Por jlriveirof
Las grandes utopías del
renacimiento como la de Santo Tomás Moro, La Ciudad del Sol del fraile dominico
Tomás Campanella y la Nueva Atlántida de
Francis Bacon fueron escritas contrastando con la realidad de la Europa contemporánea
a sus autores y, en ellas imaginaron una sociedad ficticia, mítica, para
concebir la idea de que un mundo más justo y solidario, más humano y fraterno
es posible construir. Evidentemente, estructurado sobre una base sólida de
valores universales.
En sus
páginas, encontramos ricamente la idealización de un sistema de gobierno
funcional, erigido para servir a la población y no para servirse de ella. Se concibieron ejércitos para defender a la nación de
toda clase de amenazas y no para repeler a sus habitantes en resguardo de los
capitales nacionales y extranjeros, como hoy es su costumbre. Pensaron en una sociedad en donde es factible vivir en diálogo y concordia con las sectas
religiosas, algo que en nuestra era ha sido, es y será una imposibilidad, sobre
todo con las de corte neo pentecostal por
ser estas, agresivas, divisorias y polémicas. Pensaron otros ideales que de ser posibles, nos parecerían extraordinarios;
los cuales dejo en el tintero en virtud
que no es mi objetivo externar en
apretada síntesis el contenido de las
tres utopías.
Los escritores, a partir de un análisis de
coyuntura crearon el mundo ideal, algo que solo en la isla de la Utopía, la
Ciudad del Sol y la Nueva Atlántida es posible y que dicho sea de paso, su inspiración
originaria la encontraron en la República de Platón.
En
estas repúblicas se hace énfasis en la
filosofía, la política y la economía. Los ministros –servidores- son elegidos por
sus conocimientos científicos, para ponerlos en práctica y en diálogo con la cultura y frenar la avidez
de los ricos y poderosos que, desde antiguo han tratado de avasallar a los
pobres, manteniéndolos sumidos en la ignorancia para explotarlos y expoliarlos fácilmente. En adición a lo
anterior, se tiene como riqueza nacional
muy por encima de todos sus tesoros, el conocimiento. Sin duda, lo único que ningún político de turno se
puede robar.
Indudablemente
esas consideraciones utópicas,
contrastan con nuestra realidad nacional. ¿Qué gobernante ha intentado liderar con
valores? Muchos déspotas que nos han
esquilmado quizá y solo quizá, han leído El Arte de la Guerra de Sun Tzu y El
Príncipe de Nicolás Maquiavelo y por eso pasaron a la historia con más penas
que glorias.
¿Qué bien le hicieron a la nación?
Hoy,
seguimos con más de lo mismo, no
logramos avanzar a partir de los análisis de la realidad nacional que
intelectuales han hecho sobre el statu quo que, en Guatemala va de mal en peor.
Necesitamos una visión de futuro para cambiar ese estado del momento actual. Transitamos de Guatemala a guatepeor, con un estado
que dista mucho del concepto que pensadores del talante de Cicerón y San Agustín tenían del mismo. Nos dirige
un grupo de hombres que está viendo venir la tempestad pero no se convierte.
Y en ese malogrado concepto de estado, intentan escribir una nueva historia, a partir
de seguir haciendo las mismas cosas que
hicieron sus antecesores, y que por lo que hoy, duermen tras las rejas.
Como diría Einstein, loco es aquel que espera resultados
diferentes haciendo siempre lo mismo.
¿Acaso
este estado, no es más de lo mismo?...
A
partir de nuestro análisis de realidad y de la idiosincrasia de nuestros
pueblos ¿porque no escribir otra utopía? Para vivirla y practicarla por
todos los habitantes, sin distingos de ninguna naturaleza.
Por qué no nombrar a los funcionaros públicos
basados en su capacidad, idoneidad y
honradez y no por el simple hecho de ser parientes, compadres, compinches o amigos
de los políticos actuales, que sin tener las características anteriores para el
otorgamiento de puestos públicos, son
nombrados y reciben a cambio jugosos salarios,
por supuesto, para nada acordes a sus credenciales. Una nefasta inconsistencia
ante un pueblo ávido de oportunidades laborables.
Vil resulta la afirmación de Jafet Cabrera,
Vice-Presidente de Guatemala al decir
que “tiene muchos familiares y que no los puede dejar sin su pan”, para
justificar el nombramiento de ellos en puestos clave. Sin duda un nepotismo cínico, descarado y
cruel que “llora sangre y clama al cielo”. ¡Ah! pero el señor, se jacta de ser
muy religioso...
Son insensatas
las noticias que informan sobre una “Tropa
Loca” que se pretende ascender al grado inmediato superior, tan solo para congraciarse
con ellos. Acaso no han sangrado ya en tan alto el presupuesto nacional.
Mantenemos económicamente hablando un estado
fallido que negocia con delincuentes
sindicales, cuyo representante llora, cuenta cuentos, hace berrinche, se duerme
y duerme a los destinatarios de su mensaje en público, cuya filosofía moral y
política la reduce a una fábula.
¿Podrán cambiar el rumbo?
¡Juzgue
usted! Creo que, sin
perder la fe y la esperanza en un mañana mejor y ante la “des valorización de los valores morales” nos encaminamos
hacia un estallido social, político y económico.
Esos ideales de campaña con los que nos doraron la píldora carecen de fundamento
y por eso se están cayendo.
Hoy, esta
historia se está escribiendo en las
páginas de nuestra patria con la sangre y las lágrimas de las clases más
depauperadas de la sociedad guatemalteca.
Ante este estado de derecho que camina torcido nos
dirigimos de Guatemala a guatepeor. Válgame la retórica política para decir que salimos de las llamas para caer en las brasas...
Santo Domingo de Cobán, 03 de
septiembre de 2,016

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