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Obviamente lo
externado por ellos en aquellos lejanos tiempos del siglo XIX, “un fantasma
recorre Europa” se ha quedado corto en sus conjeturas en estos dorados tiempos.
La dominación y la explotación de las clases sociales, políticas, económicas y
militares privilegiadas en contra de los depauperados, ya no se da sólo en los mercados
centroeuropeos, sino también en los centroamericanos. El fenómeno de la
globalización ha hecho su entrada triunfal hasta en los confines de la tierra, llegó
pisando fuerte, el tilín de su dios el capital, se mece acuciante en la mente y
el corazón de sus amantes tanto nacionales como transnacionales de extrema derecha,
corruptos y pusilánimes.
Aquel fantasma que
vislumbraba Marx en la vieja Europa, era por supuesto el espectro del comunismo.
Hoy, ese fantasma no existe. Sin embargo, aún asusta al mercader, al político
corrupto, al militar indocto, al burgués avaro, al religioso impreparado, sobre
todo aquellos de pensamiento neo pentecostal, amantes del diezmo y del recaudo,
y al ciudadano de a pie, especialmente en aquel que tiene vocación de borrego y en consecuencia, es presa fácil para embaucar. O al menos eso es lo que quieren
hacer ver, y por eso quieren asustar con el “petate del muerto”. Un difunto
conocido con el nombre de comunismo.
Quizás por eso dicen
los herejes, que el comunismo fincó su residencia bajo la sotana del nuevo Cardenal
Álvaro Ramazzini, Obispo de la Diócesis de Huehuetenango, y miembro de la
Conferencia Episcopal de Guatemala y se extenderá de norte a sur, de oriente a
occidente, porque ven en él a un anarquista del que hay que deshacerse y pronto.
Según se sabe, es considerado un enemigo acérrimo por los círculos de malhechores, achichincles
del pacto de corruptos.
“El árbol no les permite ver el bosque”, y por
eso escriben una y otra vez, sobre palimpsestos de arborea condición.
Continúan alegando
los réprobos que el nombramiento del nuevo Cardenal de parte de su Santidad, el
Papa Francisco, es un equívoco de fatales consecuencias. Dicen que es un teólogo
de la liberación, y para ellos ser un teólogo, filósofo o un mentor de la liberación,
es sinónimo de comunista. Nada más alejado de la verdad. A esas inmensas
mayorías les han hecho un lavado cerebral, semejante a una lobotomía, eso no
los deja llegar ni siquiera a la elucubración como ejercicio mental, y por eso
sin duda alguna, repiten lo que escuchan de sectores ultraconservadores,
extremadamente corruptos.
Cuánta razón le asiste a José Ingenieros al decir en “El hombre
mediocre” que, mucha gente piensa con la cabeza de los demás, solo repite lo
que escucha o lo que lee, sin someterlo al escrutinio de la verdad y la razón,
y Leo Strauss al decir que, hoy el ser humano moderno -y posmoderno- ya no
piensa.
En redes sociales
leí, a propósito del mencionado nombramiento, como la “ignorancia es audaz”, se
anteponía al nombre del Cardenal los epítetos zahirientes de: comunista,
socialista, marxista, leninista, bolchevique, estalinista, etc. Con ello evidencian
de manera concluyente que, tienen más culebras en la cabeza que la legendaria Medusa,
y ellas les han envenenado el cerebro y obnubilado la razón.
El pecado del ahora Cardenal consiste en cumplir al pie de la
letra con lo que se valúa en el evangelio y, en sus tareas pastorales insiste en
bajar a los huérfanos, los pobres, las viudas, los desposeídos, los invisibilizados,
los nadies, los otros, los olvidados, los explotados, los marginados, los
desterrados, migrantes, iletrados y arrasados por el sistema corrupto y corruptor, de la
pesada cruz que les han impuesto. Y por eso ha defendido la vida en toda su
magnitud.
Esa defensoría, acompañada
de una fe profunda y razonada por los derechos humanos, del lumpenproletariado,
de las aguas, de la tierra, la fauna y la flora lo ha sometido a una fatigosa tribulación.
A ese quehacer es a lo que se llama hacer verdadera “teología”. Y por supuesto, podría señalar sin temor a equivocarme que, aquí y en la Patagonia, tal teología es una teología de la liberación, es una
cristología de la liberación, cuyo interés radica únicamente en pretender <<bajar
de la cruz a los pobres>>. Aunque el ignaro lo asocie con los adjetivos consignados
en el párrafo anterior.
Para no hacer apología de la ignorancia y someterse al escrutinio de los demás como tal, cualquier persona que se precie de no serlo, debe conocer o darse a la tarea de averiguar un poquito la historia, y así podrá saber que el estalinismo en su tiempo, transformó a seguidores y no seguidores
en “muertos vivientes”, el capitalismo inhumano y voraz, conyugalizado con la corrupción institucional y en contubernio con cúpulas empresariales, políticas y
militares también nos siguen transfigurando en cadáveres in fieri, sobre todo en los estratos sociales más bajos, residentes en las periferias, barrios y zonas marginales y las áreas
rurales.
El marxismo mientras tanto,
sigue sentenciando que las mil y una secta religiosa existentes en toda Latinoamérica, continúan siendo el opio de los pueblos, porque los adormece en el sopor de su complacencia, y sigue defendiendo las vidas de los trabajadores para que éstas no sean
explotadas.
Hoy, el llamado <<eje del mal>> ya no lo constituye la
desaparecida URSS, ha resucitado en las sectas pseudo religiosas, de pensamiento
delicuescente, y hoy más que nunca, son altamente agresivas, atentatorias, divisorias y
polémicas.
El fantasma que recorre a Guatemala hoy, es el de la corrupción institucional que no tiene que ver con izquierdas o derechas, sino con la falta de moral, ética y buenas costumbres de parte de sus perpetradores, el comunismo está muerto, no existe en Guatemala, muchos asistieron a su funeral, aunque algunos sectores pretenden resucitar. Parafraseando al doctor Rafael Echeverría, en su libro Ontología del lenguaje.
El fantasma que recorre a Guatemala hoy, es el de la corrupción institucional que no tiene que ver con izquierdas o derechas, sino con la falta de moral, ética y buenas costumbres de parte de sus perpetradores, el comunismo está muerto, no existe en Guatemala, muchos asistieron a su funeral, aunque algunos sectores pretenden resucitar. Parafraseando al doctor Rafael Echeverría, en su libro Ontología del lenguaje.
Acomodándose a la
nueva semántica de hoy, debemos transmontar más allá de esa forma de
adjetivar al Cardenal. Dejemos por un lado el politicismo oportunista del
momento actual y llamemos las cosas por su nombre. El Cardenal Álvaro Ramazzini,
es cualquier cosa menos un comunista.
Es un desestabilizador eso sí, del pensamiento contumaz del
llamado pacto de corruptos y sus adláteres.
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