Thomas Alva Edison dijo una vez que, "Toda persona debe decidir una vez en su vida si se lanza a triunfar, arriesgándolo todo, o si se sienta a ver el paso de los triunfadores." La máxima en cuestión aplica a todas las aristas de la vida del ser humano: desde lo individual hasta lo colectivo, desde lo privado a lo público, desde lo lúdico hasta la empresa, entre un largo e inacabado etcétera.
En fechas recientes, para ser más concreto, el último domingo del mes de mayo, durante la medio maratón internacional de
Cobán, me tocó para vergüenza mía, ser un simple espectador, ubicado al
comienzo de la calzada que nos lleva al
cementerio clandestino de tiempos del conflicto armado y al campo de aviación
de la Ciudad Imperial de Carlos V, para
aplaudir el paso de muchos de
aquellos que, antes de la pandemia, corrí adelante, a los lados o detrás
de ellos, pero muy especialmente a aplaudir el tránsito de mi hija Michelle
Marie Riveiro García, en su octava edición.
Sin intentar una burda justificación; el
miedo post pandemia recorrió mi ser de cabo a rabo y es que, tres veces me coronó
el "virus chino" y, me afectó el tracto respiratorio; amén de algunos
atletas que, han muerto en el trayecto de la carrera por causa de un infarto,
menores en edad que yo; de quienes dicen los especuladores, el deceso
presuntamente se originó por haber padecido anteriormente de ese mal.
Como no pueden faltar las negras
golondrinas que auguran un mal presagio, la politiquería aprovechada,
uniformada con los colores de sus maras políticas, se dio a la tarea de
repartir bolsas "solidarias" de agua a los atletas, mientras todo el
trayecto contaminado y afeado visualmente por fotografías de quienes quieren
ser beneficiados por los votantes en las próximas elecciones, signadas de
hipocresía, muestran su mejor sonrisa fingida.
¡Ah! ¿A cuántos de ellos hemos
visto sirviendo antes a la población de forma desinteresada ¡ja! …; "ve
tu a saber" …
Pues entonces, dándole un giro a la
premisa en mención, le doy pie pensando en el mundo de los negocios. ¿Cuántas
personas por diversas causas se arriesgan para buscar el éxito anhelado?
¿Cuántas deciden aplaudir el éxito alcanzado, aunque sea de forma fingida de
sus correligionarios o de sus pares?
En ambos extremos el éxito o
el fracaso se da por elección. Quienes triunfan, lo hacen porque tomaron esa
decisión; así como también quienes fracasan, lo hacen porque también decidieron
hacerlo. El éxito o el fracaso es una decisión, es una elección que nace en
virtud de una visión del futuro, de alcanzar o no una meta previamente
establecida, de salir o permanecer en una zona de confort, de seguir o no una
disciplina, de tener o no una misión, una vocación por servir, valores,
objetivos y estrategias.
Este año decidí aplaudir el paso de los
corredores, si Dios quiere el último domingo de mayo del 2024, decidiré que
otros aplaudan por mí...