan al son de las trompetas y las panderetas, ondeando al cielo las pañoletas,  imitando al rey David; pero,   el resto de la semana viven como paganos, los muy cristianos…
     Empecemos en nuestros hogares  y en las fincas de la región.
     ¿Cuantos  patronos abusan del personal doméstico que tienen a su servicio?  De la señora de la casa, hacia la afanadora de la casa: Una mujer que es levantada antes de que el gallo cante en la madrugada, y es acostada al filo de las diez de la noche todos los días, excluyendo tal vez algún domingo, trabajando entre 14 a 16 horas diarias, por un miserable salario, que no llega ni siquiera al mínimo establecido por el Ministerio de Trabajo y Previsión Social.
 Y,  como si lo anterior fuera poco, es  albergada en lugares infra humanos, en algún cuartucho en la misma casa, pero separada de ella, con acceso por la puerta trasera, un lúgubre espacio en donde muchas veces es violada y pisoteada en todos sus derechos,  no solo por la ama de casa, sino también por los “patojos” de la casa, que en sus ensayos varoniles, intentan demostrar que ya son “ombres”.  Y en el peor de los casos, por el “patrón” de la casa, cuando borracho llega, y con olímpica patada, pone de bruces a la desdichada, la espolea con las botas puntiagudas y con la almohada o el corte sobre la cara, le tapa la boca para ahogar los gritos y el llanto, y es violada una y otra vez, hasta saciar sus instintos bestiales, con ventaja y alevosía, so pena de volverla a patear y echar de su casa,  en caso intentara denunciarlo.
 En su mirada lujuriosa puede verse el infierno, y  de su boca tenebrosa, apestosa a alcohol y quien sabe a que más yerbas, salen sapos y culebras cuando intenta callarla, diciéndole el condenado, ¡callate india hija de &%/$#?&*%#@! …
     Cuánta razón tuvo Francisco de Quevedo al denunciar que “poderoso caballero es don dinero”, compra el silencio y la voluntad de muchos policías, abogados y juzgadores…
Como un cuento de nunca acabar, muchas afanadoras, comen las miserias que sobran de la mesa, la comida vieja que ya lleva muchos días en el refrigerador y siempre lo hace de último, en algún apartado de la cocina o en su cuchitril,  después que los amos y señores se han deleitado y levantado de la mesa, no sin antes santiguarse y darle gracias a Dios,  por los sagrados alimentos que acaban de digerir.
     ¡Hipócritas, creen que por hacerse los cristianos, son cristianos y que así aplacaran la ira venidera! …
     En aquel tiempo Dios le pidió a Moisés que dijera a los hijos de Israel que fueran santos como Él era Santo y que no robaran, engañaran, defraudaran y explotaran al prójimo ni lo expropiaran. Mandó decir que nadie maldijera. A los jueces, que no dieran sentencias injustas, y  a juzgar con justicia, como sin duda es raro que ocurra en este tiempo. También dijo que no tomaran venganza por cuenta propia. Ni guardar rencor.  Y,  amar al prójimo como a sí mismo.
     Hoy, en este tiempo pos moderno, haciendo una elucidación del texto antiguo, nos pide lo mismo; y una vez entendido y practicado, nos debe llevar al esclarecimiento de la verdad, en  caso contrario  “no habrá paz en la tierra, mientras perduren las opresiones de los pueblos, las injusticias y los desequilibrios económicos que todavía existen”. -Juan Pablo II-