domingo, 15 de septiembre de 2019

"Que hacer con los desocupados"



Jlriveirof

     La frase con que intitulo este artículo fue la interrogante burda pronunciada por Federico Engels el 05 de noviembre de 1886, ante las preocupaciones transcendentales del movimiento obrero que se puso en pie de lucha ante la pregunta en cuestión, en la Europa decimonónica. Según se sabe, la situación laboral en el siglo XIX sube de tono por las dificultades constantes que se dieron en los procesos de producción y reproducción capitalista, que trajeron consigo un serio problema democrático en el movimiento de los obreros, que se recrean en el advenimiento de movimientos y demandas que vienen con “la cuestión social”. Una cuestión que contrasta con la realidad social epocal y el imaginario político de la república.
Como si lo anterior fuera poco, el derecho al trabajo según el ideal de 1848 no unificó como lo esperaban, a la sociedad y la política, al pueblo y la asamblea. Por el contrario, los puso unos contra otros. En ese sentido, “a los obreros no les quedaba otra opción que morirse de hambre o lanzarse a la lucha, y contestaron el 22 de junio con aquella tremenda insurrección que constituye la primera gran batalla librada entre las dos clases en que se dividía la sociedad. Era una lucha en que se ventilaba el mantenimiento o la destrucción del orden burgués. El velo que envolvía a la República quedaba desgarrado” (Marx y Engels, 2006:549).  

     En contextos diferentes, marcados por 133 años que distan de la Europa del siglo XIX y la América Central del siglo XXI, y en el marco de la celebración del 198 aniversario de la independencia de nuestros pueblos, los acontecimientos que se vienen dando en diferentes escenarios como signos de los tiempos, dan pie para pensar que, al menos en Guatemala no hay muchas razones para celebrar la independencia. El país entero es tiranizado por las corruptelas, los gendarmes de las oligarquías contraviniendo los acuerdos de paz cada vez son más fuertes, al tener chantajeado y bajo las enaguas camufladas a su comandante general de turno, a quien sostienen en el cargo siempre y cuando se haga de la vista gorda de todos los desmadres que cometen con asiduidad, en detrimento de otras carteras más importantes como la de salud, seguridad y educación.
La “cuestión social” -conjunto de problemas sociales surgidas a partir de la revolución industrial- de ahora no es muy diferente a la de antaño:  las oligarquías nacionales y extranjeras siguen ascendiendo a pasos agigantados, ya sea lícita o ilícitamente, sin importar la forma. La falta de oportunidades laborales y las luchas de clases sociales no difiere tanto. La tendencia antidemocrática de la desigualdad sigue pisando fuerte, de tal suerte que el huérfano, el pobre, la viuda, el iletrado y el desposeído siguen siendo explotados por el burgués e invisibilizados por el estado que ve en cada uno de ellos al inexistente, al paria, al zángano, a los innombrables que consumen, pero no producen lo que ellos quisieran, sino una nadedad. Circunstancias desfavorables todas, que traen consigo, más explotación y más desocupación, fortaleciendo así la vagancia y la mendicidad, en un país habitado por gran cantidad de vagos y mendigos, pobres e ignorantes por causa del sistema que hoy impera.

     Lo anterior trae consigo, más desplazamiento ilegal en búsqueda de mejores oportunidades. Los medios noticiosos documentan a menudo que la clase social representada por los trabajadores, ya no migra del campo hacia las ciudades locales, sino hacia el imperio del norte u otras latitudes, y una vez allí, siguen siendo avasallados y crucificados por el sistema injusto y opresor del capitalismo neoliberal.
Ellos; los migrantes, son los nuevos negros de la política norteamericana, a quienes hay que sacar de sus territorios a puros palos.  
Como si lo expresado en los párrafos anteriores fuera poco, la justicia representada en la más mortífera de las víboras y que repta según el color de la piel, sigue mordiendo a quienes llevan los pies descalzos. De tal suerte, que es constatable como a un ladrón de poca monta, le otorgan más de una década de cárcel, mientras que, los acaudalados de la alta “suciedad”, salen bien librados de los desmadres que cometen sin vergüenza. Ellos, son los verdaderos parias que pueden cometer toda clase de felonías, y cubrirse con el manto de la impunidad, que, en Guatemala en el ideario de ellos mismos, es “cultural y normal” como siempre lo han expresado.

     En ese contexto cabe destacar la más cruel de las villanías, externadas a los medios de comunicación por un señoritingo de nombre Juan Carlos Tefel, que, haciendo alarde de un somozismo barato, anuncia que presentará al “narcongrueso” de la república, una propuesta de ley para recuperar el “verdadero salario mínimo”, en virtud que, según su discapacidad para pensar de forma razonable, indicó que ese salario está por encima del salario promedio a nivel nacional. Con ínfulas de gran señor, el don que sin duda siempre ha comido y bebido hasta ver a Cristo, a juzgar por su prominente abdomen, dice que “un salario mínimo tiene que ser mínimo”. Tan mínimo como es sin lugar a dudas su masa encefálica, y por ello su capacidad de pensar y actuar con justicia, equidad y responsabilidad es nula.
Cuestiona el impío, que según los cálculos de la entidad que dice representar con orgullo, la canasta básica debe estar debajo de los dos mil quetzales mensuales, refutando lo que dice el Instituto Nacional de Estadística sobre el tema en cuestión.
En ese trance, debemos hacerle a él y a toda la caterva de usureros amancebados en la misma cúpula que representa, la siguiente pregunta: ¿podrán comer ustedes y toda su ralea con esa cantidad dineraria?...
Obviamente, no estamos juzgando y sojuzgando a todo el empresariado, en Guatemala hay empresarios con una responsabilidad social empresarial verdaderamente grande, con sentido holístico y progresista. Inclusive el hombre en cuestión no representa a todas esas personas que emprenden con ecuanimidad. En consecuencia, la crítica va dirigida solo a este sujeto y sus adláteres que lo respaldan.

     Como sin duda, en el legislativo, un organismo sumamente cuestionado porque la inmensa mayoría de sus miembros, tienen un precio en menoscabo de su dignidad, la propuesta que este agiotista presentará, puede encontrar el camino expedito y ser legislada. Entonces, ante tal posibilidad los trabajadores se verán amenazados y muchos serán despedidos, lo que causará más desocupación. Ante tal posibilidad deben plantearse la siguiente pregunta ética: ¿Qué debemos hacer?, la respuesta la encuentran en el primer párrafo de estas disquisiciones: “morirse de hambre o lanzarse a la lucha”, sin olvidar jamás que quienes producen el capital son ustedes, con su fuerza de trabajo, no ellos. Ellos, son los miserables y son tan pobres que lo único con que cuentan es dinero…

     Sobrada razón tuvo Marx en el siglo XIX al denunciar que, bajo la égida del capitalismo alienante y esclavizante, voraz y abyecto, se producen las más desnaturalizadas injusticias: “el hambre, la enfermedad, la fatiga y la escasez e inseguridad de los medios de supervivencia física”, y Thomas Piketty en el XXI al decir que “el capitalismo genera automáticamente las desigualdades arbitrarias e insostenibles que socavan radicalmente los valores meritocráticos en que se basan las sociedades democráticas.”
Ya en su tiempo también Aristóteles sentenció que “los bienes para satisfacer las necesidades de la vida, son buenos solo en la medida en que son accesorios para el bien humano final de la felicidad como la realización de nuestras potencialidades humanas.”

     Dudo mucho que el Señor Tefel y la caterva de alienados que representa, conozcan la ética del Dios de Jesucristo, si así fuera intentarían hacer del capitalismo, un capitalismo más humano y más fraterno, y nunca, nunca, nunca, confundirían los fines con los medios…
Conocerán si acaso el rito y el mito de su único dios, el capital. -



Referencias bibliográficas
Pablo González Casanova, El Vuelo del Fénix, El capital, lecturas críticas a 150 años de su publicación, 1ª edición, Buenos Aires, CLACSO 2018
Allen Wood, Justicia y explotación en Marx, Medellín 2018, Creative Commons BY-NC-ND
Karl Marx, El Capital, Tomo I

    

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