martes, 19 de mayo de 2015

“RENUNCIA YA”



Atendiendo el clamor popular en contra de la ingobernabilidad que se vive en Guatemala,  un grupo bastante grande de ciudadanos,  nos dimos cita en la plaza central de Cobán para manifestar pacíficamente y pedir la renuncia del Presidente de la nación y la legión de malhechores que hacen des-gobierno con él;  durante las actividades programadas para el efecto tuve ocasión de platicar con uno de los manifestantes, conocido de antaño, quien me comento que se había cambiado de religión y transitado de la Iglesia Católica hacía una iglesia protestante de corte neo-pentecostal; conocida por ser una de las más intolerantes con las demás confesiones religiosas, agresiva, divisoria y polémica especialmente contra la Iglesia Católica.
 En las pláticas sostenidas me preguntó cuál era el pensamiento  de la Iglesia Católica referente a este tipo de manifestaciones; sin entrar en detalle,  le di mi particular punto de vista, como “ciudadano secular del uno, real, sacerdotal y profético pueblo de Dios”, mismo que está en sintonía con el pensamiento del  magisterio de la Iglesia.
Al escuchar mis puntos de vista, con cierta timidez me confesó que en “su iglesia” el pastor les ordenó (a su feligresía)  no participar en estas manifestaciones que se están llevando a cabo en la Ciudad Capital y demás cabeceras departamentales; por constituir una flagrante violación a la ley de Dios que indica que “toda autoridad es puesta por Dios” y que  las autoridades civiles que tenemos fueron elegidas por El; aunque estén haciendo todo lo que hoy están haciendo y que es del dominio del publico dentro y fuera del país; por lo tanto  se les debe respetar y obedecer.
 Aún así mi interlocutor hizo caso omiso de las demandas de su pastor e hizo lo que él consideraba pertinente y asistió a ejercer un derecho,  de no ser así, estas letras no habrían formado los párrafos que sustentan el escrito.
Al respecto recordé las enseñanzas de mi abuelo materno quien decía que cuando uno entra a una iglesia se debe quitar el sombrero  no la cabeza. Significa que jamás se debe decir amén a todo lo que diga el clérigo o el pastor; hay que entrar en un proceso de auto reflexión que lleve a tomar conciencia sobre la realidad nacional y permita incidir en ella no como simple espectador sino como actor, la simple expectación sin incidencia en el tema social es alienante; los actores propositivos que buscan el bien común conducen hacía la libertad. 
Resulta paradójico  que por una mala interpretación del texto sagrado haya gente que pierda el principio de solidaridad y corresponsabilidad; ante todo en estos momentos en que la patria demanda la unión y la fuerza de todos sus hijos; para hacer brillar la luz de la justicia y el derecho en medio de la oscuridad del nepotismo, libertinaje, enriquecimiento ilícito, asociación ilícita, desmadre  y todos los demás males en que cayeron los miserables que hoy des-gobiernan Guatemala, males que si menciono uno a uno en este artículo; el mismo dejaría de ser breve.
Es penoso y vergonzoso  que en pleno siglo XXI haya todavía “pastores de ovejas” sin la debida preparación teológica, que sin el recurso de la Exégesis  y la Hermenéutica pretendan interpretar y explicar correctamente las Sagradas Escrituras;  al no tener las debidas preparaciones éticas y académicas  se constituyen en el ciego que pretende guiar a otros ciegos en el camino de la salvación. Ambos caerán en el hoyo de la ignorancia.
 Esas consideraciones me hacen pensar en  la pedagogía de Paulo Freire que reclama modelos de rompimiento, de permutación y de metamorfosis total; postula que la tarea de educar humaniza si y solo si procura la integración de las personas a su realidad nacional, “en la medida en que pierda el miedo a la libertad y que cree en el educando un proceso de recreación, de búsqueda, de independencia y de solidaridad”.
En los discípulos en la fe creo que también deben abrirse esos espacios. Si la educación en la fe no fomenta procesos de búsqueda, de independencia y de solidaridad la misma será alienante y esclavizante, no transformadora, y;  como los cuatreros que elegimos hace más de tres años no renunciarán, renunciemos nosotros a ellos y expresémoslo en las próximas elecciones razonando bien nuestro voto y nuestra participación ciudadana, con un alto grado de civilidad, como hasta el día de hoy se ha hecho.
En la Iglesia entonces, hemos de quitarnos el sombrero o la gorra, no el cerebro.-

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