Jlriveirof
En los cinco
capítulos anteriores sobre el poder de las palabras, he analizado
sobre el dominio que éstas tienen
durante una conversación, tomando en consideración que cada vez que hablamos, siempre habrá alguien escuchando. Aunque a veces, seamos nosotros mismos tanto
los oyentes como también los receptores, no necesariamente tienen que existir
dos o más personas para que exista diálogo.
En éste apartado
tratare sobre las conversaciones nacientes y la interrupción que se puede dar en el diáfano
fluir de la vida, a cuya interrupción desde el punto de vista del coaching, se
le denomina quiebre.
Hemos recorrido un buen trecho y hasta aquí no
he mencionado el significado de la
palabra “ontología”, y de la ontología ya Aristóteles en su tiempo, consideraba
que era el estudio de las sustancias. Heidegger, en el suyo, decía que era el
estudio del Ser, Badiou, consideraba que la ontología analiza la estructura de
las situaciones. Badiou denomina situación a todo lo que existe en el mundo.
Leibniz dijo que todo ser es un ser, en ese sentido, el ser humano es el
principio fundamental de la ontología. Rafael Echeverría, dice que es la parte de la
metafísica que estudia al ser en general y sus propiedades trascendentales.
Pero, alejándonos de
estos conceptos clásicos y apartándonos un poco de la metafísica, la ontología
hace referencia a nuestra comprensión genérica, nuestra interpretación de lo
que significa ser humano. “El lenguaje
es por sobre todo, lo que hace de los seres humanos el tipo particular de seres
que son. Los seres humanos, plantean, son seres lingüísticos, seres que viven
en el lenguaje. El lenguaje, postulamos, es la clave para comprender los
fenómenos humanos." Dice Rafael Echeverría.
Asimismo, de los
cinco artículos que anteceden sobre este particular, muchos me han preguntado ¿Por qué has metido a
Dios en un ensayo meramente filosófico? Con el filósofo y teólogo francés Nicolás Malebranche les respondo: “vemos todas
las cosas en Dios.” Pero no el dios de Baruch Spinoza para no caer en el
panteísmo, claro está. Porque Dios es la única causa verdadera, siendo las
demás causas ocasionales. Cuya doctrina considera que el trabajo filosófico no
comienza en el hombre sino en Dios, no sale del espíritu del ente sino que
desciende del ente al espíritu.
Espero explicarme bien, porque en este diálogo interno que
estoy sosteniendo conmigo mismo, pensando, investigando y escribiendo, siento
que, me mareo en una danza interminable al compás de un ritmo melodioso de
palabras dichas y hechas…
¿Qué por qué he
metido la teología en éste trabajo? Dejando por un lado el hecho de haber sido
acusado de panteísta Vincenzo Gioberti, filósofo y sacerdote italiano del siglo
XVIII, que pretendió explicar el origen
de las ideas mediante la adecuada intuición del Ser Absoluto, y que sustentó la “idea primerísima” es decir, Dios, es la
primera idea de la mente. Para Gioberti vemos todas las cosas en Dios, fórmula
del ontologismo, pero a través del hombre y en él. Por lo tanto, sólo
conocemos, si admitimos previamente que
Dios es en nosotros y en nuestra mente con presencia ontológica, aunque no se
identifique con nuestra mente. Por eso lo he incluido en éste discurso. “Al principio existía la palabra y la palabra
estaba junto a Dios, y la palabra era Dios. Ella existía al principio junto a
Dios, todo existió por medio de ella, y sin ella nada existió de cuanto existe.
En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres; la luz brilló en
las tinieblas y las tinieblas no la comprendieron.” -Jn 1,1-5-
Si bien es cierto
el ontologismo como sistema filosófico da a Dios prioridad tanto en el Ser como
en el conocer, su posición ontologista
ni es obvia ni su razonamiento muy correcto y, tal vez por eso, se vio
seriamente criticado por la filosofía neo-tomista en varias ocasiones.
Pues bien, para no
correr la misma suerte que corrió el ontologismo en el siglo XVIII, al habérsele encontrado y
condenado siete errores de tipo ontologista por la Congregación del Santo Oficio –que de santo solo tuvo el
nombre- en decreto del 18 de septiembre de 1,861 y, esperando no ser quemado en leña verde, metafóricamente hablando, por haber decidido concatenar lo filosófico con lo teológico, en virtud que, tal y como decía Santo Tomás de Aquino,
sacerdote dominico del medioevo y actual doctor de la Iglesia: “Si la existencia de Dios es evidente de por
sí, en contraposición a las evidencias mediatas por la demostración y a lo
totalmente desconocido.”
Partiendo de éste
modo particular de ver las cosas, creo que no hay que divagar en tanta
elucubración, según el argumento ontológico de Santo Tomás, que considera
posible demostrar la existencia de Dios a partir de su comprensión intelectual
del concepto de Dios, sin utilizar ningún dato del mundo, ninguna experiencia
de la realidad. Argumentando con la inteligencia, en virtud que va de la mente al mundo y no de
la experiencia del mundo a Dios, sino a
partir de la comprensión de una idea, partiendo de otra. Es decir combatiendo
una idea con otra…
¿Acaso no son ideas
las que queremos materializar? No basta comprenderlas y razonarlas, hay que llevarlas a la práctica, de lo
contrario, tan sólo sería una palabra, una idea muerta si no nos lleva a la
acción.
¿Acaso no está Dios, en todo acto creador que se dé mediante
la acción de una idea, escrita o hablada?
A pesar que mi buen amigo y hermano de la
Orden de Predicadores, Fray Guillermo delgado, dice: “Cuida que las palabras y
las ideas no se te vayan al infinito.” Las mías creo, han llegado al espacio sideral y me están
causando quiebres…
Y con ellas, estoy
interrumpiendo el fluir transparente de mi vida. Con tanta idea, con tanto
pensamiento. Transportando datos del pasado, hacia el presente para que me
oriente en mí viaje hacia el futuro. A pesar que el pasado ya murió y del
futuro que aún no llega; me afano a veces, por el mismo. Muy a pesar que no
debo de jactarme del día de mañana, porque no sé lo que me reserve. -proverbios
27,1-
Pues bien, ¡Basta
ya por tanto afán! y el quiebre es precisamente eso, decir basta ya, a las
cosas que causan disgusto, a los problemas, a lo que no deja crecer y ser
trascendente en todos los aspectos de la vida. (Aunque los quiebres no son
sinónimo de problemas) Basta ya al indiferentismo, a la falta de acción, de voluntad, de deseo de
superación, a la mediocridad. Basta ya a
los vicios, al pecado en todas sus manifestaciones, a un trabajo chapucero, a
la falta de liderazgo. Declaro que a partir de ahora, mi vida será diferente,
haciendo las cosas diferentes, pensando diferente, liderando diferente,
accionando diferente. No se obtienen cosas diferentes haciendo exactamente lo
mismo, como decía Einstein. Sin evolucionar, sin transformar las realidades
temporales…
En el concierto del mundo he sido puesto por Dios para
hacerme cargo del mismo con soberana exactitud: “Y les bendijo Dios y les dijo:
Sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra y sométanla.” -Génesis 1,28- Y
fui obediente, en la parte esa, de ser fecundo y multiplicarme… pero de manera licenciosa y díscola…
El versículo
bíblico dice “sométanla” que significa conquistar, subyugar, pacificar, subordinar,
encomendar entre otras cosas; por lo tanto si Dios me facultó para hacer con
toda la tierra y demás seres de la creación todo lo anterior, a lo largo y a lo
ancho de la misma ¿Cómo no voy a ser capaz para dominar, conquistar y
subordinar una acción? ¿Por qué no he de subyugar todas aquellas ideas que no
me dejan avanzar? ¿Por qué no puedo dominar mi forma de ser, de hacer, de
aprender, de desaprender?
Para ilustrar los
conceptos vertidos, me remontaré a los tiempos idos, partiendo del año 1996,
un amigo mío, que fungía como Gerente de Ventas de una importante
aseguradora del país, Seguros de Occidente, S.A. Me nombró Gerente de Agencia para la región
de Alta Verapaz; después de diez años ininterrumpidos en la colocación y venta
de seguros. Inmediatamente a ese nombramiento,
se me presentó otra oferta de parte del Gerente de Ventas de Comercial
Aseguradora Suizo Americana, S.A. –Seguros CASA- para ocupar el mismo puesto, en
el mismo lugar pero con mejores oportunidades, a la cual accedí. Y, nueve años
después, se me nombró Gerente Corporativo tanto de Seguros CASA como de Seguros
GyT, S.A. Ante el hecho de una importante adquisición accionaria de parte de
Corporación GyT; comprando tanto la aseguradora como la afianzadora CASA.
Ambas coexistían en el
mercado guatemalteco con su respectiva razón social y con administraciones
diferentes; pero al poco tiempo CASA fue fusionada a GyT y desapareció como
tal; y continúe con el cargo en la
agencia de Cobán, hasta el día de hoy…
Durante todos
estos años he tenido tantos quiebres como circunstancias hay en la vida, que
interrumpieron el fluir transparente de mi vida, pero todos me llevaron a la
acción, por ejemplo: en los diez primeros años en el campo de las ventas de
seguros ¿Cuántas gentes me dijeron que no necesitaban un seguro? Por diversas
razones: “el precio del cardamomo bajó”, “el café bajó de precio en la bolsa de
Nueva York”, “no tengo dinero”, “el dinero del seguro servirá para el lechero”,
“si mi mujer y mis hijos no me quieren oler que me entierren” entre tantos
otros argumentos sin fundamento. La mayoría fueron quiebres por muy corto
tiempo, siempre me invitaron a la acción, refutándolos y demostrando que todo
lo anterior carece de sentido en la adquisición de un programa de seguros
completo, seguro que en su momento se convierte en una maravillosa lámpara de Aladino
proporcionándole a la viuda y a los hijos, seguridad económica, comida, techo,
abrigo, educación, instrucción, comodidad y confort, entre otros. El haber
refutado tanta objeción y formulando juicios diferentes, me llevó a la acción,
y poder así concretar la venta. Generando acciones futuras.
Y hoy, más que nunca, postulo que las circunstancias están
dadas para colocar una póliza de seguro de cualquier índole, ante la actual
situación social, política y económica, que vivimos los guatemaltecos todos los
días. En virtud que según los expertos, cada noventa minutos muere un
conciudadano a consecuencia de la violencia. Todos los días, hay robos y
atracos de vehículos. Como diría el filosofastro guatemalteco “Aristónteles”
–in-Morales, en fechas recientes “la tierra no se mueve, pero se mueve” y, a menudo está temblando en el mundo, causando
terremotos con su alto índice de caos, destrucción, desolación y muertes. ¿Qué
más razones necesitamos explicitar para colocar un seguro?
En el ámbito
gerencial durante mucho tiempo estuve varado en el camino hacia el éxito por
causa de un quiebre, cuántas veces llegué a suponer que estaba asociado sólo
por gente mediocre y descontenta, incluyéndome. Hasta que mediante las conversaciones para la
coordinación de acciones, empecé a generar acciones futuras, modificando las
cosas respecto de su estado actual, poniendo en evidencia que el quiebre está
siendo superado.
En este nuevo
estilo de gerenciamiento como líder coach y mediante el poder de las
conversaciones, los actos lingüísticos me permiten hacer surgir nuevas
realidades. En virtud de las peticiones, ofertas, promesas y declaraciones.
¿Acaso no es eso
lo que nos cambiará la vida en el devenir de los tiempos, mediante el acto
creador de una palabra dicha y hecha?
Mediante una
promesa, procurando que otras personas ejecuten las acciones pertinentes de acuerdo
a ciertas condiciones. Cumpliendo y haciendo cumplir las mismas; mediante
peticiones presentes. Esperando acciones en el futuro. Pidiendo y esperando que algo pase, con el
poder de las mismas. Incrementando nuestra capacidad de logro, estableciendo
tiempos definidos, mediante las ofertas aceptadas, proponiendo a mis asociados
llevar a cabo el cumplimiento de sus metas en el futuro, y hacerse acreedores a la amplia gama de
premios e incentivos que existen para todos aquéllos que cumplen sus promesas y
metas; mediante el buen uso y conocimiento de los actos lingüísticos, evitando
las principales incompetencias:
1. No hacer peticiones correctas y necesarias,
2. No comunicar lo que quiero,
3. Incumplir promesas,
4. Crear falsas expectativas,
5. Tono inmoderado de voz.
Lo intelectualmente correcto y comunicable, son, las afirmaciones verdaderas, validando o
invalidando declaraciones, emitiendo y fundando juicios con hechos y
evidencias, revisando la temporalidad de tales juicios a la hora de una
planificación estratégica.
Ésas son las
competencias que me acompañarán de ahora en adelante, haciendo las cosas viejas
nuevas, relacionándome más a menudo con los demás, coordinando acciones con ellos, cambiando mi
mundo, mi realidad y a la vez, cambiando sus mundos y también sus realidades,
mediante el poder de los actos lingüísticos, de
palabras hilvanadas en el interior de la empresa, al considerar que la
misma es una red estable de conversaciones, trascendiendo con el poder de las
mismas a todos y cada uno de sus miembros individuales.
¿Acaso no es el
seno de la empresa donde se dan las promesas mutuas? Y las promesas resultan de
las conversaciones. ¿No es aquí en donde se satisfacen las ofertas, las
peticiones y declaraciones?
¡Somos una palabra
dicha y hecha!... Por lo tanto, hoy, declaro que estamos siendo eternamente
bendecidos y en estado permanente de victoria. Los muertos han resucitado y han
vuelto a la vida empresarial; diciéndose,
¡Levántate muerto!
Y a guisa de consumación, recordemos al poeta que dijo: “No
son muertos los que en paz descansan en la tumba fría, muertos son los que
tienen muerta el alma y viven todavía”...
Y Dios dijo: Hágase la palabra…
Referencias:
Santiago
Armando y Polanco Scalerandi, Filosofía siglo XXI para Principiantes, primera
edición, Buenos Aires, Era Naciente.
Rafael
Echeverría, Ontología del Lenguaje, primera edición, Chile, Lom ediciones S.A. 1,994
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