domingo, 27 de enero de 2019

La kipá, la boina y el sombrero




Jlriveirof
     La kipá, la boina de kaibil  y el sombrero negro; usado de forma asidua por tres diputados al Congreso de la República de Guatemala, sin duda alguna como atuendo de uso protocolar, me recuerdan  la obra literaria del doctor Edward de Bono Seis sombreros para pensar, en donde hace una propuesta para la solución de múltiples y variados problemas desde diferentes sesgos ideológicos. También permite “separar la lógica de la emoción y la creatividad de la información” y liberar el principio de la mente maestra, que en el pensamiento de  Napoleón Hill  consiste en que  “dos o más personas  trabajen en perfecta armonía para la obtención de un propósito definido”. Es decir,  el pensamiento grupal de forma recíproca.
 El método propuesto por de Bono dispensa a la razón un enunciado provechoso en lugar de un sinfín de opiniones confrontadas.
Los seis sombreros imaginarios “permiten conducir el pensamiento tal y como un director podría dirigir su orquesta.” Simbolizan seis maneras diferentes de abordar un problema, su eficacia radica en su sencillez. 
Metafóricamente hablando, hay que ponerse un sombrero a la vez, para analizar el problema al modo ideado por el doctor de Bono.
El sombrero blanco permite al pensador ver de forma neutral y objetiva,  el hecho puro, los datos y la información.
El uso del sombrero negro permite hacer al abogado del diablo, enjuiciamiento negativo, da la razón por la cual no resultará. Según de Bono este sombrero permite al pensador evidenciar lo que está mal, lo incorrecto, lo avieso y erróneo.
El sombrero verde, permite el pensamiento creativo, la inventiva para destacar nuevas argumentaciones, otras posibilidades e ideas.
El sombrero rojo, permite al pensador legitimar sentimientos, presentimientos y la intuición, no da lugar a las justificaciones.
El sombrero amarillo, simboliza el optimismo, permite la lógica positiva, la factibilidad y los beneficios. El pensador se ocupa de hacer estimaciones positivas. Investiga en la búsqueda de valor y beneficio.
El sombrero azul es el sombrero del control, permite organizar el pensamiento per se,  la gestión del proceso cognoscitivo.

     El propósito de los seis sombreros para pensar, en palabras del doctor de Bono “es desembrollar el pensamiento, de modo que el pensador pueda utilizar un modo de pensar después de otro, en lugar de hacer todo al mismo tiempo o intentarlo. La mejor analogía es la impresión a todo color. Se imprime cada color por separado y al final se reúnen todos y se ve el conjunto”.

     No obstante, y a guisa de emulación creo que en el caso particular de los diputados que usan kipá,  boina y sombrero a diferencia de los seis sombreros de los que habla el doctor de Bono, a todas luces es notable que a ellos como que no les son muy útiles  “para desembrollar el pensamiento”, poniendo en jaque el uso de la razón. A excepción del diputado que usa sombrero negro, que en su actividad parlamentaria a presentado más de veinte iniciativas de ley, y ha luchado abiertamente contra la corrupción institucional, sí ha demostrado ser un ente pensante, aunque algunas veces  actué como abogado del diablo. Haciendo acopio del pensamiento del doctor de Bono, en virtud del uso de sombrero negro, ha denunciado desde antiguo todo lo abyecto, erróneo y malo de la política guatemalteca, al extremo que fue uno de los protagonistas en solicitar el retiro de antejuicio al general Otto Pérez cuando fungía como Presidente de la Nación y que hoy guarda prisión,  y al civil camuflado de general que desgobierna Guatemala actualmente por los delitos de violación a la Constitución y violación a las resoluciones judiciales.

      Pues bien, elucubrando sobre el tema anterior, podría conjeturarse entonces que, en el caso particular del diputado nativo de Totonicapán que usa kipá, piensa que piensa como judío,  posiblemente en su reciente viaje a Israel en ocasión del traslado de la embajada guatemalteca en Tel Aviv, hacia Jerusalén, adquirió el síndrome de Jerusalén, que consiste en una enfermedad psíquica que afecta a algunos turistas que viajan a ese país y padecen algunos delirios, y a imitación de algunos personajes de la Biblia, actúan en concordancia. Posiblemente éste diputado emule a algún escriba o fariseo hipócrita de los tiempos de Jesús y por eso su predicamento en el parlamento le permita el uso de la kipá y la portación del estandarte israelí.

     En el caso concreto del diputado por el departamento del Quiché,   que de forma deliberada porta un bonete de soldado kaibil con regia arrogancia, al extremo que no le importa verse como un soldado mal uniformado o un legislador mal trajeado.
Una boina de militar como atuendo a un traje formal creo que podría ser el signo visible de una psicosis invisible, -trastorno mental caracterizado por una desconexión de la realidad-  consecuente a su antigua actividad como excombatiente de la guerra intestina que se vivió en Guatemala y en donde de forma aireada y engreída comenta públicamente que mató muchos comunistas, convirtiéndose así en un asesino confeso. 
Este kaibil parlamentario, podría estar padeciendo de síndrome de guerra; cuya enfermedad manifiesta algunos síntomas como perdida de la memoria, estrés postraumático, jaquecas, angustia, incapacidad excesiva, depresión, abuso de alcohol, fibromialgia, trastornos de la sexualidad y la sensación de haber masacrado y violado injustamente a hombres, mujeres y niños sin distinciones de ninguna naturaleza, aunque le hayan lavado el cerebro, haciéndole   creer que esa guerra era santa y necesaria para librar a Guatemala y a sus connacionales  del comunismo.

     Y como “en el país de los ciegos el tuerto es rey” como bien reza el dicho popular; hoy, en la tarde triste y gris de los tiempos, de las fétidas entrañas de la política, brota la roja boina del kaibil, cubriendo la mollera huera del diputado, para ser proclamado como candidato a la Presidencia de la República de Guatemala, por la mara política FCN-Nación/LIDERGATE, que en desquiciado contubernio con  Betty Marroquín,  adalid en la defensa de  la corrupción institucional y valladar de los valores humanos y cristianos, lucharán de forma licita o ilícita por hacerse de la Presidencia y Vicepresidencia de la República respectivamente; con tal de mantener a perpetuidad, el régimen de impunidad que hoy los tiene consumiendo toda clase de  antidepresivos…
Parafraseando al doctor Emilio Mira y López, ambos personajes son rémoras, que unidos políticamente en paradójico maridaje, correrán uno detrás del otro al compás de los tamborileros que anuncian la desventura, integrando híbridos negocios, que teñirán de luto y sangre el Valle de la Ermita o de la Virgen.

     Pues entonces, "Dios los creo y el diablo los juntó"  y a  guisa de conclusión hago la aclaración que en los párrafos anteriores a imitación del doctor de Bono, he utilizado de forma reiterada el término “creo”,  para indicar que mis elucubraciones son más de opinión que de aseveración, acerca de los síndromes que les imputo a los diputados en cuestión.

    
Fuentes bibliográficas:
Edward de Bono, Seis sombreros para pensar, edición original Viking, England, 1986, traducción Marcela Pandolfo
Fotografias: tomadas de internet, propiedad de Guatevisión.com; Diarioelinformal.info;
no es mi intención infringir los derechos de autor…

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