Jlriveirof
Un padecimiento que hoy día se conoce con el nombre de hematidrosis
y que deviene a una situación de máximo estrés,
que se da al saber con certeza que la mujer del alba acompañada de su
guadaña acecha los pasos.
Unos pasos que Judas el traidor venía taloneando,
junto a los polizontes del templo, quienes lo apresaron después de la implosión
del beso hipócrita que el patrón de los
politicastros de este tiempo presente, Judas,
atestó en las mejillas de Jesús, en
el explosivo contexto que en el día de pascua se había creado en la comarca de
Jerusalén, para ser llevado ante el sumo
sacerdote Caifás...
En ese intento
sucinto por elucubrar sobre el pasado; vemos entonces, a partir de ahí a Jesús, yendo y viniendo de Herodes a Pilato, como hoy día reza ese
refrán popular. Poco después que inmersos en la negrura de la noche, como
actúan hoy día los malhechores en los tres poderes del Estado de Guatemala, el Sanedrín lo declarara <<reo de muerte>> por
haberse proclamado <<Mesías, hijo
del Dios Altísimo e Hijo del Hombre>>.
En ese orden, los “sepulcros blanqueados” ya habían planeado
todo el artificio para que no hubiera lugar a dudas en la ejecución sumaria y
plenaria que pretendían ante el pretor romano, y deshacerse de él a la mayor
brevedad posible; y al día siguiente es llevado al lujoso y extravagante
palacio y fortaleza en donde Pilato se recreaba para las fiestas judías,
presumiblemente para mantener la ciudad en orden para esos días.
Ahí tiene un encuentro personal con aquel Jesús maniatado,
abandonado inclusive por su <<Abba>>, durante una calurosa mañana
veraniega del mes de abril del año 30. Jesús un reo ya vencido en juicio por
los religiosos de la época, y Poncio Pilato en representación del poderoso
imperio romano.
Jesús conocido por la misión de su predicación y Pilato por ser
proclive al “soborno, injurias, robos, atropellos, daños injustificados,
continuas ejecuciones sin juicio, y una crueldad incesante y muy lamentable”,
según escribió Filón de Alejandría de él, y para no quedarnos cortos en la
adjetivación que éste escritor hace,
Flavio Josefo tampoco se queda corto; y lo describe como alguien carente de
tacto, insensible de las prácticas religiosas del pueblo judío, y por su
capacidad de respuesta pronta y cumplida para reaccionar con métodos bastante
brutales para controlar a la chusma.
Conociendo
entonces de forma gradual al pretor romano,
podemos precisar que eso tampoco lo hace predecible, y así lo demuestra
en el juicio que lleva a cabo para conocer el caso de Jesús al día siguiente muy
de mañana, cuando de forma inquisitorial se sentó en su silla para impartir
justicia en el caso en cuestión. “Escucha
la acusación, interroga al acusado, evalúa la culpabilidad y dicta sentencia” -página. 385 Jesús, Aproximación histórica, José Antonio Pagola- Entretanto
lo manda azotar, presuntamente fueron 200 azotes provenientes del flagelo de
los verdugos, -flagrum romano- que cayeron
sobre su endeble humanidad.
Como si eso
fuera poco los soldados entrelazaron una corona de puntiagudas espinas y se la
sumieron en las sienes, lo revistieron con un manto rojo y lo abofeteaban...
En
ese estado calamitoso en que lo dejan, Pilato viene y lo presenta a la multitud
diciendo “ecce homo”, mientras los sumos sacerdotes y los polizontes del
templo gritaban que lo crucificara… -Juan 18-19-
La expresión de
Pilato ecce homo, ha dado lugar para que dentro de la iconografía sagrada se le
bautice precisamente con ese nombre al sinfín de pinturas que diversos artistas han plasmado en su lienzo;
perpetuando a través del arte ese
momento histórico cuando Jesús fue <<condenado a muerte durante el
reinado de Tiberio por el gobernador Poncio Pilato>>. Por parecerles
peligroso en extremo, y porque criticaba de forma radical el sistema que
imperaba en aquel tiempo.
De esa suerte,
artistas como Antonello, El Bosco, Alberto Durero, Tiziano, Juan de
Juanes, Caravaggio, Rubens, Jan Cossiers, Guido Reni, Murillo, Daumier y Mihály
Munkácsy entre otros, han plasmado en su lienzo la figura doliente del
Cristo moriente, durante aquel juicio perverso perpetrado entre el poder
político y religioso en el año 33 de la era cristiana.
Sin embargo,
ningún pintor ha sido capaz de captar al Ecce Homo del profeta Isaías; aquel
que él visualizó en el siglo VIII antes
que el cuestionado Pilato se lavara las manos y lo mandara crucificar, cuyas características aparecen descritas en
el cuarto cántico del siervo, en donde se explicita de forma categórica la condición
de sufrimiento infligido, a quien profetizó como a alguien de quien muchos se espantarían,
porque desfigurado no parecería hombre, sin aspecto humano, desecho de hombre,
varón de dolores, herido y molido por nuestras culpas, oprimido, humillado y
quebrantado con dolencias, traspasado por nuestras rebeliones, triturado por
nuestros crímenes, maltratado…. –Capítulo 52-53 Isaías-
Veinte siglos
después, <<Jesucristo, en sus fieles,
-como dijo Blaise Pascal- se encuentra
en la agonía de Getsemaní hasta el final de los tiempos>>. Sigue siendo
triturado y molido a perpetuidad; solo que ahora ya no es dibujado al óleo por
artistas de renombre, sino desdibujado en la figura escuálida del ecce homo
guatemalteco, a quien le robaron la niñez y la adolescencia, la instrucción y educación, para ser explotado
por la empresa, la industria y el comercio.
Se hace presente en la mujer
raquítica, que con cinco hijos desnutridos y uno en el vientre llega a la hora de la molienda a trabajar de sol a sol, para recibir después un
misérrimo salario, para ser decomisado por un marido tosco y vicioso y ser
gastado en algún antro de mala muerte, de los muchos que abundan en la periferia
de nuestros pueblos.
Ecce homo; también está presente en los cientos de miles de cadáveres in fieri
que deambulan por las calles de nuestras ciudades, tocando puertas para
mendigar aunque sea un mendrugo de pan o las sobras de la mesa, indignas incluso
del perro de la casa a quien no le falta la libra de concentrado de forma diaria y continuada en su plato, a
una hora previamente establecida. Así como también, en las decenas de hombres y
mujeres que mueren todos los días blandiendo
sus desgracias, postrados en algún hospital o centro de salud, de esos que
brillan por la ausencia de personal médico y paramédico, sulfatiazol y creolina al menos, para
desinfectar las heridas de esos depauperados que necesitan más y mejores atenciones...
Lo anterior
expuesto se lo debemos agradecer al sistema político incompetente y rapaz que
impera en Guatemala, representado por el peor de todos los bandidos, “que es el
político trapacero, granuja, corrupto y servil” que tiene a todas las instituciones del estado
a su servicio, en virtud del pillaje, los robos y atracos que en ellas, a diario
cometen a mansalva…
De continuar las cosas así, a Jesucristo entonces, lo
tendremos en la agonía del Getsemaní hasta el final de los tiempos…
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