En el marco de la celebración de la “semana
grande” es motivo digno de reflexionar en torno al camino de la cruz impuesto a
Jesús de Nazaret por los teólogos y maestros de la ley en insensato contubernio
con las autoridades romanas. Retrotrayendo el pensamiento a los tiempos
pretéritos he visto con especial atención
ese recorrido que el pueblo guatemalteco
hace para conmemorar y revivir todo lo que Jesús padeció en su itinerario, desde su aprehensión en el
Getsemaní hasta el Gólgota.
Durante su ministerio Jesús fue una buena
noticia, antes de predicar la buena noticia por los pueblos de la Palestina del
siglo I de la era cristiana y darles a conocer el reino de su Padre. Durante
ese ministerio curó enfermos, hizo caminar cojos y paralíticos, resucitó
muertos, a los ciegos les devolvió la vista, a los sordos el oído, saco
demonios, hizo callar al mar porque también fue Señor de los elementos, convirtió el agua en vino y multiplicó los
panes y los peces. Según el evangelista Marcos “todo lo hizo bien”. Ese fue su modo particular de enseñar las
buenas noticias.
En su corto itinerario del pretorio romano
hacia el Gólgota, unos 800 metros aproximadamente desde que traspasó la puerta
de Efraín todo cuesta arriba en un camino agreste, “Él Hijo del Hombre” predica
de otro modo, muy diferente al de los predicadores que gustan de la teología de
la prosperidad, no detrás de púlpitos en templos esplendorosos y
ostentosos, sino al aire libre como fue
su inveterada costumbre, solo que ahora lo hace con una pesada cruz sobre sus
hombros y una corona de espinas en la cabeza; mientras los soldados
romanos le daban de latigazos y
traspiés; con el beneplácito de “los sepulcros blanqueados” que sin duda celebraban el haberse quitado
una pesada cruz de encima. Aun así, Jesús predicó por el camino.
¡Crucifícalo, crucifícalo! Fueron
las palabras de los sumos sacerdotes y la chusma fuera del Pretorio cuando vieron
a Jesús junto a Pilato, el primero coronado de espinas y con un viejo manto
color púrpura sobre las espaldas que contrastaba
con las ricas vestiduras del pretor
romano, quien en actitud de suma cobardía lo entrega para ser
crucificado. Jesús, no se acobarda ante
esa decisión, actitud que debe
asumir el pueblo guatemalteco ahora
que sigue siendo crucificado por la clase política parasitaria que le impone una pesada cruz y
una filuda corona de espinas a sus pobladores en materia social, política y económica. Estamos siendo “coronados de espinas” cuando
los “poderes temporales” del estado despilfarran a manos llenas el dinero de la nación y obligan a la clase trabajadora a cubrir
a sus hijos con ropa vieja
importada de la Roma imperialista de este tiempo, los Estados Unidos de Norte
América, poco a poco nos estamos
convirtiendo en unos ropavejeros…
Esa es la cruz que debemos cargar
todos los días los guatemaltecos y al
igual que Jesús debemos cumplir con la misión a la cual nos debemos desde
nuestras particulares profesiones u oficios para sacar a nuestros hijos, a
nuestras familias y a la nación adelante. ¡Aunque nos estén clavando! Es una
cruz demasiado pesada, pero aun así sigamos caminando sabiendo que por el mismo
peso de “esa cruz” en más de una oportunidad caeremos también nosotros por el
peso de la misma, no una, sino dos o tal vez tres, como cayó Jesús. Sin embargo, levantémonos, tomemos nuestra
cruz y sigamos adelante. Recordemos que “una de las más grandes glorias del ser
humano no reside en no caer nunca, sino en levantarse cada vez que se cae.”
La ingobernabilidad que se vive en el país es
también parte del peso de nuestra cruz, cuantas madres lloran desconsoladamente la
muerte de un hijo cobardemente asesinado, cuantas esposas y cuantos hijos lloran la perdida de
sus esposos y padres de familia, cuantos pilotos de buses urbanos y extraurbanos son
víctimas de la violencia, cuántas mujeres aparecen tiradas degolladas,
baleadas, violadas y amarradas en ríos, caminos y barrancos. Y aun así el
recién estrenado presidente de la Republica dice que el índice delincuencial ha
decrecido en los primeros meses de su mandato. Ante ese desborde de entusiasmo
recomiendo lea El Príncipe, Nicolás Maquiavelo expresa en él que “el primer
mandamiento de un político es ser realista, conocer las circunstancias y
adaptarse a ellas”…
¿Hasta cuándo cesarán tus lamentos pueblo de Guatemala?
En el camino hacia el calvario, según la
tradición Jesús se encuentra con su madre, cruzan las miradas, la ve triste y afligida y ella lo ve sangrando
por la flagelación que fue objeto; más tarde lo tendrá entre sus brazos sin
vida, igual que todas aquellas madrecitas que tienen que reconocer y recoger a
sus hijos en la morgue de algún hospital, algún cementerio clandestino y llevarlos
después a otro lugar para darles cristiana sepultura.
Le seguimos sumando más peso a
nuestra ya pesada cruz, podríamos
sucumbir ante ella y no levantarnos
nunca más. Jesús en su camino hacia el
patíbulo se encontró con Simón de Cirene que fue obligado a ayudarle a cargar el
madero, aunque se muestre indiferente, le ayuda por el camino.
¿Cuántas veces nosotros le hacemos de cireneo
para ayudar a nuestro prójimo? Ayudando a cargar esa pesada cruz que el sistema corrupto ha impuesto
sobre sus hombros o en su defecto aunque
sea como Verónicas para que al menos podamos limpiar o acariciar un rostro
surcado de arrugas prematuras, causadas por el dolor, la pobreza extrema, la
falta de oportunidad y el sufrimiento que en Guatemala es el pan nuestro
de todos los días…
¿Cuántas lágrimas hemos derramado
en este vía crucis? las pisadas del Maestro y las del pueblo
guatemalteco en este itinerario eso
causan. Evocan sentimientos por los
tiempos pasados que dicen las abuelas que siempre fueron mejores, provocan cambios sustantivos y
colectivos y convocan al arrepentimiento
y al cambio de vida.
Si el evangelista San Lucas
tuviera que describir lo dicho por Jesús
en el camino de la cruz en este tiempo
presente escribiría: “Mujeres de Guatemala, no lloren por mí, lloren más bien
por ustedes y por sus hijos. Porque llegará un día en que se dirá: ¡Dichosas
las estériles, los vientres que no concibieron, los pechos que no amamantaron! Lc
23, 28-29.-
¿Acaso llorar no es lo que hacen las mujeres de este país
desde hace mucho tiempo?
Llorando y gimiendo por la
desaparición forzada de sus esposos e hijos durante el enfrentamiento armado
interno. Gimiendo y llorando por tanto
esposo e hijo que se ha tenido que ir al norte en búsqueda de la tierra prometida,
pero lejos de encontrar una tierra que “produce leche y miel” se ha encontrado
con una tierra que explota, exprime,
usurpa, expolia, maltrata y después denuncia y expulsa al depauperado inmigrante.
Esa es la tierra cuyos pobladores rezan
“In God We Trust”, confían en un dios
dicen, pero de algo estoy seguro, no es
el Dios de Jesucristo…
¿Qué hacer ante tal crucifixión?
Cuando Jesús estaba clavado en la cruz en
medio de dos malhechores dijo: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que
hacen.” (Lc 23, 34). Cristo estaba sufriendo, muriendo en esa cruz, sin embargo
pide el perdón para los transgresores, caso contrario de lo que hacen hoy día
algunos padres y ex padres “putativos” de la Patria al pedir la pena de muerte
como disuasivo de la problemática que nos abruma, más bien creo el tema está
siendo tratado como cortina de humo para soslayar a corruptos y corruptores que
nos hunde a fondos inimaginables. ¿Acaso fueron disuasivos los fusilamientos en
tiempos del generalísimo Efraín Ríos Montt cuando des-gobernó de facto el Estado?
En este tiempo Jesús diría perdónalos
Padre, aunque ellos sí saben lo que hacen: Enriquecimiento ilícito, nepotismo,
permisividad, tráfico de influencias, autoritarismo, dobletes debajo de la
mesa, compra anticipada de votos, falta
de medicamentos y desfalcos en los
hospitales, pupitres en las escuelas y verdaderos maestros con vocación de servicio y no rémoras, holgazanes y huelgueros, motivados por
intereses espurios, sin importarles la instrucción de las “pobres y desposeídas”
clases sociales. Viajes al exterior de funcionarios públicos con todo y “ujieres,
asistentes y secretarias” con gastos pagados
con el dinero del pueblo entre un
largo etcétera, diputados que se cobran “en especie” las plazas que han
procurado a mujeres deseosas de obtener un empleo acorde a sus necesidades y
muchas cosas más que pasan “en la
verde Guatemala” que si se escribieran
no alcanzaría todo el papel del mundo para hacerlo.
Cristo muere en la cruz, es
bajado de la misma y es puesto en los brazos de su Madre que llora
desconsolada, como lo hacen todas las madres todos los días ante circunstancias
similares. Del nacimiento a la tumba descansa en lugares prestados, primero en
un pesebre, después en la tumba que
pertenecía a José de Arimatea (Mc 15, 42-46).
Cristo resucitó al tercer día
según las Escrituras. A las líneas paralelas nacionales y transnacionales el
evangelista San Mateo les diría hoy: “¿De qué le vale al hombre ganar todo el
mundo si pierde su vida?
jlriveirof
