Jlriveirof
Corría el año 2,005 cuando empecé a
estudiar y practicar la disciplina del coaching, un método con el que engalané mi caja de
herramientas interna; y seguí amueblando mi área cognitiva, para ir cambiando
los viejos paradigmas e ir dejando en el pasado, aquellos viejos conceptos administrativos radicales; que así como vinieron se fueron. Útiles en su
tiempo; pero hoy, irresolubles e imprácticos…
El más letal para cualquier clima
organizacional fue; ha sido, y será, el
gerenciamiento capataz. Aquel, que
en su libro Ontología del lenguaje, el doctor Rafael Echeverría postuló que “El modelo de
gestión; que prevaleciera durante gran parte del siglo XX, ha muerto. No existe
ninguna posibilidad de resucitarlo. Asistimos a sus exequias. Y aunque todos
todavía estamos atrapados en él y no sabemos por cual otro sustituirlo”.
Haciendo una paráfrasis de las
palabras que pronunciara en su libro: Persuasión. Fundamentos de retórica, Kurt Spang ¡El
gerenciamiento capataz ha muerto, viva el gerenciamiento capataz!...
No obstante, que de ese modelo de gestión
ha sido anunciada su muerte, siempre vuelve a resucitar. Sobre todo en aquellas
administraciones chapadas a la antigua; como en la mayoría de ejércitos del
mundo, en donde hasta para pensar se tiene que pedir permiso, la Iglesia Católica; con su organización
jerárquica piramidal, amén de las empresas estatales, y aquellas constituidas
en empresas familiares…
Como el ave fénix, ese gerenciamiento capataz,
a veces se levanta de las cenizas calientes,
para seguir infundiendo temor y desanimo en la mayoría de los empleados.
Pues bien, creo que ha llegado la hora del
cambio, y pronto. Es en el aquí y el
ahora, gracias al poder que tienen las competencias conversacionales, aquellas que en una sesión de coaching, pueden fluir como ríos de agua viva, desde el interior de nuestro “propio pozo”.
Aquellas palabras que cuando son auténticas; son doblemente poderosas.
Para ir comprendiendo el
ejercicio del coaching, veamos algunos conceptos. La palabra coach proviene del
verbo inglés que significa “entrenar” o “dirigir” y al anteponerle la
terminación “ing”, podemos decir entrenando o dirigiendo, que es lo que estamos
haciendo todos los días, ya sea en el hogar o en el lugar de trabajo,
independiente al cargo que ocupemos; en virtud que no es una tarea inherente a
un directivo.
El coaching es un proceso interactivo; por medio del cual, el que lidera la situación,
denominado en este caso coach, asiste a un cliente, al que se le denomina
coachee, para ayudarlo a obtener lo
mejor de sí mismo.
En términos generales un coach ayuda a otra persona a alcanzar ciertos
objetivos, utilizando sus propios recursos y habilidades, pero más que recursos
y habilidades, utilizando sus propios dones de forma eficiente y eficaz.
Los ejecutivos que tenemos
entrenamiento en esta disciplina; partimos de la premisa de que es el oyente, quien posee la mejor información, para espantar a sus propios fantasmas, y a
quienes se debe enfrentar con denuedo.
Para iluminar el hecho anterior, traigo a
escena a Goethe; quien dijo una vez: “Lo mejor que puedes hacer
por los demás no es enseñarles tus riquezas, sino hacerles ver la suya propia.”
No estoy hablando de riquezas materiales, sino
epistemológicas.
Y la mejor forma para descubrir
ese caudal que se encuentra dentro de cada persona, esa riqueza interior, ese
poder intelectual, esa fuerza motriz, ese gigante interior que muchos tienen
dormido, es de vital importancia que aprendamos a conocer nuestras fortalezas y debilidades; que son internas. Nuestras
oportunidades y amenazas; que son externas; mediante la
práctica de la oración, la introspección, la contemplación, la fe y la razón. Solo
mediante esas técnicas se puede llegar al discernimiento de la verdad; que me hace libre. (Jn 8,32).
El evangelista aquí no se está refiriendo a una libertad política, sino a
ser libres de todo lo que aliena y esclaviza al ser humano. Caso contrario;
¿Cómo podría ayudarnos alguien a descubrir nuestras riquezas interiores, si él
tal es decadente? No tendría credibilidad, ni la fuerza ética y moral, ni la
autoridad para hacerlo.
La
eficacia del coaching deriva del poder
que tiene la palabra hablada, de las competencias conversacionales; que con
entrenamiento podemos llegar a hacer de las mismas, nuestras mejores
herramientas; para sanar, liberar, instruir, animar, calmar, sosegar, redargüir
, corregir el rumbo, alentar la vida o la muerte. Todo depende de la forma y el uso que demos de
la misma.
¿Por qué es tan poderosa la palabra? ¿De dónde
proviene su fuerza?
Georges Mounin, en su obra
Historia de la lingüística. Desde los orígenes al siglo XX; nos ofrece un sinfín de razones. Sin embargo me
quedo con la teoría de los filósofos y los teólogos que desde antiguo; los
primeros, sostienen que el lenguaje es innato, adquirido, resultante de una
invención voluntaria pero fortuita, casual e inesperada. Mientras que los
teólogos postulan que el lenguaje es un don de Dios, algo que es regalado y que
es inherente solo al ser humano.
El evangelista Juan nos de
algunas pautas que apuntan alto: “En el principio existía la palabra y la
palabra estaba junto a Dios, y la palabra era Dios. Todo se hizo por ella y sin
ella no se hizo nada”. –Jn 1,5-
Esperando no hacer una interpretación errónea
y subjetiva del texto bíblico, al no haber utilizado el recurso de la
Hermenéutica (ciencia de interpretar correctamente la Biblia); considero
que ahí radica la fuerza, el poder y la
autoridad de la palabra, proviniendo del hecho que la misma y Dios tiene
intimidad. Ambas participan en la
creación y gobierno del mundo, ahora es
el verbo, palabra de Dios, que preexistía en Dios y que fue enviado al mundo.
Ese verbo es movimiento, es
acción, es vida y vida abundante. Sabemos, aunque no todos crean que; somos
creados a la imagen y semejanza de Dios, no en el aspecto físico sino
refiriéndose al hecho que tenemos un alma espiritual, que estamos por encima de
todos los seres vivientes, que no somos
cosas sino personas, que podemos distinguir entre el bien y el mal,
hacerle a alguien el día, moldear el carácter, enderezar los pasos, pensamos,
actuamos, podemos optar por la libertad en el ser y el hacer, de resolución
y; de todas las criaturas somos los
únicos capaces de amar, y externar una
palabra. Exceptuando a la burra de Balaán; que mediante sus “competencias
conversacionales”, generó preguntas poderosas en el diálogo que sostiene con su
dueño; según podemos constatar en el libro de Números, 22,
28-31.
Al igual que Dios podemos dar
vida, por medio de la palabra porque con El somos cocreadores y con ella podemos disipar las tinieblas de la
ignorancia, del miedo, del terror y de
la cultura de la muerte.
¿Acaso con el poder de la palabra no damos
vida o quitamos vida?
Por el poder de la petición y el
amor fuimos concebidos. Por el poder de la petición y el amor vinieron nuestros
hijos. Con el sudor de nuestra boca nos ganamos la vida; proponiendo y convenciendo.
Con el sudor de nuestros labios, nos acercamos a la persona amada, cuando
ofrecemos el sol, la luna y las
estrellas. Con el poder de las palabras decimos, hacemos y somos lo que somos.
“De los frutos del hablar se sacia el
vientre, uno se sacia de la cosecha de los labios. Muerte y vida están en el
poder de la lengua: lo que elija eso comerá” –Prov 18, 20-
¿Nos saciamos del fruto de nuestra boca?
Preguntémonos
a nosotros mismos, contestándola desde el quehacer de una profesión concreta. Los que tenemos a cargo tareas administrativas
y reclutamos personal y vamos en la búsqueda de talentos. Lo seleccionamos, lo
capacitamos, lo integramos a nuestra organización y lo moldeamos a nuestra
imagen y semejanza.
Porque
¿Quién no quiere ser como el líder? –hay quienes postulan que el líder es la visión, la misión y
los valores nucleares- Cuando el mismo es maduro, creíble, cuando aplica la
disciplina correctamente, cuando a todos trata por igual, con respeto; cuando
no socava la dignidad por cuestionamientos éticos, religiosos, políticos o
sociales; cuando el mismo es preactivo, propositivo, proactivo y trabaja en
equipo, cuando es inteligente y su ética y moralidad es intelectualmente
correcta y verificable.
¿Nos saciamos del fruto del hablar, de la
cosecha de nuestros labios?
Desarrollando competencias
conversacionales, generando identidades, sanas relaciones inter personales,
nuevos compromisos, negociaciones, futuros y mundos diferentes.
Solo estando convencidos como
estoy, sé que por medio de la palabra
tenemos ese poder transformacional, y cuando la misma está en íntima relación
con Dios es doblemente poderosa; le añadimos valor, es como ponerle doble y
retranca a un móvil, potenciamos su fuerza y su destino; le cambiamos la vida,
a los que nos confían su vida organizacional llevándolo a otra dimensión,
catapultándolos, evitando caídas y
derroteros, caminos inusitados e inhóspitos, en otras palabras ¡Hacemos más
fácil el camino y el destino! porque el secreto estriba en gozarse del camino
tanto como del destino.
¿Nos saciamos del fruto del hablar? Con
nuestras afirmaciones y declaraciones, cuando las mismas son objetivas y
veraces, porque muchas veces juzgamos a alguien desde nuestra observación,
desde nuestra óptica y muchas veces la misma es subjetiva; tal y como dice el
Dr. Rafael Echeverría: “La única descripción que hacemos es la de nuestra
observación, no la de la realidad”.
A veces padecemos de miopía y no vemos las
cosas y las personas tal cual son y; por
eso, cuando hablamos muchas veces destruimos una reputación, una dignidad, un
carácter, una persona. Por consiguiente; una institución, un hogar, un sistema.
Si alguna vez, de palabra, obra u
omisión atentáramos contra la dignidad de nuestro prójimo tengamos presente la
declaración del perdón, con valentía y con sinceridad; a efecto de mantener
incólume nuestras competencias conversacionales, y nuestras sanas relaciones
con todos.
¿Cuántas veces tenemos que recurrir a la
declaración del perdón? Las que fueren necesarias: “No digo yo, dice Jesús, hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”.
-Mt 18,21-22- Es decir, siempre…
Amparándome en esta declaración, yo quiero
pedir perdón por todas aquellas alegrías, entusiasmos y esperanzas que mate con
el poder de la palabra; por aquellas sonrisas que desdibuje en un rostro
inocente con el poder de la palabra; por todas aquellas lagrimas que rodaron
por una piel lozana o arrugada; por el
poder de una palabra.
Por todas aquellas promesas
incumplidas… tantas promesas insatisfechas…
Nos
cuenta la historia bíblica; que en aquellos tiempos pretéritos, Sansón mató, amontonó y sacudió a mil hombres
con el poder que le dio una quijada de burro. -Jueces, 15, 15 – 16- Yo; en este tiempo presente, con mi “quijada de burro” he matado miles de
ilusiones… Mate la fe, la esperanza y el
amor, por el poder de una palabra dicha
y hecha, en un tiempo y en un lugar concreto. Con una palabra que se salió del
rumbo, que perdió el horizonte, la
perspectiva de la vida y que no estaba en íntima comunión con Dios.-
Fuentes:
Rafael Echeverría, Ontología del
lenguaje, 2005, Lom Ediciones, S.A.
Georges Mounin, Historia de la
Lingüística. Desde los orígenes al siglo XX, versión española de Felisa
Marcos, Editorial Gredos, S.A.
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