El mercader de seguros
Capítulo III
La cultura previsional
Jlriveirof, OP
“La cultura de un pueblo se mide en relación a
la cantidad de pólizas de seguros que tiene.”
Mario Vargas Llosa
En fechas recientes mi amigo y colega de
antaño, Eduardo H Mata, me recordó el epígrafe atribuido al famoso escritor
peruano y ganador del Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, cuya
afirmación está en sintonía con el Comité Europeo de Seguros que dijo en fechas
no muy lejanas que, “un mundo sin seguros sería mucho menos desarrollado
económicamente y menos estable.” 
Ese párrafo primero, me retrotrajo años
atrás, cuando leí la más famosa obra literaria del escritor vienés Stefan
Zweig: El mundo de ayer, en donde en uno de sus capítulos comenta lo que a él
le tocó vivir a finales del siglo XIX, en la Viena Imperial, al decir que, era
“el siglo de la seguridad y que llegó a ser la época dorada del sistema de
seguros. Se aseguraba la casa contra incendio y robo; el campo, contra el
granizo y la tormenta; la vida contra accidentes y enfermedades; se compraban
rentas para la vejez y se depositaba en la cuna de las niñas una póliza para su
futura dote. Por último, hasta los obreros se organizaron, conquistaron un
salario estable y una caja de previsión; el servicio doméstico ahorraba lo
necesario para un seguro en la vejez y pagaba de antemano, en pequeñas cuotas,
su propio entierro. Sólo el que podía contemplar el futuro sin preocupaciones
disfrutaba del presente con buenos sentimientos.”
A más de un siglo de desvelados esos
hechos, podemos constatar como en “la ciudad de la música” y hogar de
Beethoven, Mozart, Strauss y Schubert, contemplaban el futuro sin
preocupaciones porque tenían una cultura previsional impresionante, algo de lo
que carecemos una inmensa mayoría de guatemaltecos, puesta de manifiesto en
fechas recientes, con bochinches callejeros y violencia generalizada, cuando se
quiso poner en vigor el seguro obligatorio de responsabilidad civil.
Ante esos hechos de violencia tanto física
como verbal de los opositores al seguro, nos sometimos al escrutinio de otras
civilizaciones, en donde, sin duda alguna, nos vieron con desdén.
¿Cómo nos verían los vieneses en el primer
cuarto del siglo XXI? Cuando ellos siguen con la creencia de que, al seguro hay
que verlo como un contrato de “absoluta buena fe” (ubérrima bona fide), y que,
es la única herramienta clave para gestionar riesgos y resarcir tanto los daños
físicos y materiales consecuentes a una muerte prematura, a una invalidez, a la
vejez prolongada, al desempleo, las enfermedades graves y a los accidentes…
Como en la época dorada del seguro vienés,
en Guatemala hoy día, también contamos con seguros para garantizar la renta
vitalicia para una viuda; seguros contra incendio para el hogar o la empresa y
su contenido; con un amplio portafolio
de seguros de vida, tanto en dólares estadounidenses como quetzales, pólizas de
gastos médicos, de accidentes personales; garantizamos el riesgo que conlleva
la sobrevivencia; así como un seguro agrícola que garantiza indemnizar todas
las pérdidas ocasionadas por las catástrofes de la naturaleza, entre tantas
cosas; con la diferencia que, aquí les restamos importancia.
Si en palabras de Vargas Llosa, la cultura
de los pueblos se puede medir por la cantidad de pólizas que tienen; ¿acaso no
podríamos afirmar, reafirmar y confirmar nosotros que, la cultura de nuestras
familias también podría medirse en
relación a las pólizas que tenemos en vigor?
Conozco familias verapacenses
que tienen asegurado hasta el modo de andar…; ellos, se han dado a la tarea de
contemplar el futuro sin preocupaciones porque tienen un respaldo financiero;
disfrutan el presente con buenos sentimientos, porque piensan en sus seres
queridos; aún en medio de nuestra relativamente exigua cultura previsional…
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