martes, 20 de febrero de 2024

La explotación de la mujer en el siglo XXI

 

     Desde que Karl Marx lanzó a finales del año 1867, el "proyectil más terrible que se haya jamás lanzado contra la cabeza de los burgueses," podemos constatar que, casi al final del primer cuarto del siglo XXI, la explotación en contra de una inmensa mayoría de la clase trabajadora, se sigue llevando a la praxis por una gran cauda de gente que suele autodenominarse empresarios.

Hoy día, es lamentable constatar que, esa crítica a la economía política que sentaba las bases materiales del capitalismo en su tiempo, aún sigue siendo crítica. Ese "proyectil," considerado como "la Biblia de la clase obrera", aún sigue impactando en la mente de muchos "empresaurios" carentes de toda ética, humanidad y empresarialidad, considerando tales términos en su vasto y estricto sentido etimológico.

Valga mencionar que, la crítica crítica de Marx expuesta en Das Kapital es vigente y es presente en el aquí y ahora. Su obra nadie ha podido tramontarla, ni siquiera el economista francés Thomas Piketty con su obra El capital en el siglo XXI.

En ese sentido, las condiciones laborales criticadas por Marx, siguen metiendo zancadilla en el andar de muchas personas que, merecen un empleo digno que les permita satisfacer sus más elementales necesidades, presentes y futuras, mediante la adquisición de un trabajo probo y digno y, hoy día, siguen siendo avasalladas con otras formas de explotación, aparte de las económicas...

A guisa de ejemplo, expongo dos temas puntuales y recientes con los que, puedo dar fe de lo tratado.

     El primero; en mi calidad de ejecutivo, de forma asidua entrevisto personas para desarrollarlas y potenciar su propio negocio, comercializando toda clase de seguros. Hará poco menos de quince días cuando una joven mujer, madre soltera, durante una entrevista laboral le pregunté por qué quería dejar su actual empleo. Su respuesta fue porque su empleadora, en una venta de comida gourmet, le hizo firmar un contrato de trabajo en donde se estipula que, devenga el salario mínimo establecido en ley y todas sus prestaciones laborales, cuando en realidad, lo que percibe son Q.1, 500.00 al mes, trabajando fines de semana, a razón de doce horas diarias...; ¿acaso este no es un típico caso de explotación? obviamente, mediante este contrato que contiene cláusulas contractuales que desdice la verdad, la "empresaria" en cuestión se cubre las espaldas ante una posible demanda laboral en los órganos jurisdiccionales correspondientes. - ¿Por qué lo permite? -pregunte-, -la necesidad tiene cara de chucho, respondió.

     El segundo y último ejemplo que traigo a colación, tuvo lugar la semana pasada en la Ciudad de Salamá. Tenía agendada una cita previamente establecida con una señora, viuda, madre de tres hijos, desempleada. En su hoja de vida vi algún tipo de rotación laboral, la cual justificó por discriminación racial y mal trato verbal de parte de su primer empleador, acoso sexual de parte del segundo y tercer empleador,  en adición a explotación laboral y salarial; al extremo que, el último, ante un ascenso que se presentó en su empresa y a la cual ella aplicó, le dijo que, el puesto era suyo "si y solo si", aceptaba lavarle, plancharle y "servirle de mujer", según sus propias palabras.

El "empresario" quería, en el pensamiento de Simone de Beauvoir y Jean Paul Sartre, tener un amor necesario en su casa y un amor contingente en su empresa, o viceversa. Una práctica anti ética y perversa que mucho gerente quiere tener entre la gente, a quien engatusa y miente, cuando labora bajo su dirección, aprovechándose posiblemente de una precaria situación económica de los trabajadores y la posición jerárquica del acosador. Eh ahí, otra forma de explotación en pleno siglo XXI. Obviamente, ambas personas serán tomadas en cuenta en la organización que dirijo en Alta y Baja Verapaz, después que pasen las pruebas de aptitud y personalidad pertinentes.

     Ya en ruta de regreso hacía mi ciudad natal, inmerso en el camino sinuoso del bosque nuboso del Biotopo del Quetzal, una tarde grisácea y borrascosa propia del mes más frio del año, diciembre, cavilando y ajustando la razón de la sin razón, me obliga a preguntarme: ¿hasta cuándo las mujeres adquirirán una cultura de denuncia de todo cuanto les es adverso en todos los ámbitos de su vida? ¿hasta cuándo se acabará este tipo de explotación comercial y sexual? …; lamentablemente muchos ven en su empresa, "un inmenso arsenal de mercancías," en donde a todo se le pone precio, incluyendo a las personas que laboran en ellas, en detrimento de su dignidad. De repente, un camionero imprudente, con las luces intermitentes, me saca casi del carril, al mismo tiempo que me saca de quicio, logro el control del carro, me ajusto el cinturón y sigo mi camino, no sin antes grabar en el disco duro instalado en mi neocórtex, lo que ahora estoy publicando.

Jlriveirof

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