viernes, 22 de junio de 2018

El arte de la venta de los seguros de vida


 
Jlriveirof

    A guisa de preludio

      La historia compartida en este articulo es real, sin embargo, los nombres son imaginarios, con la única intención de proteger la privacidad de un padre de familia, que me abrió las puertas de su hogar, para hablar de un tema concreto. Un seguro de vida programado, para arquitecturar el porvenir de él y su familia.

     Era una tarde-noche de un día cualquiera, cuando contacte por la vía telefónica al Señor Alfredo Molina, referido reciente de un amigo mutuo. Después de las pertinentes presentaciones, le hablé del motivo de mi llamada,  convenimos el día, la hora y el lugar en donde nos veríamos, y en el momento oportuno,  llegué tal y como lo acordamos. Toque a la vieja puerta de nogal,  de la entrada principal de la casa de la familia Molina Müller.  Fuí recibido por una mucama de avanzada edad y mediana estatura,  queckchí,  quien me saludo en su idioma materno. Para sorpresa suya, respondí el saludo en su mismo idioma, bromee con ella y  entre risas, me acompaño  hasta una pequeña oficina casera que se encontraba aislada del resto de la casa.
     Advertí que el Señor Alfredo Molina, se hizo esperar, como un alarde de importancia, quizás, para que yo tuviera ocasión de observar algunos logros académicos y deportivos con el club Cobán Imperial, cuyos diplomas pendían en una  de las cuatro paredes del lugar. Su pizada firme y su saludo vigoroso interrumpió el silencio que reinaba en el lugar. Señor Riveiro, inquirió, ¿para que le soy útil? Él sabía el objeto de mi visita, en virtud que ya lo había explicado por la vía telefónica, la tarde noche que lo contacte. Sin embargo, se hizo el desentendido. Me invito a sentarme en una silla que él jaló y que puso frente a  un escritorio de madera, que según me dijo, con cierta ínfula de orgullo, él mismo lo había construido, en sus ratos de ocio, por ser aficionado a la carpintería.
      Creé el contexto adecuado, raport, diría un psicólogo y comencé con una platica de ventas, bien articulada, indagando respecto de lo que podría ser su interés asegurable. Mi reflexión,  siempre ha sido filosófica, mediante el diálogo socrático, siempre llego al meollo del asunto,  e intento remediar  la visión del futuro, “sí y solo sí”, quien me escucha, acepta las consabidas  recomendaciones. Condición sine qua non para evitar grandes catástrofes de tipo  económicas, si llegara a faltar el sostén de la familia.
     Conjuntamente describimos la problemática, que se deriva de una muerte que no se espera. Coincidimos que el problema del problema, no es la muerte en sí, sino la falta de previsión, ante esas eventualidades: no se cuenta con dinero suficiente para hacerle frente a la mujer de la  guadaña, cuando ésta se presenta sin tarjeta de presentación ni invitación previa.  Difícilmente se tenga un lecho en algún cementerio. Son muy pocas las personas que tienen preparado su funeral. Nadie está preparado psíquicamente para aceptar la pérdida.
     Uno a uno enumeramos  las emociones, que fluyen, cuando los grandes riesgos de la humanidad rondan nuestra existencia, y que se derivan de una muerte prematura, una vejez prolongada, una invalidez total y permanente, un desempleo temporal, una enfermedad grave: infarto del miocardio, derrame cerebral, cirugía arteriocoronaria y cáncer. Dentro de esos sentimientos negativos que pueden aparecer y que pueden ocasionar vacíos existenciales, enumeramos varios, como:  ira, frustración, miedo, depresión, negación, entre otras.
Negros nubarrones obnubilaron el porvenir. Y,  ¿ahora que podemos hacer?  Me pregunta el interlocutor.
     Analizamos la situación; examinando las opciones con las que contamos para resolver el problema, y  nos percatamos que, el entrevistado carece de ahorros suficientes, para hacerle frente a estas circunstancias desfavorables. No posee un capital lo suficientemente sustancial, trabajando a su favor y que le permita una renta a futuro, por concepto de intereses.  El seguro social del que dispone, es obsoleto he insuficiente, gracias a los políticos corruptos, que han medrado ilícitamente con los dineros del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social. –IGSS- Toda su familia depende económicamente de él   y la deuda social no le permite progresar. Como si lo anterior fuera poco, tiene la casa hipotecada, debe el vehículo y posee un par de tarjetas de crédito que le causan insomnio de vez en cuando.
     Con estos datos en el papel, contemplamos el diagnóstico, dando un segundo ver al panorama obtenido: problemática, emociones, análisis de la situación. Una vez más, contemplamos el contexto creado, y concluimos que solo mediante una póliza de seguro de vida, como instrumento financiero completo, podemos salvar a su familia de las grandes catástrofes financieras  que se podrían presentar.
Sólo una poliza de  seguro de vida,  puede darle a su familia un surplus de calidad, para obtener un plus valor, que permita a la misma, salir avante y cumplir con sus sueños, anhelos y esperanzas, esté o no esté usted, físicamente en este mundo. Y,  partiendo  de ahí, le demostré como alcanzar  el equilibrio, físico, mental y espiritual; que sobreviene al tener uno o varios seguros de vida, vigentes…
     No obstante, haber estado de acuerdo conmigo; empezó a refutar a diestro y siniestro; como queriendo evadir su responsabilidad ante una familia que cree y confía en él, elucubrando que esos avatares de la vida, son inciertos y que probablemente,  no tocarán a su puerta, al menos todavía no,  para importunarlo.
      Su esposa no necesita un seguro de vida como éste increpe, sino su viuda en potencia y en latencia. En crisis y en lisis. Ante las mil y una objeción que externo, mientras yo con un computador, arquitecturaba su porvenir, dando respuesta a las preguntas más obvias.
 Amigo de la tautología el Señor Molina, repetía una y otra vez la misma objeción.
     Para concluir,  puse a la filosofía en el umbral de su trabajo, con tres preguntas kantianas: ¿Qué más necesita saber? ¿Qué puede hacer? Y si desoye mis argumentos, ¿Qué le cabe esperar? Junto  a su familia. En virtud que, una mala decisión tiene reacciones cósmicas, lo afectarían no solo a él, sino a su núcleo familiar y a su entorno.
     Dos años y pocos meses, pasaron después de esa entrevista. Y en el frío invierno de un año también cualquiera, recibí una llamada telefónica. Del otro lado de la línea, una mujer entre sollozos y lamentos, me daba  la infausta noticia que el Señor Molina, su esposo,   había muerto.
Murió a causa de un infarto agudo al miocardio, dos años y pico, después de haber firmado aquella ajada solicitud de seguro. Rebobine mis pensamientos a ese preciso momento y recordé que mientras firmaba el cheque correspondiente al pago de la prima, decía entre son de broma y molesto consigo mismo. Usted, es más terco que la diarrea. Solo por eso le estoy firmando.  
Haber adjetivado mi vocación de servicio de la forma en que lo hizo,  me sacó en su momento cierto malestar; hoy,  una sonrisa filosófica...

     Al  final, “el fin santificó los medios”, como dirían los jesuitas en la ignorante edad media, y esa familia, salió avante con el importe de una cuantiosa suma asegurada…

Santo Domingo de Cobán, 22 de junio de 2018

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