Jlriveirof
Creció en otra aldea
donde trabajo como carpintero, hasta que tuvo treinta años.
Después y durante
tres años fue predicador ambulante.
Nunca escribió un
libro. Nunca tuvo un cargo público.
Nunca tuvo familia o
casa, nunca fue a la universidad.
Nunca camino a más de
trecientos kilómetros de su lugar de nacimiento.
Nunca hizo nada de lo
que se asocia con grandeza.
No tenía más
credenciales que él mismo.
Tenía solo treinta y
tres años cuando la opinión pública se volvió en su contra.
Sus amigos le
abandonaron, fue entregado a sus enemigos, e hicieron mofa de él en un juicio y
fue crucificado entre dos ladrones.
Mientras agonizaba
preguntando a Dios por qué le había abandonado, sus verdugos se jugaron sus
vestiduras, la única posesión que tenía.
Cuando murió fue
enterrado en una tumba prestada por un amigo.
Han pasado veinte
siglos, y hoy es figura central de nuestro mundo, factor decisivo del progreso
de la humanidad.
Ninguno de los
ejércitos que marcharon, ninguna de las armadas que navegaron, ninguno de los
parlamentos que se reunieron, ninguno de los reyes que reinaron, ni todos ellos
juntos, han cambiado tanto la vida del hombre en la tierra como esta vida
solitaria”.
A guisa de preámbulo introductor el poema
anónimo que antecede, sintetiza la vida
de aquel judío marginal que vivió en la Palestina del siglo I de la era
cristiana, a quien Herodes puso un manto espléndido y lo trató como a un loco
que pretende ser rey; y en la cruz, el prefecto romano manda a inscribir un letrero en griego, latín y hebreo que
decía: “Este es el rey de los judíos”. Lo hizo no porque real y verdaderamente
creyera que era rey, sino porque utilizó esa frase lapidaria y peyorativa para mofarse
de él y fustigar al pueblo judío, cuyas autoridades religiosas cometerían
después el deicidio.
A pesar que Jesús durante su vida terrenal
nunca se jacto de esa realeza, es rey y lo dicen en su tránsito las Sagradas Escrituras, pero a diferencia de
todos los reinos de la tierra desde los tiempos antiguos, el reino de Jesucristo
no es de este mundo, tal y como él mismo lo atestiguo. Y hoy; es
un rey que reina en las mentes de las
personas de buena voluntad, de aquellas
que tal y como él; pasaron, pasan y pasarán por el mundo haciendo el bien.
En la economía de la salvación,
anticipase esta oferta que admite motu proprio que Cristo reine en la vida de
cada uno de esos hombres y mujeres de bien; y a imitación de El para que anuncien y
trabajen tenazmente por el reino, pero no con hipótesis y falsos intereses; sino con una práctica existencial, que no
permita hablar mucho de la Biblia;
máxime si no se sabe interpretar y explicar con la luz que arroja la exégesis y
la hermenéutica, sino en practicar su contenido…
En los evangelios Jesús anuncia la llegada
del reino con obras concretas y sin tanta parafernalia; --como la que utilizan
hoy día muchos clérigos y pastores en el culto a Dios- como un ejemplo que debe anticipar la vida de todos
los creyentes; especialmente de aquellos
que se auto denominan cristianos hoy día; sin importar el credo confesional que
abracen…
¿De qué forma, podrían
preguntarse? : Rehabilitando a los necesitados. Y; en esa categoría entran
todos los huérfanos, las viudas, los pobres, los extremadamente pobres, los
explotados, los olvidados por la justicia, el
estado y, los ignorantes entre una amplia gama. Ese fue el petitorio que Jesús hace al
comienzo de su ministerio: “El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios está
cerca; conviértanse y crean en la buena nueva”. (Mc 1, 15).
Convertirse y creer en la buena noticia,
pero no solo creerla si no llevarla a una praxis liberadora que permita bajar a
esos necesitados de su pesada cruz. Ese convertirse es un llamado a cambiar de
estatus, no es el llamado a una nueva religión, es una palabra genérica que
invita al cambio: convertirse en un buen hombre, un buen trabajador, un buen
hijo, un buen padre de familia, un buen prójimo, un buen profesional, entre tantas
otras cosas.
Ese convertirse debe cuajar en la
mente de todos los ciudadanos del mundo, solo así se podrá salir del atolladero
en que se encuentran sumidos las inmensas mayorías de sus habitantes. Escribiendo local y no global, cualquier
persona puede constatar que en Guatemala; sus habitantes día a día, están siendo
crucificados por los politicastros de
turno. Es un pueblo sumido en la putrefacción y que se encuentra a merced de malhechores que con saco y corbata, atracan
a los más pobres y desposeídos, y que han hecho de la política el medio para
medrar asaltando las instituciones del
estado. De tal suerte que, mientras gobernantes, gobernados y el verdadero poder detrás de las
sillas que ocupan los tres presidentes del estado; el poder económico, no se
conviertan en mejores seres humanos, seguirá la peste avanzando sin dar tregua
alguna.
Como si los males derivados de la
política no fueran suficientes, se encaraman otros tantos al endeble lomo del
pueblo en general: Laicismo, relativismo, enriquecimiento ilícito, corrupción
en todas las esferas, indiferentismo religioso, falta de una justicia pronta y
cumplida, falta de salud, seguridad, educación, estilos de vida curvados sobre
sí mismos, con un género de vida narcisista y auto suficiente, codicia, ojos
siempre ávidos y la arrogancia de los ricos.
(1ª Jn 2, 16)
Haciendo
acopio de las palabras del padre José Ignacio Gonzáles Faus, SJ. Queda
abierta una atenta invitación multisectorial e interreligiosa, para que al igual que Jesús “hablemos poco de Dios,
pero pongamos en práctica un Dios fundamento de libertad, vindicador de los
excluidos, presente en el fraterno amor a los hombres y voluntariamente débil
ante el rechazo humano. En adelante, optar por Dios, habrá de implicar optar por
el hombre. Y optar por el hombre habrá de implicar optar por el pobre. Pero
esta triple opción deberá llevarse a la práctica en un marco de no violencia y
de respeto a la libertad de los demás”, aparentemente difícil por el estilo de vida que el tiempo presente
apremia, pero todo se puede con la ayuda de Aquel que da fuerzas. (Fil 4, 13). Y vaya si no se necesitan fuerzas
y el apalancamiento de un ser superior para salir de los vericuetos que el
tiempo presente pone por delante.
Pues bien, para poder hacer un análisis
de altura se debe retrotraerse en el tiempo para darse cuenta que desde
antiguo, el mal abruma a las sociedades en todo el mundo. Desde los tiempos
bíblicos hasta el presente, pareciera ser que es el mal el que gobierna. Dentro
de seis años, se cumplirán cien, desde que el entonces Papa Pío XI; analizaba
los males que aquejaban al mundo en su tiempo. Y; precisamente por ello,
escribió su primer carta encíclica intitulada Quas Primas; para proponer una
tesis, que garantizara la salvación del mundo entero; cuya propuesta consiste
en instaurar la realeza social de Cristo, oponiéndose al reino de Satanás y a la
potestad de las tinieblas…, un reino del mal que en Guatemala pareciera
ser, que es en el Congreso de la
República donde ha fijado su residencia; por la notoria aprehensión al dinero
mal habido de parte del 99.99% de sus miembros.
Es preciso señalar que por la
carencia de una ética y una moral pura y su anorexia por las buenas costumbres
y la justicia, es que a ellos; -los
políticos de todos los tiempos- el
honorable Papa les anima diciendo: “Y en esta extensión universal del poder de
Cristo no hay diferencia alguna entre los individuos y el Estado, porque los
hombres están bajo la autoridad de Cristo tanto considerados individualmente
como en sociedad. No nieguen, los gobernantes de los estados el culto debido de
veneración y obediencia al poder de Cristo, tanto personalmente como
públicamente, si quieren conservar incólume su autoridad y mantener la
felicidad y grandeza de sus Patrias”. –Quas
Primas, 8-
Es en ese contexto de pueblo crucificado, moriente y sufriente por
esos políticos de pacotilla, y las oligarquías nacionales y transnacionales que
favorecen la corrupción, en donde la
exclamación de ¡viva Cristo Rey! Cobra vigencia...
En ese orden de ideas, derivadas de la
conversión que Jesús propone al comienzo de su predicación; ojalá y ese grito
de ¡viva Cristo Rey! Surja animoso y estrepitoso y se convierta en un
grito de guerra en contra de todos los males que aquejan a la humanidad y, que el pueblo guatemalteco timorato de hoy, se
convierta en gallardo y valiente y, ya
enardecido, defenestre a los servidores del pueblo con costumbres “anti
evangélicas, anti éticas y perversas” que se han enmaridado con la corrupción; tal y como lo hizo en la
gesta cívica del año 2015…
Las elecciones que están por
venir son la mejor ocasión, no votando por los mal hechores…
Mientras tanto hay que seguir vigilantes,
pero no una vigilancia estéril como la que
practica la Fiscal General del
Ministerio Publico, cuya magistratura padece rígor mortis; sino en pie de lucha con el
grito reivindicado a una sola voz:
¡QUE VIVA CRISTO REY!...
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