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La frase que
antecede, la presté de Oseas, un profeta que ejerció su ministerio en el Reino
del Norte, entre los años 782-753 a. C. En un espacio de tiempo en que la mayoría de habitantes del reino de Israel, vivían una vida contumaz, dadas las
costumbres que habían adoptado de los pueblos cananeos. Infieles con el Dios de
sus padres, adoraron a Baal, a quien le rindieron pleitesía, lo que les trajo consigo,
padecer los embates de una problemática social,
política, religiosa y económica de grandes envergaduras.
En el orden socio económico, con la paz
vino la prosperidad, pero también diferencia social, lujo desmedido, confianza
en los bienes de producción de la
tierra, la descomposición de sus costumbres ancestrales y una marcada
diferencia entre ricos y pobres.
En el orden político; después de la
muerte de Salomón, se dividió el reino de Israel en dos, se les impuso
duras cargas impositivas y sufrieron la amenaza extranjera de otros pueblos, especialmente
de parte de Asiria y alianzas políticas inadecuadas que hicieron.
En el orden religioso: creció la idolatría
y la descomposición moral y religiosa.
A la muerte de
Jeroboam II, empieza la decadencia del reino y en los próximos treinta años, habrán
cuatro dinastías por asesinato y usurpación del poder; es entonces, cuando la buena
gobernanza, la prosperidad, la justicia, la gloria y la paz, pusieron pies en
polvorosa, lo que trajo consigo, aparte
del cautiverio, tristeza y pobreza;
tanto material, como espiritual.
Las consecuencias
de los actos de estos déspotas son cósmicas, porque no solo afectó a los
gobernantes, sino también a los gobernados.
Ante esa realidad religiosa, económica, política
y social, Oseas, acuñó la frase que
antecede: “quien siembra viento,
cosechará tempestades”. (Oseas 7, 8)
Una frase que me permito sonsacar de su contexto histórico, para dilucidar
una situación más o menos similar a la nuestra, haciéndola transitar del tiempo
bíblico aquel, a éste que estamos viviendo en la Guatemala del siglo XXI, en
plena era postmoderna.
De los acontecimientos vividos en ambos
contextos podemos observar la repetición de algunos sucesos: los reyezuelos de
Israel, en su avidez por el poder y sus derivaciones, se parece en mucho a los gobernantes
guatemaltecos, elegidos popularmente durante la era democrática; que vivieron y
se desvivieron por “la guayaba”, importándoles
un comino la suerte que les tocó sufrir a sus connacionales.
En aquellos tiempos como en éste, algunos mantuvieron
dividido al pueblo por sesgos religiosos. Sin temor a equivocarme, pusieron en
práctica aquella frase utilizada por el gobernante romano Julio César y Napoleón: “ divide y
vencerás” o “divide y reinarás”. Porque eso es lo que han hecho hasta el día de
hoy, validando e importando sectas neopentecostales extranjeras, especialmente
de los Estados Unidos de Norte América, agresivas, divisorias y polémicas, con
tal de tener dividida a la población.
Valga recordar la
nefasta época del gobierno de facto del genocida general Efrain Ríos -de
sangre- Montt, un fanatico religioso, que los domingos obligaba a escuchar sus
mensajes pseudo evangélicos y moralistas en la radio y la televisión, mientras sus
adláteres en la Guatemala profunda, diezmaban a las poblaciones indígenas,
acusadas de subvertir el orden legal establecido. Amén de los clérigos
católicos, catequistas y ministros extraordinarios; que sufrieron atentados, persecución
y muerte, solo por anunciar la buena noticia y denunciar las injusticias que
éstos cometian asiduamente.
Otro fanatico
religioso, Jorge Serrano Elías, aprendiz de dictador, que quiso disolver todos
los organismos del estado; hoy, se encuentra prófugo de la justicia
guatemalteca y se esconde en Panamá, en donde fue bien recibido, junto a todos
los millones de dinero que se le huntaron en las manos, mientras gobernó
Guatemala.
Y el último de los
fanáticos religiosos Jimmy Moralejas, –espero– vinculado con chafarotes –militares de alto rango sin
cultura– el poder detrás de la silla presidencial, acusados casi todos por deberes contra la humanidad, y la Alianza Evangélica que ve en él, a una
especie de “ungido” de parte de Dios, para gobernar Guatemala. Una chafarrinada en
su actividad pastoral, que deja mucho
que desear.
Este Presidente ha sido el más escrutado
por la población, periodistas, políticos,
organizaciones nacionales y
extranjeras y oficinas de derechos humanos,
por los errores y horrores que comete casi a diario en su gestión. El que más demandas y solicitudes por quitarle
el derecho de antejuicio ha acumulado en la historia de la era democrática en
Guatemala, y conocidas en el mundo entero.
La última, que lo
tiene en vilo y que tiene indignada a
toda la población, son los abusos sexuales de su parte, supuestamente cometidos
ante varias trabajadoras del estado, en insensato contubernio con algunos
funcionarios de estado, que
arrastrándose con el pecho desnudo en el deshonor, han fungido como una especie de “celestinas”, facilitando esos encuentros amorosos, en perjuicio de la mujer pobre
y trabajadora, que teme por su vida y su dignidad y por eso no demanda.
De estos tres “reyezuelos”, uno ya mora en
el Sheol –según los textos veterotestamentarios, el Sheol es un lugar de
sombras, una especie de fosa común, para las almas rebeldes olvidadas, que
mueren en pecado– y los otros dos se desviven por ser vistos en
público orando y llorando, levantando las manos al cielo, viviendo de espaldas
al evangelio de Jesucristo, que es a quien dicen seguir; sin embargo, sus obras
se encargan de dejar al descubierto su falso engaño; y sus prácticas de la fe, la esperanza y la
caridad; evidencian de manera concluyente que su dios no es el Dios de
Jesucristo, a quien han negado, para adorar
a otros dioses; como:
Mammón, el dios de las finanzas especulativas, la avaricia, la codicia y la usura.
Afrodita, la diosa del amor.
Dionisio, dios del
vino y el extasis sexual.
Eros, responsable
de la atracción sexual, el amor y el coito.
Puta, la diosa de
las orgias sexuales y el dinero. Esta diosa, prácticamente era vendida, pues
Dionicio que usurpaba las funciones de las celestinas, organizaba las orgias y cobraba a los invitados, por los placeres venereos con
los que se deleitaban.
Judas Iscariote,
santo patrón de políticos y prostitutas.
Estos son los
dioses, ante los cuales la mayoría de politicastros se inclinan muy a menudo, para adorarlos.
Siguiendo con el hilo conductor del
pensamiento de Oseas, ya en la era cristiana, el apóstol Pablo, también pensaba
igual cuando les dice a los habitantes
de Galacia, hacía el año 57: “lo que uno
siembra eso cosechará. Quien siembra para los bajos instintos, de ellos
cosechará corrupción”. Gálatas (6, 7-8) ¿y cuáles son esos bajos instintos?
“Fornicación,
impurezas, libertinajes, idolatría, hechicería, odios, discordias, celos, iras,
ambición, divisiones, disensiones, rivalidades, borracheras, comilonas y cosas
semejantes”. Gálatas, 5, 19-21.
¿Acaso no son esos los vientos que
sembramos para problematizar nuestra propia vida y la de los demás? ¿Acaso no
ha sido corrupción lo que han cosechado nuestros gobernantes, y sus achichincles, en el gobierno de la
nación?
Especialmente ellos,
que lejos de esconder sus espurios intereses de medrar en el ejercicio del
poder, salen con la frente en alto sin ocultar sus felonías.
Valga recordar el caso aquel de un diputado
fornicador, que utilizó el parqueo del Congreso de la República, como motel; a quien encontraron con los pantalones a media
asta y fornicando a pierna suelta en el
interior de su vehículo.
Como olvidar al gobierno de la mano dura y
uñas largas, por haber saqueado al estado de forma colegiada; hoy, la mayoría de ellos, guarda prisión. Sembraron viento, ahora están cosechando tempestades. Sembraron para los
bajos instintos, en palabras de Pablo el apóstol; y de ahí cosecharon de forma
abundante corrupción.
Por eso no pidamos peras al olmo, mientras
no se haga un aggiornamento a la ley electoral y de partidos políticos,
seguiremos votando por esa desprestigiada “raza de víboras”que han sangrado,
sangran y sangrarán en tan alto el presupuesto de la nación.
Simple y llanamente; seguiremos sembrando
viento, para cosechar tempestades.
Santo Domingo de Cobán, 16 de Julio de 2018
Fuentes:
La BIBLIA de NUESTRO PUEBLO
Panorama Bíblico, Fr. Fernando
Zarazúa, O.S.A.