Por jlriveirof
Las letras que componen este
escrito ya vieron la luz por primera vez en otro blog de mi propiedad, lo he
sacado a la súper carretera de la Web de nuevo, remozado, ampliado y mejorado, atendiendo las recomendaciones que Howard Becker da en su Manual de Escritura para Científicos
Sociales. –No es exclusivo de científicos sociales, es útil para cualquier
persona que pretenda escribir- He
sopesado su pertinencia argumentando las dificultades que existen en esta etapa
post moderna para salir de la zona de
confort y de la abulia y, pensando en la acción que se debe desarrollar en el ejercicio de una actividad laboral
concreta, cualquiera que esta sea. Al igual que Leibniz, me gusta conciliar el
pensamiento y los acontecimientos antiguos con los modernos y es por ello que, en
alguna medida, continuamente me sirvo de los dichos y hechos de personas
notables –y algunas para nada notables- cuyo pensamiento me ilumina e inspira para reflexionar en torno a lo mismo.
En ese caso, induzco una frase atribuida a Sir
Winston Churchill cuando fungía como Primer Ministro de Inglaterra: “ya hicieron lo posible ahora vayan y hagan
lo imposible”, dicho imperativo fue
externado en el contexto de la segunda
guerra mundial; cuando Adolf Hitler contraviniendo todos los tratados
internacionales para la construcción de buques de guerra; ordena construir el acorazado de guerra más
grande del mundo y echa a la mar el orgullo del ejército alemán y terror del
Atlántico. El Bismarck, fue construido para destruir todos los barcos que
llevaban suministros provenientes de los Estados Unidos con rumbo a Inglaterra, si los submarinos alemanes ya
eran un atentado para esos buques, el Bismarck
extremaba la diligencia al sumarse a la destrucción que ocasionaban
los torpederos alemanes.
Incursiona la noche del 22 de
mayo de 1941 cuando se aleja de la costa
de Noruega, haciéndose acompañar del
crucero Prinz Eugen y al amanecer del día 24 del mismo mes, se encuentran con el crucero acorazado Hood,
el veterano más grande de la escuadra británica, al poco tiempo aparece otro
barco inglés: el Prince of Wales; y empieza el enfrentamiento armado con el Hood a la vanguardia contestándole el Bismarck con su batería de cañones de todas
sus torres al unísono, inmediatamente después dirige todo su poder devastador
en contra del Prince of Wales, dejándolo
en poco tiempo fuera de combate.
Entonces, se inicia el
enfrentamiento entre el Bismarck y el Hood, al poco tiempo este último escora a
babor, se arquea y se parte en dos; inmediatamente se hunde hasta desaparecer en
las profundidades del océano junto a su tripulación. Ante este hecho histórico
“el Führer” alemán condecora con la Cruz de Hierro al comandante en jefe de la
artillería del Bismarck, más otros incentivos pecuniarios que el Jefe del
Tercer Reich otorgaba a los que ganaban las batallas.
En este contexto histórico es
cuando Sir Winston Churchill externa lo que para la flota naval y aérea fue un absoluto;
cuando él pregunto porque no habían hundido al Bismarck le contestaron que habían hecho todo lo
posible por hundirlo, pero que había sido imposible concretarlo, a lo que les refutó: “Ya hicieron lo posible ahora vayan y hagan lo imposible” y tres
días después del combate una escuadrilla de aviones peces espadas, atacaron al Bismarck haciendo
blanco en él, uno de los tres torpedos que dieron en el blanco averió el
mecanismo de gobierno del barco inmovilizando
los timones y haciendo que este perdiera la dirección; a la una de la
madrugada otra escuadrilla de aviones torpederos bombardean el barco acorralándolo hasta que llegaron dos barcos de la armada
inglesa: El Rodney y el George V abriendo fuego con cañones de 16 pulgadas,
cuyos proyectiles pesaban mil kilos con una velocidad de media milla náutica
por segundo, con buena puntería todos los proyectiles daban en el blanco, hasta
que el Bismarck levanto la proa y se hundió en ese infierno que era entonces el
océano; cumpliendo así con la misión que Churchill les había encomendado: hacer
lo imposible cuando lo posible no era
posible, hundiendo así la amenaza más grande de Europa y terror de los mares.
Le dieron con todo lo que tenían el 27 de mayo de 1941
y a las 10:39 horas, el acorazado se hundió con la mayor parte de sus
tripulantes, solo unos pocos sobrevivieron entre las olas. Los ingleses no solo
destruyeron el Bismarck, el acorazado de guerra más grande y poderoso del
mundo; sino también el orgullo alemán que les inculcaban desde niños “y que era el fundamento de su vida: la
confianza en que ellos, los alemanes, eran invencibles”. La soberbia y el
orgullo, sin duda alguna las tentaciones más empecinadas de los seres humanos.
Amigos míos; haciendo una analogía con nuestra
empresa, cualquiera que esta sea y, cualquiera que sea el giro de su negocio,
podemos compararla con un buque –de guerra dependiendo del clima laboral- donde cada uno de los que laboramos en su
entorno es un tripulante; y en donde como
gremio somos corresponsables de esa nave, cumpliendo con las planificaciones estratégicas establecidas con
la debida antelación. Si incumplimos con la misión, amenazamos con hundirla y con ella a nuestros compañeros de trabajo; quizás, solo unos cuantos podrán salvarse.
Hoy, navegamos en mares turbulentos también llenos
de amenazas, como esos filibusteros del mercado
que en su afán pecuniario confunden los fines con los medios y han “desvalorizado los valores” –Nietzsche- en sus malas prácticas administrativas, muy a
menudo nos enfrentamos con personas que
nos torpedean con asiduidad con sus chismes y sus sátiras, bogamos hacia la
otra orilla en un mar saturado de rémoras que se adhieren tanto en la proa como
en la popa, intentando desviarnos de nuestros objetivos; en donde el tema de
los derechos humanos es una quimera y la
justicia y el derecho tienen sus chivos expiatorios, bregamos en el anchuroso mar del sistema
capitalista que nos agobia segmentando a
la sociedad a pasos desmedidos, inmersos
en el “ mercado mundial -diría el teólogo Leonardo Boff- convertido por los ideólogos del capitalismo en un altar en donde se adora a Mammón, el dios de las finanzas
especulativas” y en donde se sacrifican
miles de víctimas de forma continuada y, que gracias a su merced, muchas
personas no pueden llevar a tiempo, con
prontitud, esmero y en abundancia las
provisiones a sus hogares, incluyéndonos a nosotros mismos y a nuestros
asociados, impidiendo que “todo fluya” –Heráclito- sin dificultad a puerto seguro.
En virtud de lo anterior y con la intención de contrarrestar los
efectos devastadores de esas circunstancias desfavorables que nos acosan a
tiempo y a destiempo, es menester crear las medidas anticipativas y adaptativas
que nos permitan girar el rumbo para evitar un cataclismo y una gran
conflagración en materia social, política y económica.
En aquel tiempo, los ingleses contaban con un líder testarudo y
persistente que jamás pensó en capitular, una clase de liderazgo que dependió
en gran parte no solamente del estilo y
genio del Primer Ministro sino al grado de madurez de
los coadjutores, del problema concreto que se afrontó en su momento y de su análisis
de coyuntura. Características clave que se deben considerar muchas veces en este tiempo con sus
particulares circunstancias.
Ellos, lucharon con todo lo que tenían en contra del
acorazado más poderoso del mundo y le permitieron vivir tan solo 215 horas;
cumpliendo con alto grado de exactitud lo que el líder les emplazó: “ya hicieron lo posible, ahora vayan y
hagan lo imposible”. Hoy, podemos considerarlo como el santo y seña para luchar en contra de los flagelos que nos
agobian y hacer las cosas ordinarias de forma extraordinaria y establecer la diferencia.-

Alguna vez, Max Weber escribió que "en este mundo no se consigue nunca lo posible sino se intenta lo imposible una y otra vez". Quizá en esa máxima se inspiró Churchill para decir lo mismo, con diferentes términos.
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