Por jlriveirof
El nombre con que intitulo este post se lo debo
a San Juan Pablo II; él lo acuñó cuando era Papa y escribió su Encíclica
Evangelium Vitae –El Evangelio de la Vida, – escrita para la clerecía y todos los seres
humanos de buena voluntad. Rescato el término para dar pie a esta reflexión que tiene que ver entre otras cosas de nuestro
diario acontecer, a la noche de brujas que se celebra el 31 de octubre de cada
año; cuando una inmensa mayoría de “cristianos” y no cristianos, se ponen el mejor
disfraz, a imitación de brujos, diablos y fantasmas; para llevar a cabo toda clase de bromas de mal gusto, otros para ver películas no
aptas para menores y los más libertinos para calentarse en torno a una fogata, en
cuyo derredor, satisfacen de forma viciosa y desenfrenada toda clase de
apetitos gastronómicos, etílicos y venereos…
En otras partes del mundo se ha
sabido que ha habido muertos, heridos y desaparecidos, durante esas infames
celebraciones paganas, a las que cada año se suman más personas; que fomentan
una cultura de la muerte, mediante una especie de ritos, que en Guatemala; no
nos son propios...
Son costumbres que van en contra de
todas aquellas creencias evangélicas que nos han inculcado en el seno de
nuestro hogar y en la iglesia; y que poco a poco, se va arraigando en nuestra
cultura y van adquiriendo modos que se parecen mucho; a aquellos aquelarres que
se practicaban a fines de la Edad Media; hasta el siglo XVIII.
Durante ese período de tiempo se
conoció como aquelarre, a la reunión de brujas y brujos; que coincidían en un
lugar establecido con antelación, a cielo raso, y preferentemente, bajo la tenue
luz de la luna, para llevar a la práctica, rituales y hechizos en donde
invocaban, provocaban y adoraban a Satanás, representado éste en la figura de
un macho cabrío, preferiblemente de color negro.
Las orgias eran parte del ritual;
sin importar el sexo, de tal suerte que algunos brujos fueron sodomisados y muchas
brujas prostituidas.
A priori todos se arrodillaban ante
el diablo para darle el osculum infame, lo que hoy se conoce como beso negro;
y/o lameculismo en el pensamiento del laureado premio Nobel Mo Yan.
Especulando un poco con el pensamiento, diría que esa es una costumbre
que metafóricamente; no ha pasado de moda, sobre todo en algunos círculos
políticos y económicos; como aquella apología al Presidente y su gobierno; de
parte de un ejecutivo de FUNDESA; cuando en el Encuentro
Nacional de Empresarios 2017, –Enade– y con un amplio dote de servilismo y zalamería le
“doró la píldora” para obtener sin duda;
favores y beneficios a través del estado
de Guatemala, intuyo que, adheresados con
dinero y toda clase de artimañas...
En pleno siglo XXI, la práctica
del aquelarre es histórica. Aunque en las instituciones del estado; algunas
diputadas, ministras, cancilleres, magistradas y funcionarias de 2ª y 3ª
categoría; lo traten de recrear de forma continuada, durante sus actividades legislativas,
ejecutivas y judiciales...
Dejando por un lado la sátira y retomando
el hilo conductor para seguir escribiendo sobre esa cultura de la
muerte, nos podemos percatar a través de las redes sociales; que muchas
personas, tienen una especial predilección por todo lo que sabe a muerte y que dada
la coyuntura actual; hoy les embarga la mente y la enajena.
Así ha cuajado en muchos hombres y
mujeres de estratos sociales, políticos,
religiosos, económicos y religiosos diversos; que desde antiguo viven en un
mundo fantasmagórico; creyendo en la ilusión que cegar la vida de una persona,
es disuasivo para frenar el grave índice delincuencial que prevalece en el país
en este período de la post guerra que estamos viviendo; un período que data del
año en que fueron firmados los acuerdos para la paz y que casi igual a la del conflicto en número de muertes
producidas, con la única diferencia de qué hay una disminución de las víctimas por la violencia política; pero, un
incremento en victimas por la violencia delincuencial.
Lo expresado anteriormente no
quiere decir que el porcentaje de víctimas por la violencia política sea nulo;
aún hay, pero en menor cuantía y como siempre los objetivos siguen siendo casi
los mismos: defensores de los derechos humanos, del medio ambiente, periodistas
y toda persona que denuncia las injusticias y el pecado estructural, sin que les
importe un bledo las consecuencias…
Pues bien, a esas personas que
justifican la máxima pena por la descomposición social que impera en el país, que
lamentablemente ha permeado y encontrado tierra fértil en la sociedad
guatemalteca con suma facilidad, merced a la falta de gobernabilidad y tacto
político de las actuales autoridades.
Al grupúsculo político aquel mal
llamado “Visión con –anti– valores,” liderado por Zuri Ríos; hija del déspota
general, Efrain Ríos Montt; quien gobernó de facto Guatemala y que durante su
mandato masacró comunidades rurales sin ninguna consideración y misericordia;
ella, hoy, intenta seguir con la vocación que tuvo su padre: seguir quitando la
vida, con apariencia de legalidad.
Con esos deseos puestos en sus corazones; esa
sociedad que apuesta por la cultura de la muerte, tan solo expresan el síntoma
de un mal mayor, ya lo decía en aquellos tiempos el Papa Juan Pablo II, cuando
escribió su Encíclica Evangelium Vitae; –Evangelio de la Vida– misma que nos
puede ser útil para iluminar las estructuras pecaminosas prevalecientes
actualmente con la luz de la buena noticia, que emana de su carta encíclica: “estamos frente a una realidad más amplia,
que se puede considerar como una verdadera y auténtica estructura de pecado,
caracterizada por la difusión de una cultura contraria a la solidaridad, que en
muchos casos se configura como verdadera cultura de muerte.”
Hoy; esos sectores se están rasgando las vestiduras, cuestionando y
descalificando de forma reiterativa, la determinación que tomaron los
magistrados de la Corte de Constitucionalidad; de dejar sin efecto la
aplicación de la pena de muerte en Guatemala porque “viola principios consagrados en la constitución del país y convenios
internacionales.” Y al ser el 99%de los guatemaltecos supuestamente cristianos;
sería bueno que empecemos a practicar lo que dice la santa ley de Dios en el
libro de los libros:
“No matarás.”
Santo Domingo de Cobán; 31 de octubre de 2017
Referencia:
Violencia en Guatemala, ODHAG
Juan Pablo II, Evangelium Vitae

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