El 12 de
junio de 1987 frente a la puerta de Brandemburgo, antigua entrada a
Berlín, Alemania; ante importantes políticos de la época, el
entonces presidente de los Estados Unidos Ronald Reagan pronunció un
efusivo discurso desafiando al líder soviético Mijaíl Gorbachov
a derribar el muro de la vergüenza que dividió familias, amigos y Alemania durante 28 años. “Berliner mauer” estaba protegido
por alambres de púa, concreto, perros guardianes, guardias armados y
torres de vigilancia. ¡Eran los tiempos de la guerra fría!
“Secretario
general Gorbachov -dijo-si usted busca la paz, si usted busca la
prosperidad para la unión soviética y Europa oriental, si usted
busca la liberalización: ¡Venga aquí ante esta puerta! ¡Señor
Gorbachov abra esta puerta! ¡Señor Gorbachov derribe este muro!”
Dos años
después esa politica de contención perversa he inmoral fue
derribada y la puerta de Brandemburgo fue abierta para hacer posible otros mundos como el ético, el estético y el de la vida ordinaria,
difíciles de encontrar en aquellos tiempos.
Hoy, en
el marco de la celebración del Jubileo Extraordinario de la
Misericordia y, ante circunstancias similares a aquellos tenebrosos
tiempos de los campos de concentración en Auschwits, los errores y
horrores de la segunda guerra mundial, la guerra fría entre las
grandes potencias económicas y militares, la Guerra en Vietnam; el
genocidio en Guatemala entre tantos otros crímenes de lesa
humanidad que lloran sangre y claman al cielo; el mundo nuevamente
tambalea y apunta a un gran conflicto. El Papa Francisco ha dicho que
“estamos en la antesala de otra guerra mundial, la tercera guerra”
por la intolerancia religiosa del estado islámico ISIS, un grupo
que se caracteriza por su naturaleza fundamentalista yihadista,
terrorista e insurgente; responsable de miles de masacres y atentados
en varias regiones del mundo. En fechas recientes la Organización de las Naciones Unidas declaró la
guerra a este estado y se dio comienzo a la gran conflagración que
dejara miles de muertos entre hombres, mujeres y niños inocentes,
así como ciudades destruidas.
Ante la
falta de voluntad política en el concierto de las naciones ese grito
de guerra amenaza a todo el mundo civilizado, no obstante el Papa
Francisco ha decidido abrir la puerta Santa en el 50 aniversario de
la conclusión del Concilio Ecuménico Vaticano II; para mantener
vivo ese magno acontecimiento en donde el Papa Juan XXIII decidió
abrir las puertas y las ventanas de la Iglesia para que entraran
aires frescos y “poner al día” a una Iglesia envejecida y
enmohecida por el paso de los siglos. Dicho concilio hizo abrirse a
la Iglesia a otras culturas, otras religiones y a las ciencias. Fue
benéfico sobre todo para el laicado en virtud que a partir de ese
evento los laicos dejamos de ser simples destinatarios de la misión
de los curas y hoy compartimos con ellos una misma responsabilidad
ante la comunidad cristiana.
Los
padres conciliares decidieron derribar los viejos muros y a abrir
las puertas de una Iglesia que debe ser escuela viva de
espiritualidad y misericordia, discriminando ritos y costumbres poco
ortodoxas, derribaron aquellos muros clericales cuando estos se
creían superiores al extremo de llegar a concebir la idea de que “al
arar la tierra para la siembra del evangelio ellos eran los bueyes y
nosotros los laicos las mulas”. Hoy podemos encontrar laicos con
una preparación académica superior en teología y filosofía al
servicio de la Santa Madre y Maestra Iglesia Católica.
Bendito
sea El Espíritu Santo consolador que inspiró al Papa Juan XXIII
para iniciar este concilio, al Papa Pablo VI para concluirlo y al
Papa Francisco para darle mantenimiento y continuidad.
Convencido
como está de que Jesucristo es el rostro de la misericordia del
Padre, el Papa Francisco entonces, ha convocado al Jubileo
Extraordinario de la Misericordia, porque solo Él puede librarnos
de las grandes catástrofes que se avecinan y no encontró fecha más
oportuna para dar inicio a este año de misericordia, que el día en
que la Iglesia celebra la solemnidad de la Inmaculada Concepción de
María, una solemnidad apostólica contenida como dogma en la bula
Ineffabilis Deus del Papa Pío IX de fecha 08/12/1854.
Entre
guerras y rumores de guerras hemos de preguntarnos ¿qué es la
misericordia?
Según
la Bula papal Misericordiae Vultus “Misericordia es la fuente de la
alegría, de serenidad y de paz. La misericordia es condición sine
qua non para alcanzar nuestra propia salvación. Es la palabra que
revela el misterio de la Santísima Trinidad. Es el acto último y
supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro. Es la ley que
habita en el corazón de cada persona de buena voluntad cuando mira
con ojos sinceros al hermano que encuentra tirano en los caminos de
la vida. Es la vía que une a Dios y al hombre, al abrir el corazón
a la esperanza de ser amados no obstante el límite de nuestros
propios pecados”. ¡Esa es misericordia!
Hermanos
y hermanas, yo no sé cómo vienen ustedes el día de hoy, no conozco
las intenciones de sus corazones, no sé si alguno cohabita con algún
vicio, pecado o maldad. ¡No importa! porque el día de hoy el
Papa Francisco ha abierto la puerta Santa de la Misericordia a través
de la cual “cualquiera que entre experimentará el amor de Dios que
consuela, que perdona y que ofrece esperanza”.
Por lo
tanto, parafraseando a Ronald Reagan yo les digo hoy: Si ustedes
buscan la fe, la esperanza y la caridad, si ustedes buscan la paz y
el progreso para sus familias y sus naciones, si ustedes buscan independizarse de
todo aquello alienante y esclavizante que nos aleja de la insondable fuente de la
misericordia ¡Vengan aquí ante esta puerta!
Hermanos y hermanas ¡entren por esta puerta! ¡Derriben esos muros!
Para que se cumpla la promesa “He aquí, yo estoy a la puerta y
llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y
cenaré con él y él conmigo” Ap. 3,20.-
Jlriveirof
Predica
en Templo del Esfuerzo II