Por jlriveirof
El filósofo, sociólogo y escritor francés Guilles Lipovestsky en su obra cumbre “La era del vacío” afirma
que durante el año 1960, se dio un
acontecimiento sumamente importante: la translación de la era moderna a la posmoderna y, que en consecuencia trajo consigo lo que
Frederick Nietzsche vislumbró en su tiempo y que llamó “la
desvalorización de los valores”, con el surgimiento de un “superhombre” que en esta nueva era se cree rey y actúa como tal. Presuntuoso, altanero
y vacío, hasta caer en la tentación de pretender
maniobrar su existencia a la carta para vivir la vida loca, una vida “light”, carente de contenido real. Un rey con tendencia a absolutizar lo
relativo y relativizar lo absoluto. Su majestad entonces, ese superhombre, en
esta nueva era, ha depauperado los valores ancestrales libados en casa, así
como también ha invertido actitudes positivas por negativas, como “la apatía, la indiferencia, deserción, el principio de seducción
sustituyendo al principio de convicción y generalización de la actitud
humorística”, -un referente es nuestro infausto Presidente de Guatemala y
su vocero narcisista. El consumismo, un hiperindividualismo psicologista, hedonismo,
pérdida de la razón histórica –José
Ortega y Gasset- y el principio de racionalidad -en el pensamiento de Karl
Popper- la moda, lo efímero, la asedia
espiritual, el sectarismo y el indiferentismo religioso, son las
particularidades del ser humano, entre
una muy larga, cola larga…
Pues bien, tomando
como referente los estudios realizados por Guilles Lipovestsky me permito concatenar
el resurgimiento de acciones energúmenas, tales como los sucesos acaecidos
recientemente en el mal denominado “Hogar Seguro Virgen de la Asunción” y la
tragedia cometida por un sujeto bautizado con dos nombres bíblicos en el seno
de un “hogar cristiano” y que ante el desmadre cometido “no honró a su padre y
a su madre”, contraviniendo el único mandamiento de la Biblia que trae consigo
una promesa. Desvirtuando también el mandamiento del amor al no buscar “el sumo
bien” para su prójimo como a sí mismo.
Resulta más grave todavía cuando el padre del victimario debiera ser considerado
por tal hijo, como un referente moral, al dedicarse a la hipotética salvación
de las almas en el seno de una iglesia protestante.
Ambas tragedias,
demuestran de manera concluyente que, muchos de aquellos que nos autodenominamos
cristianos, adoramos a otro dios que sin duda alguna, no es la fuente del amor
explicitado en la 1ª carta de Juan (4,8), sobre todo al reflexionar en torno a los
diversos comentarios en las redes sociales de individuos que estaban a favor de
lo sucedido en ambos contextos, que reflejan por supuesto a entes no pensantes
de nuestra población guatemalteca.
Asimismo, hemos de
lamentar que al territorio de Guatemala
lo convertimos en un virtual campo de
batalla, cuyos actores nos desangramos en una guerra fratricida, en donde el
hermano muere, en manos del hermano…
Esta era
posmoderna trae consigo toda una revolución. Ante la escalada de violencia
generalizada y muertes por doquier, muchos optan por Thánatos y otros por las
Keres por dioses; ante quienes se inclinan muy a menudo y le son fieles y optan
por la cultura de la muerte. Así, lo demuestra un diario acontecer signado de
dolor, muerte, indiferencia perniciosa, democratización de todo aquello que
divide, confronta y subvierte el orden
legal establecido, prostituyendo aún más a las meretrices de la justicia y la
política, que se venden casi siempre, sino es que siempre, al mejor postor.
Caemos así, en un profundo abismo que soslayamos muy a menudo,
pero que debe merecer toda nuestra atención y pronto para no seguir cayendo en
lo que Lipovestsky concibe como la “desubstancialización del yo”.
Para ilustrar lo
anteriormente expuesto, veamos someramente ese infierno en que convirtieron ese
inseguro “hogar seguro”, tan inseguro que en su interior fueron violentados
todos los derechos humanos de las víctimas y para ocultar sus felonías –algún
funcionario de estado- las mando a
quemar vivas –culpable sea el estado inquisitorial hasta que demuestre lo contrario- y asesinó ipso facto a más de cuarenta adolescentes, sin
que hasta el día de hoy, la mal llamada sociedad civil, la Iglesia y la
Academia; pusilánimes todas, se
pronuncien con todo el vigor y el rigor
que las adversas circunstancias ameritan…
Para colmo de todos los desmadres, ni siquiera el estado
fallido como garante de la vida y la seguridad a “extremado la diligencia” para
dar con los responsables o asumir su responsabilidad en los hechos, con un
mandatario que llora por la muerte de “su guía espiritual” pero que no se duele
ni se solidariza con las víctimas de esa casa de citas en que convirtieron al hogar inseguro, Virgen
de la Asunción.
Esa indiferencia presidencial, quizá, sea consecuente a una “anemia emocional” – D. Riesman- que le
permite al mandatario, dormitar y permanecer persistentemente cansado, al
extremo que caiga de bruces y se desmaye en actos públicos de menor cuantía,
propio de funcionarios de ínfima categoría, pero para nada inherentes al cargo
que inmerecidamente ostenta.
Continuó
ilustrando esos conceptos muy actuales
deLipovestsky con una tragedia no menos
severa y es el asesinato cometido en contra de una adolescente y el atentado en
contra del resto de sus compañeras estudiantes que manifestaban en la vía Pública,
en Ciudad de Guatemala, por un energúmeno de nombre Jabes Emanuel, que utilizó su vehículo como
arma mortífera para abrirse paso entre una multitud de estudiantes, y por constituir este ilícito la madre de
todos los desmadres el Ministerio Público lo sindica por los delitos de “asesinato en grado de tentativa, lesiones
gravísimas y maltrato contra personas menores de edad”, a través de un boletín que emitió.
Con la pérdida de su sano juicio, Jabes Emanuel, hace honor
de su primer nombre hebreo que significa “hacedor
de tristeza”, ante el llanto y la tristeza que ha causado en la familia y
los compañeros de estudio de la persona
que con su automóvil asesinó con premeditación y alevosía. Su segundo nombre hebreo; lo ha denigrado por
completo, toda vez que el mismo significa “Dios
está con nosotros”.
¿Estaría Dios en él cuando cometió el ilícito? ¿Estará Dios
en las mentes y en los corazones de los cibernautas que avalan este alto índice
de criminalidad? ¿Estará Dios en todas aquellas personas que nos
autodenominamos cristianos, pero que nuestro testimonio de vida, demuestra de
manera irrefutable que nuestro dios, no es el Dios de Jesucristo?...
Absorto en mis
elucubraciones y mientras comienza la andadura de este post, considero muy
moral y muy del caso ratificar a los violentos y a los indiferentes la frase
con que lo titulé: “Soy un ser humano.
–Hecho a la imagen y semejanza de Dios- No
doblar, romper o torcer”…
Santo Domingo de Cobán, 04 de Mayo de
2017
Fuente:
Guilles Lipovestsky. La era del vacío, editorial Anagrama,
S.A. Barcelona, 1986
