Por jlriveirof, OP
En un día como hoy 29 de Mayo,
pero del año 1,953 el montañista y explorador neozelandés Edmund Hillary y el
sherpa Tenzing Norgay, pusieron por
primera vez los pies sobre la cima del
pico más alto del mundo, el Everest. Una
destreza hasta entonces inimaginable ante la comprobación de varios
exploradores que lo intentaron antes sin éxito alguno, incluyendo al propio
Hillary que en su pretensión por
alcanzar la cumbre en 1951, fracasó rotundamente.
En esa tentativa expresó: “Monte Everest, tú nos has vencido; pero
volveré y te venceré, porque tú no puedes hacerte más grande pero yo sí”. Al
proferir esa afirmación el mundo de
Edmund Hillary ya no fue igual, la misma constituyó un reto personal que demandó
preparación psicofísica, actividad,
cambio de actitud, evolución del pensamiento, coraje, enfoque, conocimiento del
entorno, una serie de pasos en la planeación, objetivos, desarrollo de las
principales estrategias , algunas recomendaciones, análisis y discusión,
políticas, conocer las ventajas y las desventajas por hacerlo, pero sobre todo
disciplina, en virtud que, “el secreto de un buen equipo está en el
orden que todos sepan lo que deben
hacer” con alto grado de precisión,
espíritu de servicio y don de entrega. Sacando
tal afirmación de su contexto, la
misma nos puede ser útil en la ejecución de cualquier faena.
Ante su aparente fracaso el Señor Edmund
Hillary no se sentó a llorar la derrota debajo de algún árbol, ni hizo de esa
noche una noche triste, tampoco le echó la culpa a las circunstancias adversas,
ni a la topografía del lugar, mucho menos al equipo técnico que lo acompañaba. No le echó la culpa a
nadie ni se doblegó con pensamientos negativos por no haberlo logrado en sus
primeros intentos, sino que por el contrario; de la desilusión inicial sacó las
fuerzas, la tenacidad y el carácter para hacer lo que tenía que hacer, lo
que se había propuesto con la debida
antelación. ¡Alcanzar la cima! Y por eso
lo logró junto a su equipo y escaló esos
8, 848 metros sorteando las dificultades para contemplar el mundo desde
su cima más alta, a las 11:30 horas de un día cualquiera, poniendo una pica en
Flandes, es decir, logro resolver algo
complicado, en su caso particular, solventó las complicaciones que suponen
poner cuerpo y alma en la cima del mundo. Cumpliendo así, una de sus metas, a
lo mejor la más significativa.
La actitud de Edmund Hillary me recuerda
al sobreviviente de Auschwits Viktor Frankl quien pensaba: “Cuando ya no somos capaces de
cambiar una situación, nos encontramos ante el desafío de cambiarnos a nosotros
mismos”. Hillary no pudo cambiar la situación, el Everest seguía igual, invicto.
Pero, sí pudo cambiarse a sí mismo para
lograr sus objetivos, venciéndose.
Haciendo una breve aproximación del
trabajo de un montañista y explorador con nuestra actividad, cualquiera que
esta sea; podemos precisar que muchas personas alcanzan su propio Everest en un
día cualquiera, en el ejercicio de una profesión concreta y lo han logrado
porque al igual que Hillary se lo han
propuesto, lo han planeado, han visualizado el éxito a priori y han trabajado con ahínco por
lograrlo.
También he visto con desaire como tanto
ser humano con todo un futuro por delante, equipados para el éxito
renuncian ante el primer intento y
fracasan, lloriqueando por su mala
suerte, justificando él porqué de su fracaso, “llorando como niños lo que no supieron defender como hombres”, permitiéndose quedar en la estacada en un
mundo lleno de oportunidades y todo por
transitar en la senda de lo fácil,
cómoda, sin retos, anhelos y esperanzas.
Nuestro Everest no puede hacerse más
grande, pero nosotros sí. “Si y solo si” llevamos a la práctica los enunciados mencionados con anterioridad, anteponiendo a
los mismos el estudio asiduo, el deseo de superación y el deseo por salir de la
marginación, la pobreza y la extrema
pobreza, según sea el caso.
Se cuenta que Hillary vivió una vida feliz
al servicio de su prójimo porque “la
misma la ató a una meta no a una persona o un objeto” –Albert
Einstein- como muchas veces suele suceder en el mundo empresarial o en la vida
privada.
“Mi Everest no puede hacerse más grande,
pero yo sí, por lo tanto volveré y lo venceré”.-

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