jueves, 26 de mayo de 2016

CONQUISTA TU PROPIO EVEREST


Por jlriveirof, OP

En un día como hoy 29 de Mayo, pero del año 1,953 el montañista y explorador neozelandés Edmund Hillary y el sherpa Tenzing Norgay,  pusieron por primera vez  los pies sobre la cima del pico más alto del mundo,  el Everest. Una destreza hasta entonces inimaginable ante la comprobación de varios exploradores que lo intentaron antes sin éxito alguno, incluyendo al propio Hillary  que en su pretensión por alcanzar la cumbre en 1951,   fracasó rotundamente.

En esa tentativa expresó: “Monte Everest, tú nos has vencido; pero volveré y te venceré, porque tú no puedes hacerte más grande pero yo sí”. Al proferir esa  afirmación el mundo de Edmund Hillary ya no fue igual, la misma constituyó un reto personal que demandó preparación psicofísica,  actividad, cambio de actitud, evolución del pensamiento, coraje, enfoque, conocimiento del entorno, una serie de pasos en la planeación, objetivos, desarrollo de las principales estrategias , algunas recomendaciones, análisis y discusión, políticas, conocer las ventajas y las desventajas por hacerlo, pero sobre todo disciplina, en virtud que,  “el secreto de un buen equipo está en el orden que todos sepan lo que deben hacer” con  alto grado de precisión, espíritu de servicio y don de entrega. Sacando  tal afirmación  de su contexto, la misma nos puede ser útil en la ejecución de cualquier faena.

     Ante su aparente fracaso el Señor Edmund Hillary no se sentó a llorar la derrota debajo de algún árbol, ni hizo de esa noche una noche triste, tampoco le echó la culpa a las circunstancias adversas, ni a la topografía del lugar, mucho menos al equipo técnico  que lo acompañaba. No le echó la culpa a nadie ni se doblegó con pensamientos negativos por no haberlo logrado en sus primeros intentos, sino que por el contrario; de la desilusión inicial sacó las fuerzas, la tenacidad y el carácter para hacer lo que tenía que hacer, lo que  se había propuesto con la debida antelación.  ¡Alcanzar la cima! Y por eso lo logró junto a su equipo y escaló esos  8, 848 metros sorteando las dificultades para contemplar el mundo desde su cima más alta, a las 11:30 horas de un día cualquiera, poniendo una pica en Flandes, es decir,  logro resolver algo complicado, en su caso particular, solventó las complicaciones que suponen poner cuerpo y alma en la cima del mundo. Cumpliendo así, una de sus metas, a lo mejor la más significativa.

     La actitud de Edmund Hillary me recuerda al sobreviviente de Auschwits Viktor Frankl quien pensaba: “Cuando  ya no somos capaces de cambiar una situación, nos encontramos ante el desafío de cambiarnos a nosotros mismos”. Hillary no pudo cambiar la situación, el Everest seguía igual, invicto. Pero,  sí pudo cambiarse a sí mismo para lograr sus objetivos, venciéndose.

     Haciendo una breve aproximación del trabajo de un montañista y explorador con nuestra actividad, cualquiera que esta sea; podemos precisar que muchas personas alcanzan su propio Everest en un día cualquiera, en el ejercicio de una profesión concreta y lo han logrado porque  al igual que Hillary se lo han propuesto, lo han planeado, han visualizado el éxito  a priori y han trabajado con ahínco por lograrlo.
     También he visto con desaire como tanto ser humano con todo un futuro por delante, equipados para el éxito renuncian  ante el primer intento y fracasan,  lloriqueando por su mala suerte, justificando él porqué de su fracaso, “llorando como niños lo que no supieron defender como hombres”, permitiéndose quedar en la estacada en un mundo lleno de oportunidades  y todo por transitar en la senda de lo  fácil, cómoda, sin retos, anhelos y esperanzas.

     Nuestro Everest no puede hacerse más grande, pero nosotros sí. “Si y solo si” llevamos a la  práctica los enunciados  mencionados con anterioridad, anteponiendo a los mismos el estudio asiduo, el deseo de superación y el deseo por salir de la marginación, la pobreza y  la extrema pobreza, según sea  el  caso.
     Se cuenta que Hillary vivió una vida feliz al servicio de su prójimo  porque  “la misma la ató a una meta no a una persona o  un objeto” –Albert Einstein- como muchas veces suele suceder en el mundo empresarial o en la vida privada.


     “Mi Everest no puede hacerse más grande, pero yo sí, por lo tanto volveré y lo venceré”.-

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