En el versículo quince de su primer capítulo, el evangelista San Marcos nos narra como Jesús comenzó su ministerio, haciendo un llamado a un cambio de mentalidad, diciendo: “Conviértanse y crean en la Buena Nueva”.
Al analizar la frase en cuestión, se puede
colegir que, Jesús sugiere un arrepentimiento de los estilos particulares de
vida, llama a la corrección y a la conversión. Por ejemplo: si formamos una
simbiosis en los términos mencionados: corrección y conversión, nos permite
hacer cambios significativos y darle una nueva dirección a nuestro ser y hacer
mediante un cambio del pensamiento.
El Nuevo Testamento alude los diferentes
aspectos de ese pensamiento sistémico: epistrépho, metamélomai y metanoéō.
Epistrépho y metanoéō significan convertirse y, sugieren la conversión del ser
humano, en tanto que metanélomai nos invita a ver, juzgar y actuar sobre el pecado en su
vasta y estricta concepción, así como también sobre el yerro, el desacierto, la
culpa o el desliz de forma retrospectiva y todo lo que trae consigo,
orientándonos al arrepentimiento y a la enmienda.
Esos términos citados en el párrafo anterior, fueron utilizados a partir de Homero como verbos de movimiento, invitándonos a la acción. Los tres son sinónimos de volver, cambiar, dar la vuelta. Desde un punto de vista genérico, esa transformación permite suponer un cambio en la manera de pensar, comportarse, y volverse a Dios.
En
otros contextos de nuestra vida, nos permite analizarlo con la luz que arrojan
la axiología y deontología, como ciencias que son y que estudian los valores y
los deberes respectivamente y; para el efecto, se debe explicitar que, solo si subimos
a la esfera ética y moral todos nuestros actos en virtud de un cambio de chip,
de pensamiento, sentimiento, enfoque, disciplina, hábitos, compromiso, etcétera,
podremos ser y hacer grandes cosas.
La acción de enfocar nos
invita a valorar las cosas y, nos permite preguntarnos ¿Qué me alumbra? ¿Qué me
alinea? ¿A dónde quiero ir? ¿Puedo ser un agente de cambio, de alto desempeño?
En virtud del enfoque de una
filosofía de mejora continua (kaizen), y de la mayéutica, podemos hacernos
preguntas vitales y existenciales, mismas que sorprendentemente nos pueden llevar
a la excelencia y excedencia en todo lo que nos propongamos.
El escribiente puede atestiguar que, en
virtud de un cambio de mentalidad, de visión, valores, objetivos, estrategias
prospectivas, disciplinas de ejecución y hábitos, en los últimos nueve años, la
organización inteligente que dirige en Cobán y Salamá, se ha metamorfoseado en un
equipo de alto rendimiento.
Acaparando esa consideración del párrafo
antecedente, en todos esos años como equipo, hemos transitado de una cultura
adversarial a una de diálogo, hemos creado y aceptado estrategias y hemos mejorando
nuestras habilidades de ejecución, logrando conjuntamente un nivel de
excelencia y excedencia, una dupla que los tiempos actuales apremian.
No es ningún secreto que lo que nos sacó
de la meseta, del estancamiento, de la mediocridad, de un trabajo chapucero y
mal hecho, estriba precisamente en esa frase de Jesús: conviértanse y crean en
la buena noticia.
La buena noticia siempre ha
sido, es y será Él; por antonomasia. Pero también nosotros por las buenas
noticias que llevamos a través de nuestro trabajo tesonero, constante, digno y
probo. Nuestras competencias conversacionales y transaccionales, están signadas
de buenas noticias y, nos permiten ser buena noticia ante nuestros clientes
internos y externos.
Todos podemos y debemos ser
una buena noticia. Se es buena noticia “si y solo si” nos convertimos en un
mejor ser humano en virtud de un desplazamiento mental o cambio de enfoque
(metanoia), transitando de una perspectiva a la otra...
“Ser o no ser, esa es la cuestión”
diría Shakespeare. Hacer o no hacer, ese es el punto dice el amanuense,
haciendo, claro está, una paráfrasis del soliloquio de Hamlet.
Jlriveirof, OP