domingo, 23 de junio de 2019

"Ahora más que nunca, entre Escila y Caribdis" ...



Jlriveirof

     Cuánta razón le asiste a Leo Strauss al sostener que la filosofía política está en crisis y que los efectos devastadores de ésta sobre la civilización occidental, deja su huella porque el ser humano moderno “ya no sabe lo que desea, ya no puede distinguir con certidumbre mejor de peor, ya no cree que pueda conocer cuál es el orden social justo, el bueno o el mejor”.
En virtud de ese pensamiento, a la inmensa mayoría de guatemaltecos nos importa un bledo estudiar de forma reflexiva sobre los temas políticos que últimamente han recobrado notoriedad, así como la búsqueda del bien común a través del sufragio para escoger concienzudamente a las autoridades, la forma en que los políticos  llevan las riendas de la nación, y el modo en que los ciudadanos lo permitimos.
Precisamente por ello, el buen gobierno sugerido por Confucio, ya no se practica desde la caridad, y en consecuencia, la preferencia por la justicia y el respeto a nuestras autoridades es casi nulo. Como un ejemplo insigne tenemos las ofensas que todos los días reciben los políticos de turno, por el hilo tan fino que los separa del cuatrerismo.

     El pensamiento de Platón también recobra relevancia por cuanto que, éste creía que el precio de desentenderse de la política es ser gobernado por los peores hombres. Una sentencia irrefutable que nos cae como balde de agua helada cuando nos venimos a dar cuenta que esa ha sido nuestra cruda realidad, por los siglos de los siglos.  En los tiempos modernos, desde el momento en que dejamos de ser tiranizados por  la bota y el fusil, hasta la recuperación de la democracia en 1986. Tiempo durante el cual,  un aprendiz de dictador intentó dar un tiro de gracia a la insipiente democracia, una intentona que  se conoce como “el serranazo”. Hasta nuestros días, donde otro lacayo de los gendarmes de las oligarquías, se toma muy en serio su papel de comandante general de las fuerzas de tierra, aire y mar. Desde entonces, vinimos  peregrinando de Guatemala a guatepeor…
Bajo esa tesitura, no podemos inadvertir el pensamiento de Aristóteles,  conjeturando que nos hemos desnaturalizado, ya que como animales políticos  no buscamos la felicidad en las virtudes y la moral. Y precisamente por eso hemos traspasado las fronteras del maquiavelismo más allá del propio Maquiavelo. Quizás por ello, la diputada que asfaltó  con cemento hidráulico la carretera que conduce hacia la población inexistente de “El Paxtal”, dijo que se debía separar  la filosofía moral de la política, porque eran como el agua y el aceite que no se pueden mezclar.

     Ciertamente dudo mucho que la diputada en cuestión conozca el pensamiento de Nicolás Maquiavelo; aunque casualmente coincida con él, ya que es a él,  al que se le atribuye esa desvinculación entre la ética y la política. Lo cual apunta a la separación de esos hermanos siameses.
De ello resulta necesario admitir que el arte de hacer política se parece mucho a las practicas amatorias dentro de los burdeles, en donde todo, absolutamente todo tiene un precio, en perjuicio de la propia dignidad. Y en donde la danza y la transa van siempre unidos en paradójico maridaje, y siempre al compás de unas copas de más…

     Dicho en forma breve, las elecciones generales  que tuvieron lugar en fechas recientes a lo largo y ancho de la patria, permiten deducir, por una parte que nuestra incipiente democracia navega en el estrecho ese, definido por la Escila del militarismo y la Caribdis del populismo…, la Escila del militarismo bien representada por uno de los candidatos a la Presidencia de la República y la Caribdis del populismo por  la otra.
A su vez, cabe  preguntarnos: ¿Cómo llevaremos a puerto seguro a esa democracia? Si en las dos orillas, existe un peligro, a todas luces infranqueable…

     En ese contexto, se nos permite amalgamar la fábula con la ciencia, y por lo tanto de las  maravillosas páginas de la Odisea, que   impregnadas  de un  rico  folclor helénico, Homero, relata la historia de Odiseo; y en una de sus odiseas,  la bella Circe  le aconseja que cuando se haga a la mar, no escuche el canto de las sirenas que encanta a cuanto hombre les pone atención. –¿Cuantos no se están dejando embelesar por el canto de las sirenas que pasan a segunda vuelta en estos precisos momentos?-
 En adición a esa recomendación, también lo apercibe  para que tenga mucho cuidado  a su paso por un escollo, cuyo estrecho está custodiado en una orilla por Escila y la otra por Caribdis. La primer criatura  es descrita por Circe como “una plaga imperecedera, grave, terrible, cruel e ineluctable” de quien no es posible defenderse y huir de su lado es lo más sensato y recomendable.  Es un monstruo perverso, aullante,  inhumano y deforme,  con doce pies y seis largos cuellos, conteniendo cada uno una cabeza horripilante, en cuyas bocas hay tres hileras de filosos, apretados y abundantes dientes; dispuestos a devorar a quien se le ponga enfrente. Habita en una cueva –próximamente Casa Presidencial-  sumergida hasta la mitad del cuerpo, desde donde saca sus tenebrosas cabezas buscando a quien devorar.

     Entretanto, Caribdis es descrita como una especie de remolino que sorbe las aguas y tres veces al día las echa fuera y otras tantas las vuelve a sorber. –Próximamente el erario público-  De tal manera que, cualquiera que pase cerca de Escila corre peligro de muerte y quien intenta evitarla, irremediablemente tiene que pasar cerca de Caribdis, corriendo la misma negra suerte, con olor a sangre, lágrimas y muerte.

     “Y aprovechando la confusión que reina en la sociedad, -nos dice José Saramago- ahora más que nunca, entre la espada y la pared, entre Escila y Caribdis, entre martillazos y tenazas”. En las elecciones anteriores hemos permitido que dos terribles males atenacen la democracia. Dos terribles males amenazan con socavar el estado de derecho a partir del “catorce de enero a las catorce horas”. Ambos están situados en las dos orillas, en donde ineluctablemente debe pasar la endeble embarcación que transporta la democracia. Ambos están situados en  el estrecho ese definido por una minoría en la primera vuelta. Y en la segunda, por evitar a Escila pasarán cerca de Caribdis y viceversa.

   Entonces, esa democracia, será asechada, encallada y embuchada sin piedad…, y los guatemaltecos, consecuentemente con ella.

     “Alea jacta est”


Referencias bibliográficas:
Oscar Mauricio Donato/ Luciano Noceto. Leo Strauss: de Nietzsche a Platón. Entre Escila y Caribdis. Bogotá, Universidad Libre, 2014,
Homero, La Odisea, Editores mexicanos unidos, S.A. 9ª edición, junio de 1,985