Por jlriveirof
Atendiendo los deseos juveniles de un amigo
mío, asiduo lector y crítico; que al leer el artículo que antecede, considera
pertinente darle continuidad, haciendo una segunda parte. Para satisfacer su inquietud desatenderé lo
que muchos dicen: “nunca segundas partes
fueron buenas”… en tal virtud, ampliaré las impresiones vertidas; concretamente
en lo que respecta al libro que escribió Azorín, intitulado El Político.
A guisa de colofón lo recomendé en el capítulo anterior, considerando
que en sus páginas, podemos encontrar el perfil de un auténtico político. Independientemente
del cargo que ostente, ese sería el ideal a alcanzar por todas aquellas
personas que pretendan servir a la patria a través de cualquier cargo de
elección popular.
Tomando en
consideración que en Guatemala un político es considerado un truhan por
antonomasia; nombro este post El politicastro, que significa: político inhábil,
rastrero, mal intencionado y que actúa con fines y medios turbios; -DRAE- es la
antítesis de un verdadero político, en
consecuencia, intuyo entonces que, ese libro, al igual que Utopía de Thomas
Moro, publicado en 1516. Ciudad del Sol, escrita por el fraile dominico
italiano Tomás Campanella en 1602 y La nueva Atlántida, escrita por Francis
Bacon en 1626; Azorín, escribió una utopía más con esa obra literaria, en
virtud que, en ningún país de los llamados civilizados, se ha visto que los
políticos tengan un perfil como el descrito en sus páginas; mucho menos que en
su praxis diaria conjuguen la ética con la estética y la moral con la política.
Como no es mi
intención hacer un resumen de la obra literaria en mención, esbozaré algunas de
las recomendaciones que en su libro, hace Azorín…
Ha de tener fortaleza física, frugalidad en el comer y el
beber y acostarse temprano. En Guatemala, casi todos hacen lo contrario: se
acuestan tarde, para comer y beber “hasta ver a Dios”, y aprovechar la
prodigalidad del puesto que ocupa su quehacer; sin lugar a dudas, un ídolo moderno
ante el cual, se inclinan muy a menudo.
Por trasnochadores, viciosos, pusilánimes y pendencieros, no
es difícil verlos dormir en actos públicos y llorar ante las embestidas que les
da, la ardua faena que les es impuesta…
Han de ser
elegantes en el vestir. Un arte que les es negado a muchos, como reza el refrán
popular: “el simio aunque se vista de
seda, simio se queda”, muchos hombres parecen cajas fuertes, desconocen la
combinación y muchas de las mujeres en los tres organismos del estado;
secretarías y ministerios, como diría San Jerónimo de Estridón, tienen tres
manos: “una izquierda, una derecha y una
de pintura”…
No
prodigarse; es decir, no gastar excesivamente, sobre todo cuando de los dineros
del pueblo se trata y no excederse con su exhibición personal. Acá, son como
los peces del rio: “que beben y beben y beben y vuelven a beber”… y pagan a los
medios noticiosos, especialmente aquellos que se encuentran dentro del pacto de
corruptos, para publicar cada cosa sobre ellos; sin importar que las mismas
sean falsas.
Que tengan la
virtud de la eubolia, que consiste en tener una lengua discreta, en ser cauto,
reservado y no decir lo que no es políticamente correcto externar. Estos, no
hablan otras lenguas, pero tienen una lengua que es un don y dicen muchos
disparates; de tal suerte que, en Guatemala se han ganado la animadversión de
toda la población, al extremo que no hay ocasión que se desperdicie para pedir
la renuncia, empezando con la del Presidente de la Nación hasta el más corrupto
barrendero y servidor de café, en el parlamento…
Han de
rectificar cauta y discretamente su conducta, sobre todo cuando procedan como
no debieron; cegados por la sinrazón, el despecho y la ira; algo así como
cuando el Presidente del Ejecutivo, intentó defenestrar al comisionado de la
CICIG y hasta el día de hoy, continua actuando políticamente incorrecto, en
detrimento del estado de derecho en Guatemala y los derechos humanos que son
violentados de forma asidua por el mismo estado de Guatemala.
No deben ser impacientes
y han de responder a los vejámenes y agravios con cautela, sin precipitaciones
de ningún tipo y sin dejarse arrastrar por el impulso. Nuestros politicastros
actúan diferente; independientemente si son damas o caballeros; casi todos son despreciables,
inelegantes y populacheros.
Deberán
conservarse siempre en el fiel de la balanza y en el fiel político; es decir,
no perder nunca el sentido del equilibrio y no juzgar nunca por sí mismo,
deberá de hacerlo de forma colegiada y con el consejo de personas doctas y
ajenas a los negocios públicos. En contraposición, nuestro gobernante; nunca
actúa de esa forma. De tal forma que no sabe en qué tiempo y en qué país vive,
desconoce la coyuntura actual y presuntamente es gobernado por un grupúsculo de
militares jubilados y en servicio activo; sospechosos casi todos de haber
cometido crímenes de lesa humanidad y navega contracorriente a las demandas
populares con una falta de empatía casi absoluta. Y; no es, indulgente,
magnánimo y generoso en estos momentos álgidos de la vida social, política y
económica en Guatemala.
El político dice
Azorín, debe conocer a todas las personas que lo rodean, debe aprender a
discernir qué negocio se traen entre manos, muchos son lobos rapaces vestidos
con piel de oveja y cuando el gobernante es proclive al mal, como los que hemos
tenido en el país, rápido se dejará envolver en los negocios turbios y las
coimas que en la política guatemalteca, son el pan de todos los días. Muchos le
sobarán la leva, congraciándose con él, diciendo sí a todo lo que les conviene,
en tanto y en cuanto obtienen las negras intenciones de sus corazones. No se ha
de creer todas las distinciones que le hagan, en virtud que muchas tienen como
finalidad hacerlo creer un gigante. Craso error, no debe dar un valor exagerado
a lo que no lo tiene.
En sus viajes al
interior, debe el político actuar con cordura y no pretender ganar
admiraciones, sobre todo como sucede en Guatemala, que el politicastro de
turno, viaja constantemente inaugurando obras y buscando un apoyo impopular de
sectores conocidos por sus artimañas y que hacen mucho ruido. Deben cuidarse de
no caer en la tentación de mantenerse permanentemente en campaña política, esa
ya termino, ahora debe comportarse como un estadista, si sabe lo que eso
significa y los dipugánsteres por consiguiente; han de recordar que son servidores
del pueblo que los eligió, a ellos se deben; por lo tanto deben actuar con
prudencia sin perder la ecuanimidad y buena ponderación del carácter.
Acólitos de
Maquiavelo, los politicastros prefieren ser temidos que amados, fuertes y
hábiles, a veces actúan como el león y otras como la vulpeja y como diría
Cicerón en su obra De los oficios, libro I: de esos dos modos hacen injuria;
con la fuerza y con el engaño; con asiduidad practican lo que Lisandro, el
general lacedemonio acuñó: “lo que no se
puede conseguir con la piel de león, debe alcanzarse con el de la vulpeja”.
¿Usted, conoce a alguien así? … “elocuentísimo embustero, charla fácil y seductora”, como dice
Baltasar Gracián en su libro El criticón…
Una verdad
impostergable es que los niños de hoy serán los hombres del mañana, entonces,
deben los políticos dice Azorín, preocuparse de la cultura y la enseñanza.
Pero, como nadie puede dar lo que no tiene, es decir cultura, profesión u
oficio digno; los politicastros guatemaltecos, les importa un bledo, la cultura
y la enseñanza en el país, prefiere a la gente ignorante, es por ello que los
programas de alfabetización desaparecieron hace mucho tiempo, los prefieren
brutos para “acarrearlos” durante las campañas o cuando bien les conviene, las
escuelas públicas están en total abandono, el maestro no es reivindicado, es
mal asalariado y no es un pedagogo en permanente actualización, por ello la
educación en el país va de Guatemala a Guatepeor; muchas universidades hoy día,
velan más por el peculio que por la enseñanza superior; es por eso que estamos
como estamos.
¿Conoce usted a
algún politicastro que en Guatemala no prepare sus discursos? …
Pues Azorín tiene algunos consejos para estos: Jamás confiar
en la memoria, porque es anticiparse a fracasar dice, y recomienda el
“atildamiento melindroso” que para él consiste en la ordenación previa y la
preparación remota –añade el suscrito- conocer bien el tema, darle mil y una
vuelta, editarla y re editarla, hablar y escribir bellamente con retórica a fin
de no caer en la tentación de hablar puras fanfarrias, el fárrago inútil y
superficial.
El orador ha de ser breve. De los dominicos he escuchado
decir que si un discurso es corto y bueno es dos veces bueno y de los jesuitas,
sin caer en el machismo; que el discurso ha de ser como la minifalda: lo
suficientemente larga para que cubra lo esencial y lo suficientemente corta
para que no pierda el interés…
A pesar que en
Guatemala tenemos a un comediante por presidente, su discurso no es una obra
escénica completa y su discurso no concurre al éxito, según dicen los
analistas, se debe a que no se aprende el guion que le esbozan los expertos y
dice lo que quiere, cuando quiere, como quiere y donde quiere; según sea su
estado de ánimo, caldeado muchas veces por las reacciones hepáticas; que en él,
son muy comunes y por eso habla políticamente inadecuado. Quizás, se deba a su
falta de experiencia política, no ha “encanecido en la política” y porque no es
dueño del poder que se le ha conferido…
Parafraseando a
Nietzsche, sea el político como el viento del norte, que recoge el fruto cuanto
está maduro. Conviértase en una persona cauta y sepa renunciar a todo lo que no
le conviene y le proponen. Muchos politicastros hoy día guardan prisión tras
las rejas, en detrimento de su honor y el de su familia, por socarrón y haber
aceptado un cargo espinoso para el que no estaba preparado. Coherente en el
decir y el hacer, que no sea medias tintas al dudar de sí, y que sus palabras
sean políticamente cordiales para no caer en la violencia y evitar escándalos
innecesarios, como todos los días suele suceder en el ámbito de la política
guatemalteca.
Deseándoles a los
politicastros un final feliz, aprovechando que el tiempo es propicio, por
encontrarnos en la víspera de las festividades de fin de año; exalto algunas recomendaciones para
aquellos que dado el tiempo en que les
viene pegando el sol, los achaques y la
senilidad lo hicieron ya inútil para la vida pública: ¡prescriba su retirada!
Recuerde que quien ya no vive para servir; ya no sirve para
vivir en los azarosos, putrefactos y enmarañados ambientes políticos que
demandan mucha fortaleza, sapiencia, experiencia y rectitud.
Sea como el buen
pugilista que se retira en su mejor momento, cuando está en la cúspide de su
carrera…
En algún lugar del Ciberespacio el 23 de Noviembre de 2017

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