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De hecho, sube a una
de esas barcas que se encontraban con las amarras puestas, y desde ahí se puso a predicar ante esas gentes
que se aglomeraron a su alrededor. Sin lugar a dudas, les habló sobre el Reino de Dios y su justicia, como
fue su inveterada costumbre, en su tránsito por aquellos caminos polvorientos
de la Palestina de los primeros tiempos, de la era cristiana...
Al
terminar su sermón, le dijo a Simón, el
dueño de la embarcación que había utilizado como ambón para disertar sus reflexiones: <<lleva
la barca mar adentro y echen las redes para pescar>>.
Esa petición habrá causado asombro a dicho pescador, tomando en
consideración que era un hombre de mediana
edad, diestro en el trabajo oficioso de
la pesca, y que por la vasta experiencia que solo el tiempo da, sabía que a esas horas del día, era fácil
pescar, pero quizás alguna insolación.
Sin embargo, le
obedece y le dice: <<Maestro,
hemos estado bregando toda la noche y no
hemos pescado nada; pero, por tu palabra, echaré las redes>>. –Lc 5, 1,
7-
Del relato
anterior, se pueden obtener algunas consideraciones, útiles al ser contextualizadas en cualquier profesión u
oficio concreto. De tal modo que, es
posible vertebrarlo sobre tres ejes para
su mejor comprensión y dilucidación.
El primer eje a
considerar es que él que lidera, lidera aunque
se equivoque. Pero el que obedece nunca
se equivoca. Simón, contra todo pronóstico, se aleja de su zona de confort y se adentra nuevamente
en las profundidades del lago. Hace a un lado el sopor de la complacencia. Calla y obedece. Y en la tentativa de su
empresa, obtiene un rotundo éxito, porque las redes casi se rompen ante el peso
exagerado de la pesca abundante.
El segundo eje a
considerar es que en esa ocasión, lo hizo en el nombre del Señor, y con esa
acción, aseguró la bendición en el ejercicio de su oficio
como pescador. Esto permite sostener que
todo lo que se hace, se dice y se pide en el nombre de Jesús, no puede quedar inconcluso.
Ya él mismo lo dijo, que todo lo que se pida en su nombre se concederá.
En el
acontecimiento que antecede se ve a un Simón persistente y determinante ante el mandato del
Señor, y por eso obtuvo abundante pescado. Hay un dicho que dice que “si se
quiere comer pescado fresco, hay que mojarse”, y eso fue lo que hizo Simón,
mojarse. Mojarse hasta lo más recóndito de su ser…
¡Persistencia y
Determinación!
John Calvin
Coolidge Jr. 30 Presidente de los EEUU dijo al respecto:
“Nada en este mundo puede reemplazar
la persistencia. El talento no puede hacerlo: nada es más común que hombres
fracasados con talento.
El genio no puede hacerlo: un genio
sin recompensa es casi un proverbio.
La educación no puede hacerlo: el
mundo está lleno de indigentes educados.
Solo la persistencia y la
determinación son omnipotentes”.
¿Cuántas personas
en el ejercicio de una profesión o un oficio concreto abandonan el objetivo después de un día
arduo, fatigoso e infructuoso?
Posiblemente, bregaron
todo el día, y metafóricamente hablando,
no pescaron nada, porque no tiraron las
redes en el nombre de Jesús, y por eso, no
vieron los resultados inmediatos.
En los Estados Unidos de Norte América,
existió un prominente asesor de seguros,
llamado Joe Gandolfo, quien sostenía que,
su éxito, se debía a que él antes de hablarle a un candidato de seguros,
le hablaba a Dios, acerca de ese candidato,
para que el Señor abriera su mente, y despertara el interés durante su exposición.
Al culminar su actividad, le ofrecía al
Señor el crédito, porque nada, absolutamente nada, decía, es fruto de una conquista personal. Todo lo
que una persona es, tiene y hace, siempre
se lo debe a alguien.
Además indicaba que, para tener éxito en cualquier negocio, se
tiene que estar bien con todos,
manteniendo sanas relaciones inter
personales, especialmente con “el hombre de arriba”, como condición sine qua
non, para atraer y obtener la bendición
que se espera en la tentativa de cualquier faena.
¿Qué valores pusieron en práctica en esa escena?
En primer lugar el valor de la obediencia, precedidos por el
de la paciencia, la solidaridad, del
compañerismo, de la confianza, el trabajo en equipo. Etc.
En segundo lugar, llevaron a la práctica las virtudes de la fe,
la esperanza y la caridad.
Valores y virtudes que
hoy día son imprescindibles para tener éxito en la ejecución de cualquier
trabajo.
Muchas veces la
barca de Simón, es comparada con la iglesia, la empresa, la industria, la escuela,
el colegio o la universidad. Y, muchos
emprendedores, al igual que esos pescadores,
viajan en una barca en circunstancias
similares. Muchas veces a la deriva, parece ser que viajan sin capitán, sin
velero y sin timón, tratando de pescar siempre lo mismo, y no pocas veces por
los individualismos, egoísmos, falta de propósito, emprendimiento y trabajo en
equipo, amenazan con hundir la barca, pero no por la abundante pesca, sino por
la construcción de un clima laboral defectuoso.
Muchos quieren remar al ritmo de su propio tambor y, no
se dan cuenta que la falta de compromiso y responsabilidad de uno solo de sus compañeros de trabajo, con uno solo que deje
de remar, la barca, representada en esta ocasión por la organización, amenaza
con hundirse. No por la abundancia, sino por la carencia de una pesca
milagrosa.
Muchos pretender navegar
a la orilla de ese inmenso mar representado en el mercado, un mercado lleno
de oportunidades y, hacen caso omiso de ese “rema mar adentro”,
tal y como reza el título de este post, ¡DUC IN ALTUM! Quizás porque desconocen
su concepción. Es una frase que encierra
una proposición y que dado su concepto etimológico, da pie para echar a andar al pensamiento. La
misma, en latín medieval significa “llevar
hacia lo alto”, y en griego condúcete a lo profundo. Por
consiguiente, podríamos precisar su
significado como “condúcete hacia lo
alto” o “condúcete hacia lo profundo”.
El autor sagrado la atribuye a Jesús cuando le dice a Simón: “rema mar
adentro”, “vayan a pescar a lo profundo del mar”.
En opinión del autor, la frase en cuestión, más que una atenta invitación, constituye un
imperativo categórico, para que todos se
alejen de la orilla, de lo superficial, de lo cercano, de lo fácil, de la
alienante y esclavizante rutina, del chapuz, para conducirse a lo alto o a lo profundo de ese inmenso mar de gente llamado
mercado, cuyos habitantes, ante las
circunstancias desfavorables que viven actualmente, necesitan urgentemente de
una asistencia personalizada, cualificada, pronta y cumplida.
En el caso de un
asesor de seguros, a quien van dirigidas con especial interés estas letras, para que pueda arquitecturar con prontitud y esmero el porvenir de su apreciable clientela. Tomando
en consideración los datos revelados por un matutino fechado a comienzos del presente año, los
cuales son incuestionables. Hizo mención
que este año como todos los anteriores, empezó con olor a plomo y sangre, y por lo que se vive en Guatemala en este
tiempo presente, todo apunta a que va de mal en peor. Toda vez que, cada 90 minutos, muere un conciudadano como
consecuencia de la violencia, que aquí, allá y acullá, es, el
pan de cada día…
Cada vez hay más robos de vehículos. Cada día se atenta
contra la vida y la propiedad privada; los accidentes de tránsito y los
problemas societales que casi siempre terminan en desgracia, van de Guatemala a
guatepeor. Las catástrofes naturales
cada vez son más frecuentes.
Por lo tanto, hoy más
que nunca, las circunstancias están dadas
para echar las redes en el nombre de Jesús, y llevar la paz y la tranquilidad
mental, a todas aquellas personas que necesitan un seguro. (Todos lo necesitan)
Pero para lograr la bendición en la tentativa
de cualquier empresa, se debe “remar mar adentro”, para llegar a
donde hay abundante pesca, hay que ser itinerantes, salir a lugares
distintos y distantes; no se puede
actuar como marineros de agua dulce, pretendiendo encontrar pesca abundante en
los charcos estancados, a la vera de los caminos, tirando dos o tres veces el anzuelo. Simón y sus compañeros de trabajo no se
desanimaron ante el desconsuelo de una
noche infructuosa, volvieron a salir a seguir intentando, volvieron a echar las redes, pero cuando lo
hicieron en el nombre de Jesús, el
resultado fue satisfactorio.
Del mismo modo, narra el evangelio que esos pescadores, lo dejaron
todo y siguieron al líder. Hoy, al igual que aquellos tiempos pretéritos, a
veces es necesario dejar muchas cosas y seguir al líder. Entre las
muchas cosas que se tienen que dejar están las envidias, los individualismos,
los vicios, el conformismo, el trabajo a medias, la pasividad, los malos
hábitos, la postergación, la falta de voluntad, la insana competencia y la
extrema ambición. La última es notable
cuando se pasa por encima de quien sea, y de las normas éticas y
morales, con tal de lograr lo que de
otra forma no se lograría. Muchas veces las redes ajenas son rotas y atracado el contenido, al estilo de la
vieja usanza de los piratas que ayer,
truncaron los siete mares.
Por lo tanto, hay que tirar por la borda de la barca, todas
aquellas circunstancias anti éticas y malignas
que ponen en peligro mantener el
rumbo, la perspectiva, la visión y la
misión previamente establecida, y combatir con la buena lid, a todos aquellos
bucaneros de este tiempo presente que atentan contra la gloria, la
paz, la tranquilidad y las buenas costumbres de las gentes, que quieren
hacer las cosas a imitación de Jesucristo y con un alto grado de civilidad.
Dentro de lo mucho
que también se tiene que dejar, no pocas veces están: el cónyuge, los hijos, la comodidad y el confort del
hogar, para ir a navegar y echar las
redes a lugares remotos, a lugares inaccesibles, ante condiciones climáticas adversas y caminos difíciles,
siendo indiferentes ante las adversidades que se puedan encontrar al
paso, y tener siempre presente que “los
mejores marineros son aquellos que se hacen en las peores tormentas”…
Bibliografía referente:
Biblia de Jerusalén
Diccionario de Latín Español, 2003, SPES Editorial, Barcelona,
España.
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