En Guatemala; por ejemplo, desde tiempos
remotos, muy remotos, el bien y el mal se enfrentan en cada vuelta de esquina,
por eso, vivimos entre el claroscuro ese que se da, entre la luz y la
oscuridad; el interés frente al desinterés; los valores humanos y cristianos,
frente a los anti valores; el servicio a los pobres y desposeídos, frente a la
política del garrote, el racismo, la aporofobia, y la corrupción de las
costumbres que degrada hasta el tuétano las realidades temporales: política,
economía, familia, ciencia y cultura.
Ante esa degradación extrema;
especialmente en las profesiones u oficios tan antiguos; muy parecidos al
primero de la humanidad, parafraseando a míster Ronald Reagan; actuando de
manera trabajosa con la misma soltura. Las mil y una sectas religiosas
farisaicas de corte neopentecostal, sionistas cristianos que oran en favor de
las guerras para congraciarse con el imperialismo de turno, y universidades
patito que prestan sus brazos y sus púlpitos de continuo, como bastiones y
bastones para mantener el equilibrio en la era del desequilibrio democrático,
llevándonos entre las pezuñas hacia una profunda crisis social, política y
económica.
Entre el hecho y el acecho, nadie se
pronuncia fuera de redes sociales, por temor a ser crucificados un viernes
cualquiera, por los Anás, los Caifás, los Barrabás, los Herodes y los Pilatos
que reinan en las instituciones públicas inquisitoriales.
¡Eh ahí la neutralidad ante la injusticia!
No obstante; no actuar, cuando
se debe actuar, se convierte en una forma de complicidad. Volviéndose la omisión,
ética.
Para no habitar esos pestilentes y
tétricos lugares del infierno, que, con nuestras decisiones nosotros mismos
construimos; los puntos críticos e inestables, “a ojos vistas,” exigen
decisiones políticas de parte de líderes políticos probos y, una auditoría
social de parte de una ciudadanía también proba y digna.
No olvidemos que la
neutralidad amodorra la conciencia y quien no elige, permite que el mal elija
por él o ella…
A manera de conclusión, veamos otro punto
de vista, dando una mirada existencialista al párrafo anterior, permitiéndonos
reconocer que, el ser humano está condenado a elegir. Incluso cuando decide no elegir
ya hizo una elección.
La neutralidad entonces; no es
una práctica inocente, sino evasión de una ética de la responsabilidad.
“¡Tacere est abdicare!
Jlriveirof