Jlriveirof
A guisa de preludio
La historia compartida en este articulo
es real, sin embargo, los nombres son imaginarios, con la única intención de
proteger la privacidad de un padre de familia, que me abrió las puertas de su
hogar, para hablar de un tema concreto. Un seguro de vida programado, para
arquitecturar el porvenir de él y su familia.
Era una tarde-noche de un día cualquiera, cuando contacte por la vía
telefónica al Señor Alfredo Molina, referido reciente de un amigo mutuo. Después
de las pertinentes presentaciones, le hablé del motivo de mi llamada, convenimos el día, la hora y el lugar en
donde nos veríamos, y en el momento oportuno, llegué tal y como lo acordamos. Toque a la vieja
puerta de nogal, de la entrada principal
de la casa de la familia Molina Müller. Fuí recibido por una mucama de avanzada edad y
mediana estatura, queckchí, quien me saludo en su idioma materno. Para
sorpresa suya, respondí el saludo en su mismo idioma, bromee con ella y entre risas, me acompaño hasta una pequeña oficina casera que se
encontraba aislada del resto de la casa.
Advertí que el Señor Alfredo Molina, se hizo esperar, como un alarde de
importancia, quizás, para que yo tuviera ocasión de observar algunos logros
académicos y deportivos con el club Cobán Imperial, cuyos diplomas pendían en
una de las cuatro paredes del lugar. Su
pizada firme y su saludo vigoroso interrumpió el silencio que reinaba en el
lugar. Señor Riveiro, inquirió, ¿para que le soy útil? Él sabía el objeto de mi
visita, en virtud que ya lo había explicado por la vía telefónica, la tarde
noche que lo contacte. Sin embargo, se hizo el desentendido. Me invito a
sentarme en una silla que él jaló y que puso frente a un escritorio de madera, que según me dijo, con
cierta ínfula de orgullo, él mismo lo había construido, en sus ratos de ocio,
por ser aficionado a la carpintería.
Creé
el contexto adecuado, raport, diría un psicólogo y comencé con una platica de
ventas, bien articulada, indagando respecto de lo que podría ser su interés
asegurable. Mi reflexión, siempre ha
sido filosófica, mediante el diálogo socrático, siempre llego al meollo del
asunto, e intento remediar la visión del futuro, “sí y solo sí”, quien
me escucha, acepta las consabidas
recomendaciones. Condición sine qua non para evitar grandes catástrofes
de tipo económicas, si llegara a faltar
el sostén de la familia.
Conjuntamente describimos la problemática, que se deriva de una muerte
que no se espera. Coincidimos que el problema del problema, no es la muerte en
sí, sino la falta de previsión, ante esas eventualidades: no se cuenta con
dinero suficiente para hacerle frente a la mujer de la guadaña, cuando ésta se presenta sin tarjeta
de presentación ni invitación previa. Difícilmente se tenga un lecho en algún
cementerio. Son muy pocas las personas que tienen preparado su funeral. Nadie
está preparado psíquicamente para aceptar la pérdida.
Uno a uno enumeramos las emociones,
que fluyen, cuando los grandes riesgos de la humanidad rondan nuestra
existencia, y que se derivan de una muerte prematura, una vejez prolongada, una
invalidez total y permanente, un desempleo temporal, una enfermedad grave:
infarto del miocardio, derrame cerebral, cirugía arteriocoronaria y cáncer.
Dentro de esos sentimientos negativos que pueden aparecer y que pueden
ocasionar vacíos existenciales, enumeramos varios, como: ira, frustración, miedo, depresión, negación,
entre otras.
Negros nubarrones obnubilaron el
porvenir. Y, ¿ahora que podemos hacer? Me pregunta el interlocutor.
Analizamos la situación; examinando las opciones con las que contamos
para resolver el problema, y nos
percatamos que, el entrevistado carece de ahorros suficientes, para hacerle
frente a estas circunstancias desfavorables. No posee un capital lo
suficientemente sustancial, trabajando a su favor y que le permita una renta a
futuro, por concepto de intereses. El
seguro social del que dispone, es obsoleto he insuficiente, gracias a los
políticos corruptos, que han medrado ilícitamente con los dineros del Instituto
Guatemalteco de Seguridad Social. –IGSS- Toda su familia depende económicamente
de él y la deuda social no le permite progresar. Como
si lo anterior fuera poco, tiene la casa hipotecada, debe el vehículo y posee
un par de tarjetas de crédito que le causan insomnio de vez en cuando.
Con estos datos en el papel, contemplamos el diagnóstico, dando un
segundo ver al panorama obtenido: problemática, emociones, análisis de la
situación. Una vez más, contemplamos el contexto creado, y concluimos que solo
mediante una póliza de seguro de vida, como instrumento financiero completo,
podemos salvar a su familia de las grandes catástrofes financieras que se podrían presentar.
Sólo una poliza de seguro de vida, puede darle a su familia un surplus de
calidad, para obtener un plus valor, que permita a la misma, salir avante y
cumplir con sus sueños, anhelos y esperanzas, esté o no esté usted, físicamente
en este mundo. Y, partiendo de ahí, le demostré como alcanzar el equilibrio, físico, mental y espiritual;
que sobreviene al tener uno o varios seguros de vida, vigentes…
No obstante, haber estado de acuerdo conmigo; empezó a refutar a diestro
y siniestro; como queriendo evadir su responsabilidad ante una familia que cree
y confía en él, elucubrando que esos avatares de la vida, son inciertos y que
probablemente, no tocarán a su puerta,
al menos todavía no, para importunarlo.
Su esposa no necesita un seguro de vida
como éste increpe, sino su viuda en potencia y en latencia. En crisis y en
lisis. Ante las mil y una objeción que externo, mientras yo con un computador,
arquitecturaba su porvenir, dando respuesta a las preguntas más obvias.
Amigo de la tautología el Señor Molina,
repetía una y otra vez la misma objeción.
Para concluir, puse a la
filosofía en el umbral de su trabajo, con tres preguntas kantianas: ¿Qué más
necesita saber? ¿Qué puede hacer? Y si desoye mis argumentos, ¿Qué le cabe
esperar? Junto a su familia. En virtud
que, una mala decisión tiene reacciones cósmicas, lo afectarían no solo a él,
sino a su núcleo familiar y a su entorno.
Dos años y pocos meses, pasaron después de esa entrevista. Y en el frío
invierno de un año también cualquiera, recibí una llamada telefónica. Del otro
lado de la línea, una mujer entre sollozos y lamentos, me daba la infausta noticia que el Señor Molina, su
esposo, había muerto.
Murió a causa de un infarto agudo
al miocardio, dos años y pico, después de haber firmado aquella ajada solicitud
de seguro. Rebobine mis pensamientos a ese preciso momento y recordé que mientras
firmaba el cheque correspondiente al pago de la prima, decía entre son de broma
y molesto consigo mismo. Usted, es más terco que la diarrea. Solo por eso le
estoy firmando.
Haber adjetivado mi vocación de
servicio de la forma en que lo hizo, me sacó
en su momento cierto malestar; hoy, una
sonrisa filosófica...
Al final, “el fin santificó los
medios”, como dirían los jesuitas en la ignorante edad media, y esa familia,
salió avante con el importe de una cuantiosa suma asegurada…
Santo Domingo de Cobán, 22 de junio de 2018
