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La visión que sostiene a Isaías al expresar tal término y que
dicho sea de paso sigue siendo actual, es una inminente preocupación por el
compromiso de la paz, que no es ausencia de conflagraciones bélicas sino la
oportunidad que tienen todas las personas para vivir bien, con gloria y en paz,
empezando por el derecho inalienable de contar con un trabajo digno, acorde a
las preparaciones, habilidades y
destrezas de cada quien, una ocupación vista no como un objeto de lujo al que
muy pocos tienen acceso, sino como algo
al alcance de todos y que debe
dignificar al ser humano, por ser éste la fuente de su manutención en común
unión con sus allegados.
La visitación del bufón a la ONU se da a pocos
meses de que concluya su mandato, un mandato sin mandato toda vez que son las
cúpulas corruptas, tanto políticas, empresariales y militares, y que constituyen el verdadero poder detrás de la guayaba, una desventura que terminará con más penas que
glorias, en virtud de que el comercial
que lo llevó a la presidencia de la nación, terminó siendo una falacia y se va
señalado como ultra corrupto e hiper ladrón, dada la profunda inadecuación que se
da entre lo que dijo e hizo a lo largo de estos tormentosos cuatro años de
descomposición social, política, económica, cultural y militar entre un largo e
inacabado etcétera.
Precisamente por ello,
es muy moral y muy del caso, reflexionar en torno a esa frase bíblica externada
por Isaías y que aparece inscrita en la base del monumento en cuestión. La efigie
es emblemática, las lanzas han sido convertidas en instrumentos de labranza, y
ese hecho permite considerar que un pueblo no es más importante ni poderoso por
contar con un ejército inconmensurable y dotado hasta la saciedad con
pertrechos de guerra. Solo será grande por cuanto que, sus habitantes puedan
desarrollarse en el amplio y estricto sentido de la palabra, educarse e
instruirse sin ninguna limitación, que tenga acceso a la salud, la seguridad,
la escuela, el colegio o la universidad, que los puestos y centros de salud tengan
encamamiento y los hospitales en general, estén dotados de personal médico y
paramédico y medicinas y equipos suficientes que permitan salvar la vida cuando ésta
esté en peligro. Que en las escuelas públicas los párvulos cuenten con refacción
escolar, la educación sea laica, gratuita y obligatoria. Y de ser necesario que
el estado con el poder del que abusa, arrastre a todos los niños en edad
escolar, a la fuerza, con rumbo a los centros de educación,
así como lo hizo el ejército en el pasado con el reclutamiento militar
obligatorio, cuando impúberes fueron secuestrados de sus comunidades, de sus
familias y de sus actividades agrícolas para ser preparados para la cruenta
guerra que desangró al país durante treinta y seis bochornosos años…
Esa es la visión
que tiene el profeta cuando infiere la frase en consideración, y precisamente
por ello, es oportuno que al fantoche alguien le explique su significado,
considerando que desde que ocupa la primera magistratura del país se ha
enmaridado con el instituto armado. Cuya cúpula, a imitación de Maximón, lo ha
vestido de verde olivo, con más de una insignia de oropel en el cuello, y para
que le sigan sobando la chaqueta los ha dotado de toda clase de equipos bélicos que ni ellos mismos conocen.
Lo anterior permite considerar y constatar que este falso comandante general
del ejército guatemalteco, ha contravenido los acuerdos de paz que
establecieron en su tiempo su reducción, y en tiempos de paz regodea militares,
que ya desde antiguo han sangrado en tan alto el presupuesto nacional,
convirtiendo a la cartera de defensa la más onerosa del país, como innecesaria,
al menos, hasta que se transfigure en un ejército de servicio para el
pueblo y no contra el pueblo como ha veces suele suceder.
Ese expansionismo
militar y sus gastos, los conoció de primera mano Isaías, a ello se deben sus
análisis de la realidad, mismos que siguen haciendo eco al día de hoy cuando
constatamos que aquella época y la nuestra es distante sí, pero no distinta.
Aquellos
milicianos comandados por Tiglat Piléser III, cuando asume el trono del imperio
asirio, se creían los gendarmes y salvadores del mundo y por eso lo quisieron
conquistar. En ese forcejeo materializó y consumó el pecado estructural, cometió
flagrantes violaciones, vasallaje forzado, injusticia contra los pobres y
excluidos por el sistema, represiones y un exacerbado incremento a los impuestos.
La misma forma en que actúa el gobierno de los EEUU ahora y cualquier gobierno
que ponga por encima de las necesidades primarias de un país, la adquisición de
pertrechos para la guerra.
Isaías fue un
asiduo conocedor de la política internacional de su tiempo, y a diferencia de
los carteristas espirituales de corte neopentecostal de éste, él si anunció la
buena noticia y denunció inclusive con frases lapidarias, sin temor ni temblor
las circunstancias adversas que ocasionó la soldadesca. Eh ahí la razón de la
frase en cuestión. Una frase que, sin duda, nunca, nunca, nunca comprenderá el
presidente guatemalteco, presente para vergüenza nacional y extranjera en la
sede de la Organización de las Naciones Unidas, que haciendo gala de una
comunicación disruptiva, jactanciosa y mentirosa no dijo nada de lo mucho que
quiso decir y por eso, los aplausos provenientes de sus achichincles
constituidos en comitiva presidencial, fueron pusilánimes.
A guisa de
colofón es pertinente preguntar: ¿Por qué no convertir sus pertrechos de guerra
en arados? …
Referencias bibliográficas:
Luis Alonso Schôkel, La Biblia del Peregrino