Por Jlriveirof
De esta forma los
criminales inquisidores que actuaban en el nombre de Dios, le dieron la bienvenida a un nuevo siglo e
iluminaban la andadura de ese infausto
año nuevo, con la llama que brotaba del cuerpo de Bruno que lentamente se
extinguía a la vista de los incrédulos…
Los graves pecados que merecieron la muerte de Bruno, fueron
a la vista de la iglesia: pensar diferente a lo que en ese entonces enseñaba la
iglesia de Roma, en virtud que no creía del todo en la historia legendaria
sobre la creación, -no estaba equivocado- y el juicio final, tener una
ideología panteísta que supone que Dios está latente en todo el universo, por
afirmar que el universo era homogéneo y estaba compuesto por los cuatro
elementos: agua, tierra, fuego y aire; y por haberse adelantado a su tiempo con
un pensamiento progresista que lo colocó como precursor del pensamiento
racionalista.
Los
acontecimientos suscitados durante ese año de 1600, fueron inadmisibles sobre
todo en Europa, porque la decadencia moral del papado era notabilísima, antes
que tuviera lugar la contrarreforma católica; sin embargo la alta clerecía,
incluido el Papa, se rasgaban las vestiduras en señal de desaprobación ante la
ciencia y la técnica que avanzaba al compás del progreso; violentando inclusive
el antiquísimo mandamiento de “no matarás” y el mandamiento del amor de “Amarás
a Dios y al prójimo como a ti mismo”. Cuánta razón se encuentra en el
pensamiento de Francisco Pérez de Antón, al decir que en ese tiempo “los
clérigos tienen privilegios y “el no matarás, excepciones.” –Cisma Sangriento,
página. 19-
En ese sentido vale
preguntarse entonces: ¿Quién fue el hereje? Quien azuzó el fuego de la
hoguera, o Bruno que no se retractó de su pensamiento y fue
fiel con el mismo hasta la muerte, y una muerte brutal y despiadada en el fuego
de la hoguera.
Cabida encuentra en tales interrogantes el pensamiento de
Shakespeare al decir que hereje no es el que muere en la hoguera, sino quien la
enciende…
Filosofando en esa
dirección es de suponer entonces que; el hereje en este hecho concreto no fue Bruno, sino el incendiario que mando a
prender la hoguera en virtud de sus investigaciones en contra del fraile dominico, el sacerdote jesuita inquisidor Roberto Belarmino, mejor conocido por sanguinario y
reaccionario como “el martillo de los herejes”, y por sus prácticas bestiales, inhumanas y anticristianas
ejecutadas en el nombre del Dios de Jesucristo, un Dios que no tiene comunión
con las injusticias, el pecado y la maldad que todos los inquisidores sin
excepción y que con la venia del Vaticano llevaron a la práctica durante muchos
siglos, ya en la plenitud de la era cristiana. Haciendo una esperpentización de la realidad; fue elevado a los altares por el Vaticano en premio a su elevado indice de criminalidad y hoy se le conoce como San Roberto Belarmino y fue declarado doctor de la Iglesia. Para este jesuita inquisidor "el fin santificó los medios"...
¡Ah!, pero los más
cínicos dirán que no debemos juzgar aquel tiempo con los ojos de hoy, ¡ja! …, pero, apelando al pensamiento de Erasmo de
Rotterdam y haciendo una paráfrasis del mismo,
válido es hacer una pregunta que no tiene tiempo ni lugar:
¿Qué hubiera hecho Jesús de Nazaret con Bruno, Juana de Arco
o Galileo? ¿Los hubiese perdonado o
también los habría condenado al fuego de la hoguera? …
Lógico es de suponer que habría dicho, parafraseando aquella
lapidación que pudo haber tenido lugar en el siglo I de la era cristiana: Que encienda el
fuego de la hoguera, aquel que se encuentre libre de toda culpa…
Hipócritas resultan entonces las rasgaduras
que le hacen a sus vestiduras sus ilustrísimas; que en este tiempo, siguen sin
rehabilitar a Bruno. Pedantes fueron las declaraciones del cardenal Paúl
Poupard, que en el nombre de la Iglesia, lamentó la condena del fraile filósofo
napolitano a morir en la hoguera, pero no lo rehabilitó.
La condena dijo, “es una acción de la que la iglesia se arrepiente
pidiendo perdón a Dios y a todos los hermanos”. Acaso se recordará el “excelentísimo y reverendísimo" cardenal,
que el arrepentimiento va de la mano con el resarcimiento.
Un mes de homenajes al filósofo napolitano de parte del
Vaticano, durante la gran ceremonia del perdón que celebró el Papa el 12 de
Marzo del 2000, son fatuos; así haya sido Bruno protagonista de numerosos
simposios, obras de teatro, conciertos y exposiciones, si no hubo perdón. ¿Que Gran ceremonia del perdón pudo haber sido esa celebración que el Obispo de Roma
hizo, en donde no se otorgó el perdón al homenajeado? …
¿Entonces, quien
será el “blasfemo, hereje, inmoral, pertinaz y obstinado”? Giordano Bruno o
quienes nunca lo perdonaron..., por todo ello; hasta el día de hoy hacen eco las
palabras del condenado al escuchar la voz de los malhechores: “Tiemblan más ustedes al
enunciar esa sentencia que yo al recibirla”…
Referencias Bibliográficas:
Frances A. Yates, Giordano Bruno y la Tradición Hermética,
1,983: Editorial Ariel, S.A. Barcelona,
Lola Galán, elpais.com, Roma 4 de feb 2000
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