domingo, 5 de mayo de 2019

¡Ecce Homo! ...



Jlriveirof

     La frase latina ecce homo; significa “este es el hombre” o “he aquí el hombre”, y fueron presuntamente las palabras que Poncio Pilato externó cuando presentó ante la chusma a Jesús; poco tiempo después que éste sale del cenáculo de Jerusalén al filo de la media noche, y  junto a Pedro, Santiago y Juan, se dirigió a un huerto en el valle del Cedrón, al pie del monte de los olivos, trío de discípulos  que minutos después serían reprendidos por dormirse en vez de dedicar al menos una hora de oración bajo aquella pléyade de estrellas, que iluminaban las gruesas gotas de sangre que mezcladas con el sudor del Maestro, salían por los poros de su rostro y caían en tierra.
Un padecimiento que hoy día se conoce con el nombre de hematidrosis y que deviene a una situación de máximo estrés,  que se da al saber con certeza que la mujer del alba acompañada de su guadaña acecha los pasos. 
Unos pasos que Judas el traidor venía taloneando, junto a los polizontes del templo, quienes lo apresaron después de la implosión del  beso hipócrita que el patrón de los politicastros de este tiempo presente, Judas,  atestó en las mejillas de Jesús,  en el explosivo contexto que en el día de pascua se había creado en la comarca de Jerusalén, para ser  llevado ante el sumo sacerdote Caifás...

     En ese intento sucinto por elucubrar sobre el pasado; vemos entonces, a partir de ahí  a Jesús, yendo y viniendo  de Herodes a Pilato, como hoy día reza ese refrán popular. Poco después que inmersos en la negrura de la noche, como actúan hoy día los malhechores en los tres poderes del Estado de Guatemala,  el Sanedrín  lo declarara <<reo de muerte>> por haberse proclamado <<Mesías,  hijo del Dios Altísimo e Hijo del Hombre>>.
En ese orden, los “sepulcros blanqueados” ya habían planeado todo el artificio para que no hubiera lugar a dudas en la ejecución sumaria y plenaria que pretendían ante el pretor romano, y deshacerse de él a la mayor brevedad posible; y al día siguiente es llevado al lujoso y extravagante palacio y fortaleza en donde Pilato se recreaba para las fiestas judías, presumiblemente para mantener la ciudad en orden para esos días.
Ahí tiene un encuentro personal con aquel Jesús maniatado, abandonado inclusive por su <<Abba>>, durante una calurosa mañana veraniega del mes de abril del año 30. Jesús un reo ya vencido en juicio por los religiosos de la época, y Poncio Pilato en representación del poderoso imperio romano.
Jesús conocido por la misión de su predicación y Pilato por ser proclive al “soborno, injurias, robos, atropellos, daños injustificados, continuas ejecuciones sin juicio, y una crueldad incesante y muy lamentable”, según escribió Filón de Alejandría de él, y para no quedarnos cortos en la adjetivación que éste escritor  hace, Flavio Josefo tampoco se queda corto; y lo describe como alguien carente de tacto,    insensible de las prácticas  religiosas del pueblo judío, y por su capacidad de respuesta pronta y cumplida para reaccionar con métodos bastante brutales para controlar a la chusma.

     Conociendo entonces de forma gradual al pretor romano,  podemos precisar que eso tampoco lo hace predecible, y así lo demuestra en el juicio que lleva a cabo para conocer el caso de Jesús al día siguiente muy de mañana, cuando de forma inquisitorial se sentó en su silla para impartir justicia en el caso en cuestión.  “Escucha la acusación, interroga al acusado, evalúa la culpabilidad y dicta sentencia”   -página. 385 Jesús, Aproximación histórica, José Antonio Pagola- Entretanto lo manda azotar, presuntamente fueron 200 azotes provenientes del flagelo de los verdugos, -flagrum romano- que cayeron sobre su endeble  humanidad. 
Como si eso fuera poco los soldados entrelazaron una corona de puntiagudas espinas y se la sumieron en las sienes, lo revistieron con un manto rojo y lo abofeteaban...
En ese estado calamitoso en que lo dejan, Pilato viene y lo presenta a la multitud diciendo “ecce homo”, mientras los sumos sacerdotes y los polizontes del templo gritaban que lo crucificara… -Juan 18-19-

     La expresión de Pilato ecce homo, ha dado lugar para que dentro de la iconografía sagrada se le bautice precisamente con ese nombre al sinfín de pinturas que diversos  artistas han plasmado en su lienzo; perpetuando a través del arte ese momento histórico cuando Jesús fue <<condenado a muerte durante el reinado de Tiberio por el gobernador Poncio Pilato>>. Por parecerles peligroso en extremo, y porque criticaba de forma radical el sistema que imperaba en aquel tiempo.
De esa suerte,  artistas como Antonello, El Bosco, Alberto Durero, Tiziano, Juan de Juanes, Caravaggio, Rubens, Jan Cossiers, Guido Reni, Murillo, Daumier y Mihály Munkácsy entre otros, han  plasmado en su lienzo la figura doliente del Cristo moriente, durante aquel juicio perverso perpetrado entre el poder político y religioso en el año 33 de la era cristiana.

     Sin embargo, ningún pintor ha sido capaz  de  captar al Ecce Homo del profeta Isaías; aquel que él visualizó en el siglo VIII  antes que el cuestionado Pilato se lavara las manos y lo mandara crucificar,  cuyas características aparecen descritas en el cuarto cántico del siervo, en donde se explicita de forma categórica la condición de sufrimiento infligido, a quien profetizó como a alguien de quien muchos se espantarían, porque desfigurado no parecería hombre, sin aspecto humano, desecho de hombre, varón de dolores, herido y molido por nuestras culpas, oprimido, humillado y quebrantado con dolencias, traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes, maltratado…. –Capítulo 52-53 Isaías-

     Veinte siglos después, <<Jesucristo,  en sus fieles, -como dijo Blaise Pascal-  se encuentra en la agonía de Getsemaní hasta el final de los tiempos>>. Sigue siendo triturado y molido a perpetuidad; solo que ahora ya no es dibujado al óleo por artistas de renombre, sino desdibujado en la figura escuálida del ecce homo guatemalteco, a quien le robaron la niñez y la adolescencia, la  instrucción y educación, para ser explotado por la empresa, la industria y el comercio. 
Se hace presente en la mujer raquítica, que con cinco hijos desnutridos y uno en el vientre llega a la hora de la molienda a trabajar de sol a sol, para recibir después un misérrimo salario, para ser decomisado por un marido tosco y vicioso y ser gastado en algún antro de mala muerte, de los muchos que abundan en la periferia de nuestros pueblos.
 Ecce homo;  también está presente en  los cientos de miles de cadáveres in fieri que deambulan por las calles de nuestras ciudades, tocando puertas para mendigar aunque sea un mendrugo de pan o las sobras de la mesa, indignas incluso del perro de la casa a quien no le falta la libra de concentrado  de forma diaria y continuada en su plato, a una hora previamente establecida. Así como también, en las decenas de hombres y mujeres que mueren todos los días  blandiendo sus desgracias, postrados en algún hospital o centro de salud, de esos que brillan por la ausencia de personal médico y paramédico,  sulfatiazol y creolina al menos, para desinfectar las heridas de esos depauperados que necesitan más y mejores  atenciones...

     Lo anterior expuesto se lo debemos agradecer al sistema político incompetente y rapaz que impera en Guatemala, representado por el peor de todos los bandidos, “que es el político trapacero, granuja, corrupto y servil que tiene a todas las instituciones del estado a su servicio, en virtud del pillaje,  los robos y atracos que en ellas, a diario cometen a mansalva…

     De continuar las cosas así, a Jesucristo entonces, lo tendremos en la agonía del Getsemaní hasta el final de los tiempos…