domingo, 6 de enero de 2019

La pasión del fútbol aplicada a los negocios





Jlriveirof

     Dejando por un lado la estructura de pecado concebida en la construcción y cosmetización de estadios con costos millonarios a lo largo y ancho del mundo, sobre todo en  Sudáfrica;  previo a la XIX edición de la Copa Mundial de Fútbol del 2010; cuyas edificaciones y erogaciones contrastaron con su realidad social, política, económica, cultural Etc. En donde una población mayoritariamente de color vive en condiciones de extrema pobreza,  en medio del hambre, del sida, el caos y la desolación que causan las circunstancias desfavorables mencionadas anteriormente. Demasiada presunción ante una población que  muere de hambre de forma paulatina.
No obstante, y dejando por un lado toda esa estructura en cuestión, la intención de este escrito es contemplar los aspectos positivos de esos aconteceres mundiales, haciendo referencia a un artículo firmado en  1985 por el entonces Arzobispo de Mûnchen, Monseñor Joseph Ratzinger (hoy papa emérito  Benedicto XVI)  en donde pone en relieve la fascinación que causa el fútbol, en donde afirma que con la periodicidad de cada cuatro años el campeonato mundial de fútbol, demuestra ser un acontecimiento que cautiva a cientos de millones  de personas y que no hay otro acontecimiento en la tierra que alcance  una repercusión de vastedad semejante.
En su escrito destaca algunos valores nucleares que se viven en el juego de la pelota y según su parecer, la fascinación que se tiene por el juego del  fútbol, su práctica obliga a los jugadores a disciplinarse, de modo que, por el entrenamiento, adquiera la disposición sobre sí mismo, por tal disposición: superioridad, y por la superioridad: libertad. Pero después le enseña también la cooperación disciplinada como juego de equipo, el fútbol lo obliga a un ordenamiento de lo propio dentro del conjunto que une a través del objetivo común. El éxito y el fracaso de cada uno están cifrados en el éxito y el fracaso del conjunto.

     En adición a las reflexiones del ahora papa emérito, Theo Theobald y Cary Cooper en su libro ¿Jugar al fútbol o hacer negocios? Coinciden con las especificidades descritas por el entonces Arzobispo de Mûnchen y  presentan en sus páginas una analogía entre ese juego apasionante y el quehacer de los hombres y mujeres que se dedican a la fascinante actividad de los negocios. Mencionan algunas características que hacen grandes a algunos jugadores de fútbol y por consiguiente a muchos emprendedores, entre las que destacan  destrezas individuales como: la pasión, la disciplina, la ambición y el manejo del estrés; así como los roles que se dan tanto con los jugadores como con los emprendedores, en donde se menciona  el coaching o el management, la forma más asertiva y creativa para seleccionar personal y la mejor manera de enfrentarse a los competidores.

     Dándole un segundo ver y contemplando esos valores humanos que se ponen de manifiesto durante la práctica de ese deporte, admitimos que la disciplina se define como “la manera ordenada y sistemática de hacer las cosas, siguiendo un conjunto de reglas y normas estrictas”. Casi siempre son impuestas por alguien de jerarquía superior. Sin embargo, un emprendedor la auto gestiona…

El entrenamiento es “un procedimiento pensado para obtener conocimientos, habilidades y desarrollar capacidades”, su objetivo es obtener la máxima potencialidad para la obtención de resultados concretos.

 La disposición es, la habilidad o la soltura para hacer algo con aptitud, “es estar capacitado para alcanzar algún fin específico”
.

 La libertad que más que un valor es un don que tienen los seres humanos, y se considera como “la capacidad de su conciencia para pensar y obrar según las disposiciones de su propia voluntad”.

Está también la cooperación, cuyo término “alude al acto y el resultado de cooperar: actuar en conjunto para alcanzar un objetivo en común o accionar a favor de los intereses de alguien”.

El trabajo en equipo, “implica la inclusión de más de una persona, lo que significa que el objetivo planteado no puede ser logrado por una sola persona, sin la ayuda de todos los miembros, sin excepción”. 


     Objetivos comunes, reglas claras y por supuesto, aunque no se menciona, la inteligencia, que viéndola a la luz de la filosofía  es mantener una conducta con sentido. Sin inteligencia no se pueden crear estrategias para obtener el éxito anhelado en la práctica de cualquier deporte y por supuesto, en el cambiante mundo de los negocios y de la vida misma.

     Recién está comenzando  el primer  medio tiempo del año 2019 que sin  prisa pero sin pausa, avanzará  vertiginosamente comiéndose los segundos, los minutos, las horas, los días, las semanas  y los meses. Y en la vorágine y el bregar de éste año, vale la pena hacer un alto en el camino y evaluar todo aquello que se ha hecho en todas las aristas  de la propia vida, pero por sobre todo en el ejercicio de una profesión u oficio concreto, para analizar si se ha avanzado inteligentemente, es decir;  si todo lo que se ha hecho tiene sentido y le da sentido a la vida, para ver si el decir es coherente con el hacer y, de esta forma no hacerse acreedor a lo planteado  por  Emerson en una de sus máximas: “Lo que haces suena  tan alto, que no me deja escuchar lo que  dices.”
He ahí, la importancia de las acciones que se emprenden o dejan de emprender, en virtud que las mismas tienen que estar enmaridadas con lo que se dice y poder así alcanzar el empoderamiento.

     ¿Es coherente lo que se dice con lo que se hace? ¿O simplemente es un juego de palabras, en la  búsqueda del sinsentido de la vida? Esta pregunta abierta y pública que todas las personas que buscan la excelencia deben hacerse, a fin de obtener una respuesta objetiva que permita tomar las medidas anticipativas, adaptativas y correctivas en la tentativa de la empresa. 
Es importante recordar que en el juego de la pelota hay dos clases de personas: Los que se encuentran en la cancha rompiéndose el alma, dando el todo por el todo y los destinatarios del partido, los primeros son los trasformadores de las  realidades y los segundos simples espectadores, los primeros son aplaudidos, los segundos están ahí casi siempre  para aplaudir o en el peor de los casos, para transgredir las buenas costumbres o juzgar, criticar y proferir palabrotas de grueso calibre por todo y por nada...

     En el ejercicio de una profesión u oficio concreto  ¿De qué lado se está? En la cancha o en los alrededores, los que saldrán a la cancha saben que tienen un objetivo común y que es anotar más goles y consecuentemente ganar el partido.  Pero para tener éxito en el establecimiento de ese objetivo, esos transformadores son disciplinados, se entrenan asiduamente, adquieren la disposición sobre sí mismos, por tal disposición: la superioridad, y por la superioridad: libertad, cooperación, objetivo común, trabajando en equipo dejando por un lado los individualismos.

     Los que están a los alrededores viendo las cosas pasar,  casi siempre son aquellos que no emprenden, que no trabajan, que no actúan, son aquellos que critican y exigen, son aquellos que lejos de aportar una solución son parte del problema, son aquellos que con sus actitudes están construyendo la plataforma para deslizarse y estrellarse sobre el frío bloque del fracaso; al que  tarde o temprano llegarán, sin duda alguna más temprano que tarde.
Ellos; traen al recuerdo una máxima leída en un rótulo instalado en  algún lugar de la Ciudad de Guatemala hace ya muchos años; tenía la siguiente expresión:“Antes de criticar y exigir hay que trabajar, crear y cumplir.” Un argumento de permanente actualidad y podría cobrar vigencia en cualquier sociedad a la cual se pertenezca; puede aplicarse al hogar, al trabajo, a la escuela, colegio o universidad,  al grupo de amigos con quien se tiene algún pasatiempo en común, o al grupo de la iglesia desde donde se participa en algún apostolado y en donde se cuenta con una visión, una misión, valores y objetivos comunes para llevar a la práctica.

     Los valores humanos encontrados en el juego de la pelota, son  una fórmula simple pero vigorosa, por medio de la cual se puede alcanzar el éxito en la tentativa de cualquier iniciativa, o en el peor de los casos el funesto fracaso al ignorar u omitir los mismos.

     En uno de los libros de León Tolstoi hay una pregunta de fondo que podría servir de base para filosofar sobre lo que los hombres y las mujeres de buena voluntad hacen sobre la faz de la tierra:

“¿Para que viven los hombres?”



Fuente bibliográfica:
Theo Theobald y Cary Cooper, ¿Jugar al Fútbol o hacer Negocios?, 2005, Editorial Kogan