sábado, 4 de abril de 2020

¡Ay de ustedes, diputados y lacayos hipócritas!




Jlriveirof, OP

      Haciendo una contemplación  de los acontecimientos que en los últimos meses; ha tenido en ascuas a la población guatemalteca;  mientras se ahoga en sus penas, una inmensa mayoría de diputados están en la pepena...  
En consecuencia; este artículo; tantea la agenda previamente negociada,  perversa e inmoral de los autodenominados padres de la patria, con la que intentan dar el tiro de gracia a toda una sociedad, que forcejea entre el bien y el mal; para salir incólume.  
     A tenor de lo planteado;  intentaré, grandes esfuerzos para no perder objetividad, en virtud que, es difícil ser sereno al escribir acerca de esta <<raza de víboras.>>  Una caterva de malhechores que cada día nos sorprenden con su hipocresía e iniquidad.  
Un parlamento convertido en célula huésped; en donde funcionan y se reproducen cada cuatro años, los virus más virulentos de la historia patria. Da la impresión que llegando casi al pico de la pandemia; ellos, forcejean con la peste, para ver quién es más letal...
     La frase con que titulo este post; fue inspirado de los célebres “ayes” de Jesús en contra de los escribas y fariseos de su tiempo, a quienes trató con toda clase de improperios, como serpientes, raza de víboras, hipócritas y los comparaba con panteones bien pintados y adornados por fuera, pero podridos por dentro. Encontró en esos mequetrefes una profunda inadecuación entre lo que decían y lo que hacían, al extremo que su práctica de la justicia, la misericordia, la humildad, la fidelidad y la comprensión eran nulas.  Lisa y llanamente no eran ecuánimes; y, al ser la ecuanimidad la síntesis de todos los valores, ellos no practicaron ni uno solo…
     Trasladándose a pleno siglo XXI; podemos constatar que tales prácticas en muchos ámbitos de la vida, siguen siendo similares.
Muchos somos falaces. Un ejemplo ilustre lo tenemos en el epicentro de todos los males en Guatemala, el corrupto Congreso de la República, cuyo nivel de gangsterismo es bastante pronunciado. Notables son todas  las actividades y métodos legislativos delictivos de estos sujetos; en donde casi todos tienden  a un mismo fin: "hacerse del oro y del moro", sin importar las formas. El  profundo amor al dinero es notable; así como su estrecha vinculación con las mafias…
     Parafrasear esas expresiones de Jesús entonces; tiene como intención particular,  hacer una purga a  manera de  catarsis, para no caer en la tentación de cumplir con las recomendaciones que casi siempre circulan en las redes sociales; en donde se aconseja, hacer manifiesta  nuestra animadversión en contra de esa denigrada ralea parasitaria,  saliendo como comunidad a buscarlos a sus casas de habitación, negocios u oficinas, enfrentarlos, decirles cuán abyectos son, pegar rótulos ofensivos en las entradas de sus casas u oficinas, tratarlos de “corruptos y ladrones”  en lugares públicos y privados y; echar toda clase de basura y heces fecales en el lobby de sus casas de habitación de forma reiterativa.
Debo confesar que la voluntad; y el valor, que nacen  de la ofuscación por causa de las faltas gravísimas cometidas por esos "señores esperpentos";  hacia el estado de derecho y la democracia en el país; no faltan, al contrario, abundan.
     Por lo antes explicado; he ahí, el manifiesto de los  siete ayes en contra de esos adefesios...
     ¡Ay de ustedes, dipugánsteres y lacayos hipócritas! que sangran en tal alto el presupuesto nacional; con toda clase de desmadres, en menoscabo de una inmensa mayoría de guatemaltecos,  carentes de techo mínimo, canasta alimentaria mínima, salud, seguridad, confort, instrucción, oportunidad de desarrollo, progreso y trabajo entre tantas cosas elementales. El pecado estructural que ustedes cometen; es tan grande, que llora sangre y clama al cielo...  
Cómo va a ser posible partida de zurrones;  que se gasten casi un millón de quetzales en papel higiénico y agua pura, cuando en sus casas de habitación,  muchos quizá,  utilizan periódicos viejos o las papeletas que les sobraron de la campaña, y agua de lluvia retenida en un tonel.
¿Por qué el pueblo de Guatemala tiene que pagar con sus impuestos el servicio de telefonía móvil para ustedes malhechores, gasolina, automoviles y cuanto articulo de lujo se recetan? 
Se sirven con la cuchara grande; y en agradecimiento al pueblo que los mantiene, lo crucifican todos los días con su proceder… 
     ¡Ay de ustedes, dipugánsteres y lacayos, hipócritas! Ustedes que recorren cielo y tierra durante sus campañas políticas en búsqueda de votos; y cuando los consiguen y se sientan en su curul, rápido se olvidan de sus promesas de campaña, engañando y robándole a ese pueblo que delegó en ustedes una representación temporal. Bien reza el dicho popular de que "mal paga el diablo a quien bien le sirve"; y por eso rápido lo traicionan con toda clase de artimañas y triquiñuelas, muy propia de ustedes  que pagan el bien que recibieron con toda clase de males. Que rápido olvidan que ese mismo pueblo que los colocó en ese lupanar que ustedes llaman parlamento, también los puede defenestrar, sacándolos de ahí, "con un garrote, a puros morongazos", como una vez dijo el extinto alcalde de la Ciudad de Guatemala; don "mono de oro"...
     ¡Ay de ustedes, dipugánsteres y lacayos hipócritas! Fabricantes de leyes espurias e inútiles; lacayos de las oligarquías. Cuando el pueblo despierte; y ustedes  sientan el peligro de ser linchados políticamente; no les alcanzarán todas las coimas que hasta el día de hoy han recibido, para reparar todos los males que han ocasionado.
     ¿Qué es más importante, dignos acólitos de las huestes del mal,  servir al pueblo que los eligió o servirse de ellos?
     ¡Ay de ustedes, dipugánsteres y lacayos hipócritas! Que se olvidan que una de sus funciones primordiales es concebir leyes que privilegien el bien común, y en contraste hacen leyes para proteger a toda clase de vándalos y a ustedes mismos.
¿Acaso no saben pseudo legisladores; que su poder es temporal y su miserable inmunidad pronto llegará a su término? entonces podrán ser perseguidos penalmente y encarcelados por ese pacto de impunidad que los tiene a todos en común unión.
Mequetrefes y lacayos de la corrupción y la impunidad; inicuos mercaderes de la política, que, a imitación de Judas Iscariote el traidor, se afanan por echarse plata al bolso, sin importar si su procedencia es lícita o ilícita. ¿Acaso no es eso lo que los tiene trabajando las últimas noches? en cuyo afán se desvelan para hipotecar el futuro de los guatemaltecos, inclusive los no nacidos, con el cuento de que es para paliar la crisis del coronavirus, mientras sus espurios intereses, van por otros derroteros...
     ¡Ay de ustedes, dipugánsteres y lacayos hipócritas! “Psicópatas de cuello blanco,” acaso no se dan cuenta que con su proceder demuestran ser “depredadores que encandilan, manipulan y se abren camino en la vida sin piedad, dejando una larga estela de corazones rotos, expectativas arruinadas y billeteras vacías.” –Robert D. Hare, Sin conciencia-
     ¡Ay de ustedes, dipugánsteres y lacayos hipócritas! Que “con una total carencia de conciencia y sentimientos por los demás, toman lo que les apetece de la forma que les viene en gana, sin respeto por las normas sociales y sin el menor rastro de arrepentimiento o piedad.” –Robert D. Hare, Sin conciencia- 
     ¡Ay de ustedes, dipugánsteres y lacayos hipócritas! “Ustedes también aparentan como que fueran personas muy correctas, pero en su interior están llenos de falsedad y de maldad” (Mateo 23, 28).  Ven  la tormenta que se avecina; pero no se arrodillan, de lo contrario, a estas alturas de la semana, no estarían con sus adláteres,  discutiendo leyes espurias; que a ojos vistas atentan contra todo un pueblo; en detrimento de los guatemaltecos más pobres y desposeídos.
Pero no se puede pedir peras al olmo. Así han procedido desde antiguo; esa a sido su inveterada costumbre.
El pueblo que no olvida, recuerda claramente aquella ley para favorecer a los ganaderos, un sector que según denunció el entonces titular de los publicanos;  abriga a muchos cuatreros y es un sector “altamente evasor”. Amén de sus intentos de interpelación al magistrado de conciencia y a todos aquellos ministros de estado; que ética, política, intelectual y moralmente están muy por encima de todos ustedes;  lacayos de las oligarquías...
     A guisa de colofón; quiero hacerles una proposición. Si es que aún les queda un poquito de dignidad y sangre en la cara; si es que aún no le han hipotecado a las oligarquías hasta la última gota de sangre. Les propongo que conciban  una ley para las futuras generaciones de diputados, que permita la abolición legal de la mediocridad, el servilismo, el analfabetismo político, la ignorancia y el lameculismo institucional.
Solo así; se podrá disminuir, la cohorte de dipugánsteres lacayos y parasitarios a su imagen y semejanza…




lunes, 30 de marzo de 2020

Ahí viene la peste…



Jlriveirof, OP
     En estas o parecidas palabras cuenta una historia que; en cierta ocasión, la peste iba en tránsito hacia la Ciudad de Calcuta. En su camino se encontró con un transeúnte quien le pregunto:  ¿A dónde vas? Ella le contestó -a Calcuta ¿a qué vas? -a matar a mil ciudadanos… cuando la peste venía de regreso cumplida su misión se encontró de nuevo con  el caminante, quien le increpó: - ¿no que solo mil? -Andan diciendo por ahí que fueron cien mil, - ¡ah no! contestó la peste-, -yo cumplí con mi palabra, -solo maté a mil, el resto se murió del miedo…
    ¿Miedo? … Dicen los biólogos que el miedo acontece cuando el ser humano se ve sometido a fuertes tensiones o emociones; trayendo consigo fenómenos de parálisis y detención del curso vital. Es posible que el miedo a contaminarse de coronavirus; muchas personas hoy día, están sufriendo más de lo necesario; y es razonable que tengan miedo. Sobre todo, aquellas personas con mayor riesgo a perder la vida; como las que han pasado el umbral de la tercera edad y que, en adición a sus años, tengan algún padecimiento preexistente que eleve las posibilidades de un deceso.
     Como bien sabemos; nada ocurre de la nada, y en el caso particular de esta peste que amenaza con diezmar a los más vulnerables; se puede presuponer una relación de causa y efecto; lo que en filosofía se conoce como el principio de causalidad. Ya los científicos de la medicina nos han explicado hasta la saciedad las causas de la peste y sus efectos adversos en detrimento de nuestra humanidad; así como también los economistas, los efectos devastadores de la economía y el fenómeno de escasez que puede ocurrir después…
     Inmersos en el mundo ético, estético y el de la vida ordinaria; podemos contemplar dos escenarios: personas individuales y jurídicas que sacan lo mejor de sí; y lo ponen al servicio de la humanidad; y, las que sacan lo más nefasto de su pobre inhumanidad y se sirven de los demás.
“¡Ve tu a saber!” …
      Hemos visto como personal médico y paramédico; bomberos, miembros de las fuerzas de seguridad (buenos y malos), mal remunerados, por cierto, sacan las castañas al fuego, y se entregan con aplomo y gallardía a servir a los pacientes. Mientras tanto; algunos eclesiásticos en los países más afectados por la pandemia; el pánico los ha paralizado, y por eso, solo se ofrecen para orar por los demás.
Ante esa realidad; “las manos que ayudan son más nobles que los labios que rezan” como sabiamente dijo Robert Ingersoll.
     En tiempos de crisis; es en donde demostramos de que madera estamos hechos; en consecuencia, es exigente que toda esa clerecía siga el ejemplo de Su Santidad, el Papa Francisco; que no se ha concretado únicamente en orar, sino también a salido a las calles, a visitar a los enfermos a los hospitales y ha beneficiado al pueblo romano, uno de los más afectados por la pandemia. Según lo explicita La Vanguardia, (EFE) el 26 de los corrientes; cuando informaron que, el Sumo Pontífice donó treinta respiradores a hospitales italianos y españoles, para paliar la crisis del COVID-19. Cada respirador; según se dijo; tiene un costo entre 21,000 y 51,000 euros. En quetzales, ese valor representa aproximadamente, de doscientos mil a quinientos mil por unidad.
     Lo que si ya no se ve; ni en esta ni en otras latitudes es; a hombres como el fraile dominico Martín de Porres, que, en su tiempo, no solo ofreció su pan al hambriento sino también abrigo. Se sabe desde antiguo que abrió su convento para dar posada al enfermo, al pobre, al necesitado, al desvalido; a quienes cuido con suma diligencia en la medida de sus posibilidades.
 No digamos del santo cura Brochero, que, en 1867, durante la epidemia de cólera que azotó la Ciudad de Córdova y que segó la vida de más de cuatro mil personas, se entregó en cuerpo y alma a atender a todos los enfermos; sin temor a contagiarse. Sin embargo; ante su insistencia y fogosidad por el evangelio, recorrió caminos distintos y distantes en las serranías cordobesas y al final de sus días; la lepra lo infecto, porque siempre estuvo al lado de los perecientes por esa dura y fea enfermedad.
La peste en ambos casos; no lo paralizó; por el contrario, forcejeo con ellas con “brazo fuerte y mano extendida.” Solo así; supo aligerar la carga y aliviar las penas de los infectados.
     Ambas realidades; constituyen un ejemplo insigne; para todas aquellas personas que son médicos de cuerpos y almas; clérigos y pastores, para que en medio de la crisis que hoy nos amenaza; no cesen en sus esfuerzos por cumplir con el ejercicio de su profesión. Sin temor a contagiarse; como lo han hecho muchos héroes de bata blanca; en todas las partes del mundo infectado por la peste, y que ya han traspasado el punto sin retorno.
  En contraposición; hemos sido testigos oculares de como hienas rapaces, autodenominadas pastores, apóstoles o siervos de Dios; sangran en tan alto el presupuesto de sus feligreses; atracandolos con la exigencia del 10% de sus ingresos, ya sea en efectivo o en especie.
Es increíble; como en tiempo de crisis; y apelando el nombre de Dios, ellos, amantes del diezmo, del engaño y de la fanfarria espiritual, hagan negocio con la fe de los incautos.
Algunos han llegado al extremo de anticipar que la peste ya está escrita y viene representada en uno de los jinetes del apocalipsis; en cuya cabalgadura, vienen también las alforjas que desean llenar.
En su afán insoslayable de hacerse de mucho dinero, ofrecen una gracia barata a cielo raso, agüita mágica para la desinfección de la peste, certificados para que no les de la enfermedad y, hacer oración y ayuno por cuenta de terceros. Eso sí; siempre y cuando, los cándidos borregos pongan a la vista, el depósito monetario en donde consta que la ofrenda ha sido depositada.
     Que parangón el que se puede hacer con la experiencia apostólica de los verdaderos discípulos de Cristo. Aquellos que “no trafican con la palabra de Dios y hablan con sinceridad, como enviados de Dios, en presencia de Dios, y como miembros de Cristo” (2ª Corintios 2, 17); con ellos que ofrecen a Cristo, por un puñado de pisto.
 Ya Pablo lo hizo; cuando los “evangélicos” de su tiempo, intentaron estafar a los corintios con espectáculos triunfalistas de milagros, éxtasis y visiones inenarrables.  Muy afines a aquellas campañas de sanación, en donde los cabreros showman invitan a los hermanos legos para que paren de sufrir, corriendo por su milagro a esas noches de gloria, para que vivan después otra realidad.
Antes de que baje el telón; las diversas galimatías y trabalenguas evidencian que todos están bajo la cobertura del Espíritu Santo; entonces; el ciego ve, el cojo camina, el paralítico levanta su camilla y anda y el sisiflís del gay se crispa, ¡ja! … el fraude, está consumado.
     Mientras todo eso ocurre debajo del sol; que lento pero seguro le da paso a la negra noche; las esperpénticas declaraciones en cadena por radio y televisión, de parte del capataz de este feudo, infieren que ya son treinta y ocho personas las infectadas por la peste; mientras tanto; la peste "sin prisa pero sin pausa" sigue su andadura en la búsqueda de algún “pelón de hospicio” en virtud que; al señor feudal, sus adláteres y achichincles de turno; el dinero propio y el ajeno, según ellos los hace inmunes…