La frase shakiriana con que doy pie a la andadura de este ensayo, se ha convertido en tendencia en muchas partes del mundo, y no en moda pasajera. En poco tiempo ha revoloteado las redes sociales, los medios noticiosos escritos y televisivos, la vida de la farándula y, evidentemente con la canción en donde aparece la frase en cuestión, la cantante colombiana ha facturado cuantiosa cantidad dineraria.
Tal
sentencia puede interpretarse desde varios escenarios, y para el efecto el
escribiente lo analiza desde algunos de sus ángulos:
Uno
de ellos nos permite esclarecer que, si bien es cierto, hoy la mujer tiene más
acceso a la instrucción superior, a elegir y ser electa para participar e
incursionar en la política, ocupar cargos importantes tanto en el sector
público como en el privado, también es cierto que, todavía es un porcentaje no
muy expresivo de mujeres las que facturan cantidades estratosféricas como las que,
sin duda alguna, factura Shakira. Aunque falsas casi siempre las estadísticas,
valga tomarlas en consideración para este efecto, siguen siendo pocas las
mujeres que tienen acceso a esas oportunidades, y a la tajada grande del gran pastel
laboral.
A tenor de lo planteado, también es notable
constatar que muchas de ellas son pequeñas y medianas empresarias y, en
consecuencia, facturan.
En
el ejercicio de mi profesión, por ejemplo, conozco exitosísimas mujeres de
negocios de seguros que facturan cifras respetables de dinero en la tentativa
de tal faena y que, año tras año incrementan sus haberes, viajan nacional e
internacionalmente y tienen un estilo de vida acomodado, libertad de gestión
del más valioso de los recursos, el tiempo, libertad de locomoción, de
negociación, y de expresión entre un sinfín de etcéteras.
Sin embargo, es importante ubicarse en el canto
de la situación para ver la otra cara de la misma.
Para
enriquecer un poco más el planteamiento, traigo a colación, lo que, en fechas
recientes, el teólogo dominico, salmantino, español, Fray Luis Miguel Otero,
publicó en redes sociales. Se trata de un post intitulado “Jovencitas”,
en donde dilucida tres características de seres humanos vulnerados: mujer,
indígena y campesina. Añade el teólogo una cuarta característica de
exclusión, hasta por instituciones culturales y religiosas: mujeres,
indígenas, campesinas y jóvenes. Evidentemente ellas son las que entre
millones de mujeres más, sí lloran sus pobrezas y tristezas y no facturan, como
suelen hacerlo las mujeres de la alta sociedad que no dependen pecuniariamente
hablando de un consorte, al menos en Guatemala, desde cuyo rincón suelo
escribir.
Respecto de ese cuarteto: “mujeres,
indígenas, campesinas y jóvenes”, recuerdo que hace algunos años ya, una
persona que trabajaba conmigo en la intermediación de seguros, descendiente
lejano de alemanes, dejo de cooperar conmigo en virtud que, consiguió una plaza
de maestro de educación primaria rural, en una aldea remota de la Guatemala
recóndita. Feliz me contó su logro y socializó su visión que era, desposar a
una mujer autóctona, al cabo de un par de años supe que, se había amancebado
con una “mujer, indígena, campesina, joven” y pobre. Cuando me
pormenorizó el asunto me comentó que, ella no le cuestionaba sus vicios, sus
modos, su holgazanería y sus precariedades y que, solo la quería para
“utilizarla” como mujer, según sus propias palabras y, para que le lavara,
planchara la ropa y le diera de comer.
Lo
anterior expuesto me llevo a pensar e investigar porque la mayoría de
extranjeros que han venido a estas tierras, en proporciones mayoritarias han seguido el mismo patrón de conducta; en
donde muchas de esas muchachas, dadas sus particularidades, fueron adquiridas
en propiedad durante la migración por parte de esos extranjeros venidos de
Europa, de los Estados Unidos de Norteamérica y de otras partes del mundo,
ricos en su mayoría y, que vinieron a fundar haciendas y una familia en la
Guatemala profunda, posiblemente adicional a la que ya tenían en sus patrias,
¿acaso no fueron mujeres, indígenas, campesinas y jóvenes y muy pobres sus
predilectas? Para darle porte y soporte a ese pensamiento, cito a
Schaeffer-Gabriel (2006) que expone que, los hombres de negocios acceden a las
mujeres vulnerables de manera multinacional para obtener obediencia sexual de
mujeres de países pobres y empobrecidos y, así como se aprovechan de la mano de
obra barata de mujeres trabajadoras, así también se aprovechan sexualmente de
estas mujeres. Cito el siguiente texto de forma literal: “El marido del
primer mundo generalmente busca una esposa dócil, sumisa y obediente a la que
pueda controlar y dominar. No quiere una
mujer de su misma nacionalidad como esposa porque considera que son agresivas y
egoístas. Cree también que son demasiado ambiciosas, que tienen demandas
excesivas en el matrimonio y que tienen expectativas de igualdad con respecto a
sus maridos. Critica el deseo femenino de autonomía, independencia e igualdad.
(Belleau 2003, 596). Como diría Cantinflas: “como la ven desdíay” …
Posteriormente, el fraile dominico en
mención, escribió otro de sus acostumbrados y acertados posts, en ocasión a la
conmemoración del día internacional de la mujer, en donde fija la mirada en las
mujeres que lloran y no facturan, como por ejemplo, “las adolescentes
indígenas campesinas, las nietas de las mujeres que fueron violadas en Sepur
Zarco y Rabinal; las que viven con miedo, angustia, susto permanente en el
pecho, extrema pobreza”; ellas; evidentemente no facturan pero si lloran
todos los días sus carencias por causa de las falencias de un estado en franco
deterioro, fallido, corrupto y corruptor en extremo y, una sociedad permisiva
que soslaya la injusticia social y lo que es peor, la practica con descaro.
En
ese escenario, quiero compartir lo que en fechas recientes escuche de boca de
una “buena samaritana” cristiana, que aconsejaba como proceder en contra de la
mujer pobre, joven, indígena y campesina que, se dedica a la explotada
actividad de “sirvienta”. según sus palabras, con el objetivo de ahorrarse un
dinero y evitar demandas judiciales a posteriori: -Yo le pago X cantidad de quetzales
mensuales y la hago firmar un recibo en blanco, en donde yo pongo el salario que
me convenga o el mínimo establecido por la ley, así como prestaciones laborales…;
¡Vaya religiosidad despojada de valores humanos y cristianos los que practica
la buena samaritana! …
Para aderezar un poco los párrafos
anteriores, me permito libar un poco del pensamiento de la filósofa Simone de
Beauvoir, extractado de su densa obra intitulada “El segundo sexo”, por
constituir, quizás, las letras más importantes pensadas en ese contexto, desde
que fue escrito, hasta nuestros días…, en ella; estudia el porqué
del estado actual en que se encuentra la mayor parte de la humanidad occidental,
que son las mujeres. Clara-mente, me decanto en ese ensayo, en virtud de haber
sido sal-pica-do de adjetivos adversos por los “expertos literarios”, además de
ser considerado subversivo en España y prohibido por el Vaticano, a través del
Santo Oficio, que de santo solo ha tenido el nombre. Mientras más subversivo,
prohíbo y perseguido de forma inquisitorial, mejor, más se deleita en su
lectura y se cede a la tentación de hojearlo y ojearlo, a la vez …
En sus páginas prohibidas y
subversivas, calificadas así por una buena retahíla de ignorantes; encontramos
luces que permiten alumbrar las tinieblas que condicionan a la mujer en nuestra
cultura en donde permea todo lo occidental y que, no puede realizarse con
entera libertad.
Respecto de la libertad y
desde una filosofía existencialista soy testigo de cómo muchas mujeres que se
han desempeñado con mi dirección como mujeres de negocios de seguros, no gozan
de una irrestricta libertad para desempeñarse con eficiencia y eficacia en el
giro de este negocio, sus cónyuges son sus peores cepos, ellos restringen su
libertad de acción, determinación, locomoción, emancipación y promoción. Muchos lo hacen por celos y envidia porque
algunas han facturado más que ellos. Un fuerte machismo, ignorancia y sexismo
son las armas que utilizan en su contra. Cuánta razón tuvo José Ingenieros al
postular en El hombre mediocre que, el mediocre mediocriza.
La libertad, -dice
Beauvoir, es la autonomía del sujeto y es siempre absoluta. Entonces,
maridos, ¿Por qué le quitan la libertad de ser y hacer a sus prójimos más
próximos? No utilizo el término “sus mujeres” porque la mujer no es propiedad
de ningún cabrón, como suelen mal interpretar las Sagradas Escrituras muchos
cabreros evangélicos, sacerdotes y rabinos ignorantes, coadyuban a cercenar
la libertad de la mujer. –“Gracias Señor porque no me hiciste ni gentil, ni
esclavo ni mujer”, rezan muchos de estos judíos ortodoxos y jasídicos de
frente al muro de los lamentos, una oración controversial que se encuentra en
la mayoría de los sidurim (libros de oración) y que tiene más de dos mil años
de estarse rezando. Con tales pensamientos y sentimientos procuran
encaramar una pesada cruz sobre las espaldas de sus compañeras de hogar y confinarlas
únicamente al plano biológico y doméstico: a cumplir con sus deberes
conyugales, la crianza de los hijos y los oficios de la casa, oprimiéndola y
violentando todos sus derechos civiles. Para muchos “ombres” es, un medio para
sus determinados y pérfidos fines.
Frente a ese aspecto sombrío enunciado en
el párrafo que antecede, muchas veces la mujer, no es considerada por su
condición de mujer ni por su nombre cuando el que se cree su dueño se refiere a
ella; y, es tratada con frases peyorativas
y precisamente por eso son vistas como una vulva solamente, mi brujer, aquella,
la vieja, la loca, la cosa, etcétera, y es vista desde la otredad y la nadedad,
degradando su buen vivir y existir. Esa forma de pensar, de ser y hacer del
ombre sin h es, una conducta de mala fe, aludiendo la filosofía
existencialista de Sartre y de Beauvoir y, desde el punto de vista histórico es
una realidad concreta: desde tiempos inmemorables ha estado subordinada a un
sistema patriarcal, un patrón, a otra mujer, a un sistema, a una cultura o una
religión. En casos afines, el macho se somata el pecho al estilo de King Kong
sobre el Empire State Building, la hembra baja la mirada y obedece sin chistar
palabra, convirtiéndola de esa manera en un objeto.
Precisamente para evitar tal
subordinación hacia el varón en mi caso particular, eduque a mis hijas a ser
total y absolutamente independientes, obtuvieron una instrucción y titulación
universitaria y a la hora de cualquier eventualidad que vaya en detrimento de
su propia dignidad, pueden darse el lujo de patearles el trasero a sus
cónyuges, llegado el momento, porque se que no necesitarán de ellos, ni social, ni política, mucho menos
económicamente para salir adelante en la vida y vivir con dignidad, comodidad y
decoro.
Pues bien, volviendo al tema que da
sustento a este escrito y, haciendo una exegesis de la frase cantada y
decantada por Shakira: las mujeres ya no lloran, las mujeres facturan, podemos desfasar
tal frase en tres: mujeres, llorar y facturar.
Al utilizar el término
mujeres, generaliza, ya explicité en párrafos anteriores que, no todas las
mujeres facturan, muchas mujeres del área rural no tienen más que sal,
tortillas y chile en su mesa para alimentar a su familia. Otras muchas nacidas
y crecidas en el triángulo norte de Centroamérica, carentes de educación,
instrucción y falta de oportunidades, se vienen dedicando desde antiguo, al más
antiguo negocio de la humanidad. Otras sin oficio ni beneficio se postulan a
cargos de elección popular a través de la segunda profesión más antigua de la
humanidad y, que se parece en mucho a la primera, como la describió el entonces
presidente estadounidense Ronald Reagan. Las que facturan entonces, son menos
que las más…, ratificando nuevamente el concepto.
Dejando por un lado a la mujer joven,
indígena y campesina que sabemos que no factura. Pensemos un poco en las que se
dedican a las dos profesiones más antiguas del mundo ¿Cuántas mujeres que se
dedican al tráfico galante facturan bonito?
Según Sheila Jeffreys, autora
del libro La industria de la vagina, sugiere en sus páginas que, esa actividad
venérea, no dejó de existir cuando las mujeres adquirieron mayores derechos
igualitarios, sino que, por el contrario, se metamorfoseo en un negocio
redondo, floreciente y rentable a finales del siglo XX y principios del XXI y,
en los países “civilizados” e industrializados del primer mundo, ya se considera un trabajo legítimo que se da
a tacos con el mundo de la política. ¿Cuántas mujeres se han enriquecido
impunemente en ese sub mundo de la politiquería, a lo largo y ancho del puto
mundo? ¿Cuántas politicastras y proxenetas facturan impunemente y hoy son
consideradas empresarias respetables en virtud del neoliberalismo? Un negocio
prostibulario en ambos casos que, permite facturar grandes sumas de dinero. ¿Cómo
les quedó el ojo? …
Respecto del llorar, ¿Quién no llora,
gimotea, suspira, gime, solloza o se queja por causa de la situación actual que
es intolerable? La inflación, por
ejemplo, que, ha sentado sus reales en el mundo entero, ¿del mal comportamiento
de un cónyuge lépero, pendenciero, jugador y vicioso entre un rosario de
etcéteras? Sin romantizar el lloriqueo, todas las personas lloramos, en todas
las aristas de la vida, el llorar es catártico, es sano, es normal, usual y
acostumbrado.
Y del facturar, tercera palabra a
considerar, la Organización de las Naciones Unidas Mujer, apunta que, una de
las variables que más repercute negativamente en perjuicio de las mujeres, es
la de género en virtud que, muchas de ellas solo obtiene, bajo condiciones
desfavorables un empleo parcial, los peores empleos o socialmente subvalorados,
autominusvalorización e ignorancia exacerbada de parte de muchos de los
sabihondos de recursos humanos y, empleadores falaces y contumaces que se
ensañan con la mujer por el simple hecho de ser mujer y, que las prefieren
machorras pues, no quieren que se embaracen y hagan uso de lo que en ley les
corresponde, gozar de un periodo pre y post natal y tener que contratar a otra
persona que las supla en tanto que, regresan al trabajo de forma habitual.
A guisa de colofón, ofrezco una solución
ante tanta animadversión contra la población mujeril. Va dirigida especialmente
a todas aquellas mujeres que, han sido pisoteadas en todos sus derechos de
parte de personas inescrupulosas. Una posibilidad laboral sin distinción de
raza, color de la piel, pensamiento político o religioso, creyente de Dios o
del diablo, soltera, viuda, divorciada, casada, madres solteras, jóvenes, no
tan jóvenes, etcétera. Les ofrezco un emprendimiento de tiempo completo en
donde podrán transformarse en mujeres de negocios de seguros, que permitirá
sentirse sumamente orgullosas al ejecutar una actividad comercial, altamente
justificable desde el punto de vista económico y social, en donde podrán
facturar a ojos vistas, la cantidad de dinero que se propongan.
La idea es, una carrera para
toda la vida dadas las particularidades de la misma, un negocio propio donde
podrán emprender, trabajar y facturar a base de comisión, obtener recompensas
económicas, bajo el concepto de bonos de iniciación, puntos y quetzales que se
les sumará a una tarjeta de regalo, un negocio redondo en donde serán las dueñas
de su propio emprendimiento y tiempo, el cual gestionarán según sus
necesidades, obtendrán una capacitación constante, desarrollo personal, tener
su propio coach ejecutivo, múltiples satisfacciones personales, viajes
nacionales e internacionales todo pagado. A vista de pájaro, esa es la
ocupación que les dará la ocasión de facturar más y llorar menos…
Jlriveirof, OP
No hay comentarios:
Publicar un comentario