viernes, 26 de agosto de 2016

Orando y llorando

Por jlriveirof

     Cuando Nicolás Maquiavelo redactó entre el verano y el otoño de 1513  El Príncipe, jamás se imaginó que había escrito una obra que sería utilizada como  libro de cabecera  por los mafiosos de la política, aquellos gánsteres candidatos a puestos de elección popular, que desvirtuarían después la política, como un quehacer ordenado al bien común, al lograr  con ella su modo de vida divorciándola de la moral. Sobre todo para aquellos falsos lideres neófitos  que alcanzaron el poder recientemente, mediante un buen  golpe de suerte.  Estos, han encontrado en sus páginas, argumentos suficientes y eficientes para despertar y desarrollar  el bruto que llevan dentro y, con el que hacen  posible la consecución de sus ávidos intereses: enriquecerse y enriquecer a toda su familia con la nefasta práctica del nepotismo.   Irrespetan así el efímero poder que se les ha otorgado. Esa  miserable cuota de poder, que dura en el mejor de los casos, tan solo cuatro años…

      Tal parece ser la historia de Jimmy Morales, electo Presidente de la República de Guatemala por las masas.  Con él en el poder, estamos transitando de Guatemala a Guatepeor, dada la profunda incompatibilidad entre su discurso de campaña con lo que  hace ahora y el alto grado de impreparación y desconocimiento sobre filosofía política y la cosa pública, entre otras cosas. Este, alcanzó la primer magistratura casi sin esfuerzo y sin recursos, su camino hacia la casa presidencial lo encontró expedito, "se diría que vuela"  y todo gracias al descontento de los guatemaltecos por los políticos marrulleros de antaño.

      En El Príncipe Maquiavelo enseña y el cuasi tirano aprende. En sus páginas encontramos un principio subyacente para violar la moral cristiana, “si es preciso elegir, ser temidos es mucho más seguro que ser amados; pues una buena regla general sobre los hombres es que son ingratos, volubles, mentirosos, impostores, cobardes y ávidos de ganancias”,  a armar al ejército en su propio beneficio, a disimular, mentir y engañar al pueblo con su candor. Para colmo de todos los males anteriores, adereza éstos con el mal mayor,  éste que viene a ser la síntesis de todos los anti valores: un príncipe -presidente- debe aparentar ser muy religioso y debe hacer creer que está bien dotado de todas las virtudes éticas y morales, aunque en la práctica de la verdad, adolezca de una y la otra.

     ¡Increíble, pero cierto! 

     Esos son los  consejos que sugiere Maquiavelo al Príncipe Lorenzo de Médici, en la obra del mismo nombre, escrita con el único afán de congratularse con él, obtener el indulto y regresar de nuevo a la palestra política. En premio recibió un par de botellas de vino, jamás su reivindicación en la política.

      Con sus asiduos equívocos, programados o no,  el Presidente Morales, ¿no estará "acentuando el maquiavelismo más allá de Maquiavelo"?

     ¿Acaso el Señor Morales, en deshonor de su apellido no a invisibilizado los valores morales  llevando a la práctica muchas de las recomendaciones maquiavélicas?

     Al parecer, no le preocupa la mala fama  que de forma acelerada está alcanzando en todos los medios escritos y hablados si con ello mantiene a "sus súbditos unidos y leales". Mientras su familia política y consanguínea y sus lacayos ocupen buenos puestos dentro de la administración pública y viajen de aquí para allá, despilfarrando el dinero que les es ajeno. Y, por supuesto, mientras él acrecienta su patrimonio.
 Acaso “el fin justifica los medios”…

     Recordemos que violó su juramento de campaña que lo llevó a la presidencia de la nación: "ni corrupto ni ladrón" prometía y, por falso ya empezó el pueblo a organizarse y a demandar su renuncia y la de los cuatreros que ocupan el congreso. Ya las plazas públicas de las ciudades importantes, empezando en la Ciudad capital, empiezan a aglutinarse sábado a sábado  para repudiarlo públicamente.

     Ducho en el arte de la pantomima y el artificio, imitando a pastores de pacotilla, llora y ora pública y falazmente por las dificultades inherentes a un cargo para el que no estaba preparado. Con este gimoteo le propina una bofetada  al pueblo bonachón que creyó en el cumplimiento  de sus promesas de no imponer más impuestos, disociarse de militares señalados internacionalmente de crímenes de lesa humanidad y no realizar las mismas prácticas cometidas por "la vieja política", entre tantas comillas y etcéteras.

     Con sus malas prácticas administrativas, éticas y políticas resultó ser un acólito del escándalo.  Al final de cuentas,  maquiavélicamente dirá: un príncipe -presidente- no tiene por qué preocuparse -ni ocuparse- en cumplir al pie de la letra con la palabra dada y empeñada. Rápido "aprendió a no ser bueno" y, con tal de mantenerse en el poder se cuadró y afianzó su asociación  con seres in "humanos poco fiables, ambiciosos y deshonestos", como los innombrables e impresentables que combinaron en el pasado cualidades aparentemente  humanas con otras bestiales y que hoy lo asesoran, unos desde el Parlamento, otros tras bambalinas. Tal vez pensó que le sería fácil engañar a los guatemaltecos con las apariencias de esos zorros hábiles y astutos que pretenden entramparnos  con sus obras ya conocidas de antemano.  

     Cambiándole la noción a uno de los pensamientos de José Martí le diría al Señor Presidente: Llorar y orar después no vale, lo que vale es orar antes y estar preparados para trabajar.  Dele al pueblo lo que es del pueblo y a Dios lo que es de Dios…


Santo Domingo de Cobán, 26 de Agosto de 2016