Por jlriveirof
Cuando Nicolás
Maquiavelo redactó entre el verano y el otoño de 1513 El Príncipe, jamás se imaginó que había escrito
una obra que sería utilizada como libro
de cabecera por los mafiosos de la
política, aquellos gánsteres candidatos a puestos de elección popular, que
desvirtuarían después la política, como un quehacer ordenado al bien común, al
lograr con ella su modo de vida
divorciándola de la moral. Sobre todo para aquellos falsos lideres neófitos que alcanzaron el poder recientemente,
mediante un buen golpe de suerte. Estos, han encontrado en sus páginas,
argumentos suficientes y eficientes para despertar y desarrollar el bruto que llevan dentro y, con el que
hacen posible la consecución de sus
ávidos intereses: enriquecerse y enriquecer a toda su familia con la nefasta
práctica del nepotismo. Irrespetan así el efímero poder que se les ha
otorgado. Esa miserable cuota de poder,
que dura en el mejor de los casos, tan solo cuatro años…
Tal parece ser la historia de Jimmy Morales,
electo Presidente de la República de Guatemala por las masas. Con él en el poder, estamos transitando de
Guatemala a Guatepeor, dada la profunda incompatibilidad entre su discurso de campaña
con lo que hace ahora y el alto grado de
impreparación y desconocimiento sobre filosofía política y la cosa pública,
entre otras cosas. Este, alcanzó la primer magistratura casi sin esfuerzo y sin
recursos, su camino hacia la casa presidencial lo encontró expedito, "se
diría que vuela" y todo gracias al
descontento de los guatemaltecos por los políticos marrulleros de antaño.
En El Príncipe Maquiavelo enseña y el
cuasi tirano aprende. En sus páginas encontramos un principio subyacente para violar
la moral cristiana, “si es preciso elegir, ser temidos es mucho más seguro que
ser amados; pues una buena regla general sobre los hombres es que son ingratos,
volubles, mentirosos, impostores, cobardes y ávidos de ganancias”, a armar al ejército en su propio beneficio, a
disimular, mentir y engañar al pueblo con su candor. Para colmo de todos los
males anteriores, adereza éstos con el mal mayor, éste que viene a ser la síntesis de todos los
anti valores: un príncipe -presidente- debe aparentar ser muy religioso y debe
hacer creer que está bien dotado de todas las virtudes éticas y morales, aunque
en la práctica de la verdad, adolezca de una y la otra.
¡Increíble, pero
cierto!
Esos son los consejos que sugiere Maquiavelo al Príncipe
Lorenzo de Médici, en la obra del mismo nombre, escrita con el único afán de
congratularse con él, obtener el indulto y regresar de nuevo a la palestra
política. En premio recibió un par de botellas de vino, jamás su reivindicación
en la política.
Con sus asiduos equívocos, programados o no, el Presidente Morales, ¿no estará
"acentuando el maquiavelismo más allá de Maquiavelo"?
¿Acaso el Señor
Morales, en deshonor de su apellido no a invisibilizado los valores morales llevando a la práctica muchas de las
recomendaciones maquiavélicas?
Al parecer, no le
preocupa la mala fama que de forma
acelerada está alcanzando en todos los medios escritos y hablados si con ello
mantiene a "sus súbditos unidos y leales". Mientras su familia
política y consanguínea y sus lacayos ocupen buenos puestos dentro de la administración
pública y viajen de aquí para allá, despilfarrando el dinero que les es ajeno. Y,
por supuesto, mientras él acrecienta su patrimonio.
Acaso “el fin
justifica los medios”…
Recordemos que violó
su juramento de campaña que lo llevó a la presidencia de la nación: "ni
corrupto ni ladrón" prometía y, por falso ya empezó el pueblo a
organizarse y a demandar su renuncia y la de los cuatreros que ocupan el
congreso. Ya las plazas públicas de las ciudades importantes, empezando en la
Ciudad capital, empiezan a aglutinarse sábado a sábado para repudiarlo públicamente.
Ducho en el arte
de la pantomima y el artificio, imitando a pastores de pacotilla, llora y ora
pública y falazmente por las dificultades inherentes a un cargo para el que no
estaba preparado. Con este gimoteo le propina una bofetada al pueblo bonachón que creyó en el
cumplimiento de sus promesas de no
imponer más impuestos, disociarse de militares señalados internacionalmente de
crímenes de lesa humanidad y no realizar las mismas prácticas cometidas por
"la vieja política", entre tantas comillas y etcéteras.
Con sus malas
prácticas administrativas, éticas y políticas resultó ser un acólito del escándalo. Al final de cuentas, maquiavélicamente dirá: un príncipe
-presidente- no tiene por qué preocuparse -ni ocuparse- en cumplir al pie de la
letra con la palabra dada y empeñada. Rápido "aprendió a no ser
bueno" y, con tal de mantenerse en el poder se cuadró y afianzó su
asociación con seres in "humanos
poco fiables, ambiciosos y deshonestos", como los innombrables e
impresentables que combinaron en el pasado cualidades aparentemente humanas con otras bestiales y que hoy lo
asesoran, unos desde el Parlamento, otros tras bambalinas. Tal vez pensó que le
sería fácil engañar a los guatemaltecos con las apariencias de esos zorros
hábiles y astutos que pretenden entramparnos con sus obras ya conocidas de antemano.
Cambiándole la
noción a uno de los pensamientos de José Martí le diría al Señor Presidente: Llorar y
orar después no vale, lo que vale es orar antes y estar preparados para
trabajar. Dele al pueblo lo que es del
pueblo y a Dios lo que es de Dios…
Santo Domingo de Cobán, 26 de Agosto
de 2016
