domingo, 1 de enero de 2023

La lapidación como estrategia de dominación

 


     El libro de los Hechos de los Apóstoles (6,8-10; 7, 54-59), registra uno de los primeros asesinatos cometidos en la era cristiana, concretamente en la humanidad de Esteban, uno de los primeros discípulos de Jesucristo que derramó su sangre al afirmar que lo veía en un remanso sentado a la derecha de Dios en gloria y en paz.

Con tal afirmación obtuvo una reacción violenta por parte de los miembros del Sanedrín, porque empezaron a formular juicios negativos, y en virtud de ellos, lo sacaron a las afueras de la ciudad y a pedrada limpia y certera le segaron la vida.

Mientras los malhechores descargaban su furia en contra del discípulo de Jesús, a quien convirtieron en proto mártir, él le pedía a Dios para que acogiera su espíritu y que no les tomara en cuenta ese flagrante delito.

     Hoy; en la plenitud del siglo XXI, los linchamientos que incluyen el apaleamiento, lapidaciones y otras formas pendencieras y violentas, siguen siendo una estrategia de dominación por parte de muchos sectores de la población; los aparatos represivos del estado lo siguen practicando con rigurosidad y asiduidad, para ser temidos, no respetados y enviar así, una señal sobre lo que debe y no hacerse, decir y no decirse.

Fue práctica de curso legal por parte de las hordas oligofrénicas del estado, durante el genocidio perpetrado en Guatemala, entre los años de 1960 a 1996, dentro del marco de la guerra fría entre el bloque capitalista representado por los EEUU y el comunista por la URSS.

La lapidación física y verbal se sigue practicando por razones de todo tipo, desde tiempos inmemoriales hasta nuestros días.

     En la actualidad seguimos viviendo tiempos difíciles, muchas personas violetas en extremo a lo interno de la Guatemala profunda utilizan ese método para castigar a presuntos delincuentes, en adición a la quema de personas a quienes ellos aprehenden, juzgan y condenan, mandando una clara señal que la justicia en Guatemala cada quien la toma según le conviene, y que la antiquísima ley del Talión aún existe y persiste.

     En ese contexto podemos contemplar cómo  Guatemala vuelve a ser  noticia a nivel internacional, cuando se estrenó el documental “El arte del asesinato político” producido por el actor George Clooney y Grant Heslov, basados en el libro del escritor Francisco Goldman, en dónde relatan el asesinato de Monseñor Juan José Gerardi, uno de los máximos defensores de los derechos humanos, lapidado por miembros del ejército nacional, dos días después de haber presentado el Informe de la Recuperación de la Memoria Histórica, que expone al desnudo,  el exacerbado índice de crueldad jamás cometido por esa institución armada, durante los 36 años que duró el enfrentamiento armado interno.

     Superada esa etapa convulsa y vergonzosa llevada a cabo bajo el solar patrio, es importante que todas las organizaciones sociales, políticas, económicas, militares y religiosas, a imitación de Cristo y el proto mártir Esteban, pidamos a Dios en nuestras oraciones para que cese la violencia, el odio, el desamor y la desesperanza e incluyamos en nuestras oraciones: “Señor, no les tomes en cuenta este pecado” …

Como una sociedad presuntamente civilizada, nos urge hacer esa declaración del perdón y, bajo este acápite, es importante que, todos cumplamos con lo que nos hemos comprometido, empezando con los gobernantes futuros a efecto de que cumplan con lo estipulado por los invisibilizados, olvidados, empolvados, desmantelados y archivados acuerdos de paz y, que vuelvan a pedir perdón por la barbarie cometida en contra de la otredad y la nadedad, pero no del diente al labio como lo hizo el pillo de Portillo, sino a corazón abierto, para que, como sociedad presuntamente civilizada, comencemos a reconstruir la Guatemala que todos queremos.

     Obviamente; sin resarcimiento no hay perdón, por lo tanto, es imperioso resarcir el daño cometido en contra de los otros y la mejor forma de hacerlo es, llevar salud, seguridad, educación, capacitación técnica y ayuda psicológica entre otras a las áreas violentadas, excluidas, marginadas y más olvidadas por el mismo estado guatemalteco; especialmente aquellas que, pusieron sus campos y sus muertos durante la conflagración bélica …

Jlriveirof, OP

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