miércoles, 20 de junio de 2018

Transitando de una cultura adversarial hacia una de diálogo…


    por jlriveirof

     Intentando ponderar las ideas respecto a las competencias escriturales de los cibernautas, que muy a menudo, utilizan las redes sociales, como si del  pulpito de un predicador  neo pentecostal se tratara,  ávido del recaudo y el diezmo,  desde donde  despotrican ante cualquier persona o situación, me llama la atención, como muchas personas, desvirtúan su objetivo,  en virtud de lo que ahí escriben, obviando la ética y el arte al escribir. Unos tal vez no sepan, otros quizás lo olvidan,  que “escribir no es copiar” –Cassany 1993-   copian lo que les gusta, escriben lo que creen, comparten falsedades y analizan realidades, tengan o no el  conocimiento del tema en cuestión. 

     Quizás, por eso,  los medios modernos de comunicación, hoy día, son utilizados por muchas personas como una herramienta bélica,  con la que pueden menoscabar la dignidad de cualquier persona.
Cuantos hoy día, atentan contra ella, al copiar, pegar, reenviar o compartir cualquier información, sin hacer las investigaciones pertinentes previas, para ver si tal o cual información es veraz. Cuantas personas utilizan sus muros de Facebook para generar opinión sobre religión, política, economía, teología, filosofía, antropología, chismología, izquierdas, derechas, entre un largo etcétera. Muchos presumen de  ser  expertos en todo y lo son en nada, creyéndose que de parte de ellos está la verdad, y por eso, muchas veces, queriendo o sin querer,  transgreden la moral,  la ética o las reglas básicas de convivencia.

     En esta dirección, cuanto peso tienen las palabras de Herbert Spencer, cuando decía: “hay un principio que es una barrera para toda información que es una refutación de cualquier argumento y que no puede fallar para mantener a un hombre en una perpetua ignorancia: el principio consiste en despreciar antes de investigar”.

     Retroproyectando mis pensamientos,  recuerdo haber debatido en Facebook con un amigo en común, que se refería al ser y hacer de un coach empresarial. Iniciaba su ponencia diciendo: “Los que se ganan la vida como <<coach empresarial, >> no son capaces de montar una tiendita”. Su afirmación generó muchos comentarios contrarios a la verdad,  referentes al ejercicio de un coach. “Vendedores de humo” dijo uno de los comentaristas. “Es una buena definición” contesto el ponente. “No han vendido un chicle en su vida” respondió una dama. “¿Qué venden? ¿Venden carácter, templanza, resistencia, visión, amor al servicio? Volvió a responder el relator. “Yo pienso que son como pastores sin iglesia ni compromiso moral” respondió otra dama. “Compromiso moral” Define muy bien el problema volvió a responder el ponente. 
Lo anterior expuesto, presenta  a una persona que a todas luces, desconoce lo que es y lo que hace un coach empresarial, incluyendo a los comentaristas. Concibiendo reacciones con un tema que desconocen. Alguien dijo alguna vez que “la ignorancia es audaz” y así lo demostraron estas personas.
Es evidente que  no saben que el coaching,  es una forma de “dirigir, pensar, ser y tratar a las personas”  individuales y jurídicas. Está basado en la reflexión  filosófica, en el dialogo socrático.  
Mi atrevimiento en esta valoración obedece por supuesto,  a la  formación formal  que tengo sobre  la práctica del coaching.

     Asimismo, he sido testigo de comentarios atentatorios, hostiles, dudosos y quiméricos,  respecto de la Iglesia Católica. Me he mordido los dedos para no ser participe en esa interrelación. En el contexto del Concilio Ecuménico Vaticano II, alguien dijo que “para hablar de la iglesia, hay que conocerla y para conocerla, hay que estudiarla”. Algo que he hecho con asiduidad. Es por ello que “ante la docta ignorancia es preferible el sabio silencio” y es mejor callar que conflictuar.  Además, en dos mil años la iglesia no ha tenido necesidad de un apologeta, que la defienda de pensamientos escépticos, contraproducentes e inconsecuentes. Ella, se defiende sola.

      Lo anterior demuestra que en las redes sociales no existe el debate de altura, no existe calidad y solides en los argumentos, cada quien cree tener la razón y no toman en cuenta que un debate es un acto de comunicación, en donde se exponen ideas que no son iguales, respecto de un mismo tema, en donde los que externan su opinión, deben conocer ampliamente sobre el tema en cuestión. Es risible y a veces molesto, leer la sarta de cuasi verdades con que se expresan los comentaristas, y muchos de ellos terminan en una interminable discusión en donde cada quien demuestra su cultura.

      Ya en su tiempo Robert Theobald pensaba que se debe transitar de la cultura adversarial a una de diálogo, porque ahí veía el requisito fundamental para salir de la co-estupidez y pasar a la co-inteligencia. Un planteamiento válido para aquellos que nos expresamos en las redes sociales, ya seamos escritores o escribidores. Lamentablemente esa tesis parece no tener cabida en las mentes de muchas personas que lejos de comprometerse con una cultura de diálogo, utilizan como  mecanismo de defensa palabras soeces, acompañadas a veces con mal trato en casi todos los ambientes. El lugar de trabajo no es la excepción y en el peor de los casos  la familia, que ahora parece  un campo de batalla a consecuencia de la violencia. Considero que la estupidez está de moda en la mayoría de entornos en donde nos desenvolvemos,  para muchos “jefes” es tendencia y no “moda pasajera” utilizar falsos argumentos de poder, creyendo que tienen siempre la razón, imponiendo sus ideas a toda costa, limitando libertades humanas, como el derecho de pensar y expresarse libremente. Algo que pasa inclusive, en el seno del hogar y de la iglesia; en donde se supone, ambos ambientes son zonas de encuentro teologal y seminarios vivos de espiritualidad.

     Un ejemplo claro de lo que es una cultura adversarial, la encontramos en la organización jerárquica que tienen la mayoría de ejércitos del mundo, en donde a los  subalternos no se les permite pensar y tienen que pedir permiso a un superior para hacerlo, inclusive,  para poder hablar. De esta forma se coartan libertades que son inalienables  del ser humano y que no pueden ser pisoteadas por nadie, absolutamente nadie. En Guatemala, un ejemplo reciente lo tenemos en el caso del Coronel Edgar Rubio, autor del libro: “Desde el cuartel, otra visión de Guatemala”, el cual cayó como una bomba sobre el “glorioso” al dejarlos al descubierto. En sus páginas expresa, que ellos, -los militares- lejos de cumplir con su mandato constitucional, se han convertido en gendarmes de las riquezas de las oligarquías. 
Como castigo para  éste coronel, que sabe para qué sirve el cerebro,  se le piensa demeritar ante una junta de honor, -a todas luces deshonrosa- mientras tanto,  el alto mando,  asciende al grado inmediato superior, a otros coroneles con más manchas que un dálmata. A estos los premian por malhechores, y  a un intelectual de la talla de Rubio le advierten que “tiene que salir del país” para evitar que lo maten. “Raza de víboras”. Traicionado por sus mismos compañeros de armas,  por externar secretos a voces, que vienen retumbando al son de los tambores  castrenses,  desde tiempos inmemoriales…

     Ante estas circunstancias adversas,  urge analizar concienzudamente el aforismo de Descartes: “cogito ergo sum”.   -Pienso, luego existo- Básico para el desarrollo del pensamiento  racional.

     Es por ello, que yo sí “creo que pasar de una cultura adversarial a una cultura del dialogo, es el requisito fundamental, para salir de la co-estupidez y pasar a la co-inteligencia”. -Robert Theobald-

 ¿Y usted?...

Santo Domingo de Cobán, 20 de junio  de 2018

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