domingo, 28 de octubre de 2018

¡Duc in altum! -Rema mar adentro-





Jlriveirof
     En el siglo I de la era cristiana, el lago de Genesaret era el centro comercial y de trabajo del pueblo. A sus alrededores se aglomeraba toda clase de gente. Compradores y vendedores, ocupados y desocupados y por supuesto, pescadores. En medio de esa sociedad,  se encontraba un hombre, inmerso en el contraste que causaba el bullicio de las muchedumbres que se agolpaban a su alrededor y, la densa paz que se circunscribía en los alrededores del lago en mención. En eso, el hombre en cuestión, divisó un par de embarcaciones y a unos pescadores, que cansados, desvelados, atribulados y quisquillosos, quizás con hambre,  lavaban sus herramientas de trabajo,  después de haber bregado toda la noche, sin haber alcanzado su cometido.
     De hecho,  sube a una de esas barcas que se encontraban con las amarras puestas,  y desde ahí se puso a predicar ante esas gentes que se aglomeraron a su alrededor. Sin lugar a dudas, les habló  sobre el Reino de Dios y su justicia, como fue su inveterada costumbre, en su tránsito por aquellos caminos polvorientos de la Palestina de los primeros tiempos, de la era cristiana...
       Al terminar su sermón,  le dijo a Simón, el dueño de la embarcación que había utilizado como ambón para disertar sus reflexiones: <<lleva la barca mar adentro y echen las redes para pescar>>.
 Esa petición habrá  causado asombro a dicho pescador, tomando en consideración que   era un hombre de mediana edad,  diestro en el trabajo oficioso de la pesca, y que por la vasta experiencia que solo el tiempo da,  sabía que a esas horas del día, era fácil pescar, pero quizás alguna insolación.
 Sin embargo, le obedece  y le dice: <<Maestro, hemos estado bregando toda la noche  y no hemos pescado nada; pero, por tu palabra, echaré las redes>>. –Lc 5, 1, 7-
     Del relato anterior, se pueden obtener algunas consideraciones, útiles al ser  contextualizadas en cualquier profesión u oficio concreto.  De tal modo que, es posible  vertebrarlo sobre tres ejes para su mejor comprensión y dilucidación.  
     El primer eje a considerar es que él que  lidera, lidera aunque se equivoque.  Pero el que obedece nunca se equivoca.  Simón,  contra todo pronóstico,  se aleja de su zona de confort y se adentra nuevamente en las profundidades del lago. Hace a un lado el sopor de la complacencia.  Calla y obedece. Y en la tentativa de su empresa, obtiene un rotundo éxito, porque las redes casi se rompen ante el peso exagerado de la pesca abundante.
     El segundo eje a considerar es que en esa  ocasión,  lo hizo en el nombre del Señor, y con esa acción,  aseguró  la bendición en el ejercicio de su oficio como pescador. Esto  permite sostener que todo lo que se hace, se dice y se pide en el nombre de Jesús, no puede quedar inconcluso. Ya él mismo lo dijo, que todo lo que se pida en su nombre se concederá.
     En el acontecimiento que antecede se ve a un Simón  persistente y determinante ante el mandato del Señor, y por eso obtuvo abundante pescado. Hay un dicho que dice que “si se quiere comer pescado fresco, hay que mojarse”,  y eso fue lo que  hizo Simón,  mojarse. Mojarse hasta lo más recóndito de su ser…

     ¡Persistencia y Determinación!

John Calvin Coolidge Jr. 30 Presidente de los EEUU dijo al respecto:

“Nada en este mundo puede reemplazar la persistencia. El talento no puede hacerlo: nada es más común que hombres fracasados con talento.
El genio no puede hacerlo: un genio sin recompensa es casi un proverbio.
La educación no puede hacerlo: el mundo está lleno de indigentes educados.
Solo la persistencia y la determinación son omnipotentes”.

     ¿Cuántas personas en el ejercicio de una profesión o un oficio concreto  abandonan el objetivo después de un día arduo, fatigoso e infructuoso?
Posiblemente,  bregaron  todo el día, y metafóricamente hablando,  no  pescaron nada, porque no tiraron   las redes en el nombre de Jesús, y por eso,  no  vieron los resultados inmediatos.
      En los Estados Unidos de Norte América, existió  un prominente asesor de seguros, llamado  Joe Gandolfo, quien sostenía  que,  su éxito, se debía a que él antes de hablarle a un candidato de seguros, le hablaba a Dios, acerca  de ese candidato, para que el Señor abriera  su mente,  y  despertara el interés durante su exposición. Al culminar su actividad,  le ofrecía al Señor el crédito, porque nada, absolutamente nada, decía,  es fruto de una conquista personal. Todo lo que una persona es,  tiene y hace,   siempre se lo debe a alguien.
Además indicaba que,  para tener éxito en cualquier negocio, se tiene  que estar bien con todos, manteniendo sanas  relaciones inter personales, especialmente con “el hombre de arriba”, como condición sine qua non,  para atraer y obtener la bendición que se espera en la tentativa de cualquier faena.
      Y el tercero y último  eje  en esa lectura del evangelio aludido,  es que cuando  Simón echó al agua  las redes, estas casi se rompen por la abundancia de los pescados, y de inmediato llamó a sus compañeros de  la otra barca para que lo ayudaran.  Llegaron estos y llenaron las dos barcas, las que por poco  se hunden por el exceso de peso...
     ¿Qué valores pusieron en práctica en esa escena?
     En primer lugar el valor de la obediencia, precedidos por el de la paciencia,  la solidaridad, del compañerismo, de la confianza, el trabajo en equipo. Etc.
       En segundo lugar,  llevaron a la práctica las virtudes de la fe, la esperanza y la caridad.
 Valores y virtudes que hoy día son imprescindibles para tener éxito en la ejecución de cualquier trabajo.
     Muchas veces la barca de Simón, es comparada con la iglesia, la empresa, la industria, la escuela, el colegio o la universidad. Y,  muchos emprendedores,  al igual que esos pescadores,  viajan en una barca en circunstancias similares. Muchas veces a la deriva, parece ser que viajan sin capitán, sin velero y sin timón, tratando de pescar siempre lo mismo, y no pocas veces por los individualismos, egoísmos, falta de propósito, emprendimiento y trabajo en equipo, amenazan con hundir la barca, pero no por la abundante pesca, sino por la construcción de un clima laboral defectuoso.
Muchos quieren remar al ritmo de su propio tambor  y,  no se dan cuenta que la falta de compromiso y responsabilidad de uno solo de sus  compañeros de trabajo, con uno solo que deje de remar, la barca, representada en esta ocasión por la organización, amenaza con hundirse. No por la abundancia, sino por la carencia de una pesca milagrosa.
     Muchos pretender  navegar a la orilla de ese inmenso mar representado en el mercado, un mercado lleno de  oportunidades y,  hacen caso omiso de ese “rema mar adentro”, tal y como reza el título de este post, ¡DUC IN ALTUM! Quizás porque desconocen su concepción.  Es una frase que encierra una proposición y que dado su concepto etimológico, da  pie para echar a andar al pensamiento. La misma, en  latín medieval significa “llevar hacia  lo alto”,  y en griego condúcete a lo profundo. Por consiguiente,  podríamos precisar su significado como “condúcete  hacia lo alto” o “condúcete  hacia lo profundo”. El autor sagrado la atribuye a Jesús cuando le dice a Simón: “rema mar adentro”, “vayan a pescar a lo profundo del mar”.
      En opinión del autor, la frase en cuestión,  más que una atenta invitación, constituye un imperativo categórico,  para que todos se alejen de la orilla, de lo superficial, de lo cercano, de lo fácil, de la alienante y esclavizante rutina, del chapuz,  para conducirse a lo alto o a lo  profundo de ese inmenso mar de gente llamado mercado, cuyos habitantes,  ante las circunstancias desfavorables que viven actualmente, necesitan urgentemente de una asistencia personalizada, cualificada, pronta y cumplida.
 En el caso de un asesor de seguros, a quien van dirigidas con especial  interés estas letras, para  que pueda arquitecturar  con prontitud y esmero el  porvenir de su apreciable clientela. Tomando en consideración los datos revelados por un matutino fechado a comienzos del presente año, los cuales son incuestionables.  Hizo mención que este año como todos los anteriores, empezó  con olor a plomo y sangre,  y por lo que se vive en Guatemala en este tiempo presente, todo apunta a que va de mal en peor. Toda vez que,  cada 90 minutos, muere un conciudadano como consecuencia de la violencia, que aquí, allá y acullá,  es,  el pan  de cada día…
Cada vez hay más robos de vehículos. Cada día se atenta contra la vida y la propiedad privada; los accidentes de tránsito y los problemas societales que casi siempre terminan en desgracia, van de Guatemala a guatepeor.  Las catástrofes naturales cada vez son más frecuentes.
 Por lo tanto, hoy más que nunca, las circunstancias  están dadas para echar las redes en el nombre de Jesús, y llevar la paz y la tranquilidad mental, a todas aquellas personas que necesitan  un seguro. (Todos lo necesitan)
      Pero para lograr la bendición en la tentativa de cualquier empresa, se  debe  “remar mar adentro”,  para llegar a  donde hay abundante pesca, hay que ser itinerantes, salir a lugares distintos y distantes;  no se puede actuar como marineros de agua dulce, pretendiendo encontrar pesca abundante en los charcos estancados, a la vera de los caminos, tirando dos o tres veces el anzuelo.  Simón y sus compañeros de trabajo no se desanimaron  ante el desconsuelo de una noche infructuosa, volvieron a salir a seguir intentando,  volvieron a echar las redes, pero cuando lo hicieron en el nombre de Jesús,  el resultado fue satisfactorio.
     Del mismo modo,  narra el evangelio que esos pescadores, lo dejaron todo y siguieron al líder. Hoy, al igual que aquellos tiempos pretéritos, a veces es necesario  dejar  muchas cosas y seguir al líder. Entre las muchas cosas que se tienen que dejar están las envidias, los individualismos, los vicios, el conformismo, el trabajo a medias, la pasividad, los malos hábitos, la postergación, la falta de voluntad, la insana competencia y la extrema ambición. La última es notable  cuando se pasa por encima de quien sea, y de las normas éticas y morales,  con tal de lograr lo que de otra forma no se lograría. Muchas veces  las redes ajenas son rotas  y atracado el contenido, al estilo de la vieja usanza de los piratas  que ayer, truncaron los siete mares. 
     Por lo tanto, hay que tirar por la borda de la barca, todas aquellas circunstancias anti éticas y malignas  que ponen en peligro  mantener el rumbo, la perspectiva,  la visión y la misión previamente establecida, y combatir con la buena lid, a todos aquellos bucaneros de este tiempo presente que atentan contra la gloria,  la  paz, la tranquilidad y las buenas costumbres de las gentes, que quieren hacer las cosas a imitación de Jesucristo y con un alto grado de civilidad.
      Dentro de lo mucho que también se tiene que dejar, no pocas veces están: el cónyuge,  los hijos, la comodidad y el confort del hogar, para ir a navegar y  echar las redes a lugares remotos, a lugares inaccesibles, ante condiciones  climáticas adversas y caminos difíciles, siendo  indiferentes ante  las adversidades que se puedan encontrar al paso,  y tener siempre presente que “los mejores marineros son aquellos que se hacen en las peores tormentas”…


Bibliografía referente:
Biblia de Jerusalén
Diccionario de Latín Español, 2003, SPES Editorial, Barcelona, España.

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