sábado, 25 de marzo de 2017

De tuertos, cojos y mancos…





Por jlriveirof

     Resulta imposible transitar por las viejas callejas cartageneras sin poder eludir las historias míticas o verdaderas que guías turísticos y buhoneros ofrecen al visitante acerca de los piratas del Caribe que asecharon la Ciudad entre los siglos XVI al XVIII. Una actividad pirática que tuvo por epicentro el Mar Caribe a inmediaciones siempre de la Ciudad de Cartagena como el culmen de una quimera, de parte  de los propios piratas que, inspirados  en Francis Drake encontraron su mayor motivación, luego del asalto a la Ciudad en febrero de 1,586. –Alsedo y Herrera, 1740-

     Sobre esa infausta actividad pirática se ha escrito bastante, desde la literatura hispanoamericana hasta Hollywood. Se suele encontrar novelas históricas, ahistóricas, míticas, relatos científicos  y toda una tradición oral, eso significa que son abundantes las fuentes que encontramos sobre ese particular.  En tal virtud, demás está  profundizar sobre ese fenómeno una vez más.
No obstante lo anterior, considero oportuno rescatar la figura del azote de los piratas y los corsarios ingleses que surcaron los mares en esos tiempos: Don Blas de Lezo, mejor adjetivado por la historia  como tuerto, cojo  y manco que como un estratega valiente, aguerrido y de armas tomar…

     Blas de lezo fue un almirante español que hizo su carrera militar naval a puro pulso y mérito propio, ascendido en la armada gracias a sus esfuerzos en batalla y no merced a la acción y al efecto del paso del tiempo como suele suceder en los ejércitos modernos latinoamericanos en donde vemos a hombres y mujeres con un prominente abdomen, alcanzar altos rangos militares más por viejos que por estrategas.  Don Blas fue ascendiendo en diferentes campañas militares exitosas, en donde consiguió  múltiples heridas y mutilaciones por balas de cañón, al extremo que las mismas le dejaron tuerto, manco y cojo, sin embargo, con esas limitaciones regresó al nuevo mundo en el año 1737 a bordo de los navíos Fuerte y Conquistador con el puesto de Comandante General de Cartagena de Indias, cuya plaza tuvo que defender de los ataques del almirante ingles Edward Vernon, alias Old Grog, a quien derrotó en 1741 a pesar de la supremacía de éste al comandar una enorme flota naval compuesta de 186 galeones armados todos con 2000 cañones  y 23,600 hombres aproximadamente,  aunados por un mismo fin: Tomar el puerto de Cartagena de Indias. Don Blas de Lezo los repelió  y los derrotó con apenas 3000 hombres, entre tropa regular, milicianos, indios flecheros y la tropa de los seis navíos que comandaba: El Galicia, el San Felipe, el San Carlos, el África, el Dragón y el Conquistador. Convirtiéndose así en el noble defensor del puerto cartagenero y de los habitantes del mismo y en el azote de los corsarios ingleses y demás piratas que quisieron asolar el mar caribe en ese tiempo con toda clase de artimañas. 

     La actividad pirática con todos sus artificios hoy es historia, sin embargo en América Latina parece ser que hay gente todavía  empeñada en utilizar la praxis de los piratas a la antigua usanza. Al menos en Guatemala es notoria en los tres organismos del estado una raza de víboras, es decir,  una maldita casta de oportunistas dedicados a la politiquería que explotan en tal alto grado el erario nacional y que  podríamos definir de la misma forma en que el economista John L. Anderson (2001) precisó para poder entender la actividad pirática como un fenómeno histórico: Parasítica y episódica.
Los politicastros parasíticos son entonces aquellos que se parecían en mucho a los piratas del Caribe por ser estrictamente unos aprovechados, que se han valido  del alto puesto con el que fueron investidos para llevar a la práctica toda clase de transa y artimañas y que al igual que los corsarios muchos  son ladrones por “vocación” y,  gozan de la licencia de parte de algún funcionario –Presidentes, vicepresidentes, ministros, gobernadores, diputados, alcaldes, Etc.-  que autoriza el pillaje. Muchos de estos politicastros al igual que los piratas del siglo XVI han sido unos vividores en virtud que nunca han sido productores de ningún bien que después sea puesto al servicio de la población.
Los politicastros episódicos, utilizando el  modelo que  Anderson tiene para los piratas,  son aquellos que surgen en oleadas  o bandas cuando escasean las oportunidades y la inteligencia y no les queda más que aprovechar la coyuntura. Como un ejemplo de lo anterior podemos reflexionar en torno a los diputados tránsfugas que se amancebaron en insensato contubernio con el partido FCN-Nación que llevo al comediante Jimmy Morales a ocupar la primer magistratura en Guatemala con su slogan  de “Ni corrupto ni ladrón”,  una máxima que resulto ser más falsa que el nombre del ahora Presidente de la República y que ni siquiera en su familia ha sido de observancia habitual al verse implicados en actos reñidos con la ley.   Su argumento podría ser el mismo que utilizaron los bandidos del mar en aquel tiempo: Se necesitan unos a otros para cometer toda clase de felonías. 

     A guisa de colofón podría decirse que en Guatemala presuntamente tenemos un defensor de la ciudadanía de toda esa actividad pirática-legislativa que se da en el seno del Congrueso de la República de Guatemala y demás actividades sospechosas en las instituciones del estado  y encontramos que en la Constitución Política de la República sus autores describen algunos de los deberes estatales, como ese de brindar y garantizar a todos los conciudadanos, la vida, la libertad, la justicia, la seguridad, la paz y el desarrollo integral de la persona. Es decir, el bien común. Algo que lamentablemente no es muy común en todo el país, tomando en consideración que el máximo violador del estado de derecho es el mismo estado  y eso lo convierte en un “defensor” con más defectos que virtudes que  Don Blas de Lezo que busco el sumo bien para los habitantes  de Cartagena de Indias en su tiempo.
Ese garante del bien común en Guatemala, no solo es tuerto, cojo y  manco, sino sordomudo y puto, pues ha demostrado con un alto grado de cinismo que tiene más precio que dignidad…

Santo Domingo de Cobán, 26 de marzo de 2017

Referencias:
Constitución Política de la República de Guatemala,
Cartagena de Indias en el siglo XVI, Haroldo Calvo Stevenson, Adolfo Meisel Roca

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