miércoles, 9 de diciembre de 2015

“ABRIENDO PUERTAS Y DERRUMBANDO MUROS” reflexión sintética de la bula Misericordiae Vultus

El 12 de junio de 1987 frente a la puerta de Brandemburgo, antigua entrada a Berlín, Alemania; ante importantes políticos de la época, el entonces presidente de los Estados Unidos Ronald Reagan pronunció  un efusivo discurso desafiando al líder soviético Mijaíl Gorbachov a derribar el muro de la vergüenza que dividió familias, amigos y  Alemania durante 28 años. “Berliner mauer” estaba protegido por alambres de púa, concreto, perros guardianes, guardias armados y torres de vigilancia. ¡Eran los tiempos de la guerra fría!
Secretario general Gorbachov -dijo-si usted busca la paz, si usted busca la prosperidad para la unión soviética y Europa oriental, si usted busca la liberalización: ¡Venga aquí ante esta puerta! ¡Señor Gorbachov abra esta puerta! ¡Señor Gorbachov derribe este muro!”
Dos años después esa politica de contención perversa he inmoral fue derribada y la puerta de Brandemburgo fue abierta para hacer posible otros mundos como el ético, el estético y el de la vida ordinaria, difíciles de encontrar en aquellos tiempos.
Hoy, en el marco de la celebración del Jubileo Extraordinario de la Misericordia y, ante circunstancias similares a aquellos tenebrosos tiempos de los campos de concentración en Auschwits, los errores y horrores de la segunda guerra mundial, la guerra fría entre las grandes potencias económicas y militares, la Guerra en Vietnam; el genocidio en Guatemala entre tantos otros crímenes de lesa humanidad que lloran sangre y claman al cielo; el mundo nuevamente tambalea y apunta a un gran conflicto. El Papa Francisco ha dicho que “estamos en la antesala de otra guerra mundial, la tercera guerra” por la intolerancia religiosa del estado islámico ISIS, un grupo que se caracteriza por su naturaleza fundamentalista yihadista, terrorista e insurgente; responsable de miles de masacres y atentados en varias regiones del mundo. En fechas recientes la Organización de las Naciones Unidas declaró la guerra a este estado y se dio comienzo a la gran conflagración que dejara miles de muertos entre hombres, mujeres y niños inocentes, así como ciudades destruidas.
Ante la falta de voluntad política en el concierto de las naciones ese grito de guerra amenaza a todo el mundo civilizado, no obstante el Papa Francisco ha decidido abrir la puerta Santa en el 50 aniversario de la conclusión del Concilio Ecuménico Vaticano II; para mantener vivo ese magno acontecimiento en donde el Papa Juan XXIII decidió abrir las puertas y las ventanas de la Iglesia para que entraran aires frescos y “poner al día” a una Iglesia envejecida y enmohecida por el paso de los siglos. Dicho concilio hizo abrirse a la Iglesia a otras culturas, otras religiones y a las ciencias. Fue benéfico sobre todo para el laicado en virtud que a partir de ese evento los laicos dejamos de ser simples destinatarios de la misión de los curas y hoy compartimos con ellos una misma responsabilidad ante la comunidad cristiana.
Los padres conciliares decidieron derribar los viejos muros y a abrir las puertas de una Iglesia que debe ser escuela viva de espiritualidad y misericordia, discriminando ritos y costumbres poco ortodoxas, derribaron aquellos muros clericales cuando estos se creían superiores al extremo de llegar a concebir la idea de que “al arar la tierra para la siembra del evangelio ellos eran los bueyes y nosotros los laicos las mulas”. Hoy podemos encontrar laicos con una preparación académica superior en teología y filosofía al servicio de la Santa Madre y Maestra Iglesia Católica.
Bendito sea El Espíritu Santo consolador que inspiró al Papa Juan XXIII para iniciar este concilio, al Papa Pablo VI para concluirlo y al Papa Francisco para darle mantenimiento y continuidad.
Convencido como está de que Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre, el Papa Francisco entonces, ha convocado al Jubileo Extraordinario de la Misericordia, porque solo Él puede librarnos de las grandes catástrofes que se avecinan y no encontró fecha más oportuna para dar inicio a este año de misericordia, que el día en que la Iglesia celebra la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María, una solemnidad apostólica contenida como dogma en la bula Ineffabilis Deus del Papa Pío IX de fecha 08/12/1854.
Entre guerras y rumores de guerras hemos de preguntarnos ¿qué es la misericordia?
Según la Bula papal Misericordiae Vultus “Misericordia es la fuente de la alegría, de serenidad y de paz. La misericordia es condición sine qua non para alcanzar nuestra propia salvación. Es la palabra que revela el misterio de la Santísima Trinidad. Es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro. Es la ley que habita en el corazón de cada persona de buena voluntad cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra tirano en los caminos de la vida. Es la vía que une a Dios y al hombre, al abrir el corazón a la esperanza de ser amados no obstante el límite de nuestros propios pecados”. ¡Esa es misericordia!
Hermanos y hermanas, yo no sé cómo vienen ustedes el día de hoy, no conozco las intenciones de sus corazones, no sé si alguno cohabita con algún vicio, pecado o maldad. ¡No importa! porque el día de hoy el Papa Francisco ha abierto la puerta Santa de la Misericordia a través de la cual “cualquiera que entre experimentará el amor de Dios que consuela, que perdona y que ofrece esperanza”.
Por lo tanto, parafraseando a Ronald Reagan yo les digo hoy: Si ustedes buscan la fe, la esperanza y la caridad, si ustedes buscan la paz y el progreso para sus familias y sus naciones,  si ustedes buscan independizarse de todo aquello alienante y esclavizante que nos aleja de la insondable fuente de la misericordia ¡Vengan aquí ante esta puerta! Hermanos y hermanas ¡entren por esta puerta! ¡Derriben esos muros! Para que se cumpla la promesa “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo” Ap. 3,20.-
Jlriveirof

Predica en Templo del Esfuerzo II