miércoles, 6 de febrero de 2019

Antítesis del Sermón de la Montaña



Jlriveirof
      Resulta paradójico contemplar las antítesis del sermón de la montaña presuntamente empleadas por Jesús en aquel tiempo, al considerar los problemas que se derivan de las costumbres,  la cultura, la moral y la ética laxa de este tiempo presente,  que sigiloso discurre por los vericuetos de la  posmodernidad. Si a lo anterior se le suma un  laicismo y un relativismo radical, entre tantas otras cosas que hoy; constituyen un valladar  al sentido que Jesús le dio a la ley mosaica en este famoso sermón del monte o de la montaña como se le quiera llamar y lo que se dice y se hace hoy contrasta con lo externado en dicho sermón,  sobre todo en las mal llamadas sociedades civilizadas y desarrolladas como el Banco Mundial suele denominar a las naciones del primero y segundo mundo,  no digamos en los pueblos del tercer y cuarto mundo que quieren  ser grandes en el concierto de las naciones.
Una consideración utópica si se le quiere denominar así, no porque no tenga lugar en la vida y en el mundo histórico, sino porque la misma sociedad la ha bloqueado de sus criterios.

     Con ese recurso estilístico que consiste en contraponer dos frases, versos, ideas u oraciones de significación opuesta, Jesús ocupa gran parte de su  predicación en aquella oportunidad; las antítesis en cuestión  casi siempre van encabezadas por la palabra “pero”.
La primer antítesis empleada por Jesús en éste sermón  empieza con el  “No matarás”  mandamiento de permanente actualidad porque Jesús no abolió la ley “pero” algunas legislaciones sí al permitir la lapidación al género femenino, la  eutanasia,  la práctica del aborto y la pena de muerte quebrantando  así  ese mandamiento y por eso la Iglesia Católica en éste tiempo se opone categóricamente a esa flagrante violación al inmensurable amor de Dios; aunque en el pasado,  con los tribunales del “Santo Oficio” de la inquisición hayan hecho todo lo contrario; ahí “el fin santificó los medios”…, prueba de ello imperdonable resulta ver como el “azote de los cristianos”, así se le llamaba al ahora “San” Roberto Belarmino, un sacerdote jesuita de aquel tiempo que encontró las  causas para quemar al fraile dominico Giordano  Bruno en la hoguera y; en 1616, sería el encargado de llevar también el mismo proceso en contra de  Galileo Galilei.
¿Quién fue el hereje aquí?...,  como diría Shakespeare: hereje no es el que arde en la hoguera sino quien la enciende.

      No obstante, Tomás de Aquino, un fraile dominico del siglo XII  expresa que “disponer de la vida propia es apropiarse de un derecho que corresponde a Dios” Por ello nadie puede decidir por la vida de otra persona ni de la de uno mismo y  quien comete suicidio,  practica el aborto,  la eutanasia y aplica la pena de muerte viola, la ley natural escrita en las mentes  y quebranta ese mandamiento. Según Jesús lo quebranta también el  que enoje, insulte y desprecie a su hermano, no sólo de sangre; porque con estos hechos está matando el amor y las sanas relaciones interpersonales que debe existir entre los hombres y los pueblos de  buena voluntad, sugiriendo con autoridad modales de urbanidad al reconciliarnos con el prójimo.
En contraposición, grupos de “avanzada”, progresistas se hacen llamar, defienden causas innobles como el derecho a las prácticas abominables del aborto y al derecho que debe tener la mujer para poder decidir sobre su propio cuerpo.
En adición a lo anterior, políticos de pacotilla ya en plena campaña ofrecen  que de salir favorecidos con el sufragio, aplicarán la pena de muerte, como un disuasivo ante la extrema violencia que se ensaña con las grandes mayorías poblacionales guatemaltecas y que se legislará para que el aborto sea una práctica legal, a efecto de quien lo practique  siga el curso de su vida, una vida “santa y ejemplar”…

      Continúa Jesús con la antítesis del adulterio precedida por la del repudio y aquí deja ver toda su radicalidad pues indica que con sólo mirar y desear a una mujer ya se cometió adulterio en el corazón; “dura palabra es ésta” dirán los discípulos varones  de éste tiempo presente, porque con el culto al cuerpo, las liposucciones, los implantes y la cirugía estética hay mucho más para ver y desear y  hoy ya no se ve sólo físicamente, se puede ver y desear también en el cine, la televisión, revistas para “caballeros” e  Internet.
Risible resulta incluso un rótulo colgado en el frontispicio de una clínica médica, propiedad de un médico de mi pueblo que reza: “Se hacen rejuvenecimientos vaginales”…
Con éste tema del adulterio, muchos se atreverían a pensar que El Señor sólo pensó en el varón excluyendo a la mujer de los deseos banales, pero recordemos que en éste primer discurso programático  Jesús está catequizando a sus discípulos y  sin duda alguna obvió a la mujer conociendo la sociedad en que le toca vivir;  una sociedad eminentemente machista en donde lo que para el hombre era aceptable para la mujer era imputable. Un pensamiento de permanente actualidad, inclusive en este tiempo.
¿Acaso la lapidación se aplicaba a los hombres? ¿O se aplica porque en muchos países del Medio Oriente aún está en plena vigencia esta ley para castigar el adulterio? …

     Desde tiempos inmemoriales la mujer  ha sido desacreditada  y repudiada a lo largo y ancho del mundo y nuestra sociedad no está excluida porque en el lenguaje de Juan Chapín el hombre que comete adulterio es un “cabrón” y la mujer que lo hace es tildada como una mujer de cuatro letras solamente.
 Y si miramos y deseamos dice Jesús, desmembremos nuestro cuerpo, porque es mejor que entremos tuertos, cojos o mancos al Reino de su Padre, que con el cuerpo entero nos quememos en el infierno. Evidentemente, aquí está hablando de forma alegórica,  significa que debemos desviar la mirada y la mano por si caemos también en la tentación de tentar o robar lo que tanto deseamos.  ¡Ah!, Pero sólo el ojo y la mano derecha condena Jesús dirán los impúdicos, o sea que con el izquierdo si podemos ver y desear y con la mano izquierda  tocar y robar sin que se cometa pecado. 
Sin embargo, ha habido personas que han puesto en práctica de forma literal este concepto, castrándose inclusive. Tal es el caso de Orígenes de Alejandría, que en un arrebato de ascetismo se castró hasta el gaznate…, quizás padecía de altas temperaturas venéreas y por eso decidió  entrar al Reino de los Cielos capón, que irse de cuerpo entero al infierno.

      Haciendo una comprensión  en ambas antítesis tanto hombre y mujer cometen adulterio con sólo mirar y desear al otro. La radicalidad del sermón de la montaña se deriva precisamente por las costumbres  de la época, malas prácticas que no discriminaron a nadie, ni siquiera al historiador judío Tito Flavio Josefo que fue el más conocido testigo extra bíblico que escribió  sobre Jesús en el siglo I, él se jactaba de haber dejado a su mujer con tres hijos sólo porque no le gustaban sus costumbres y eso que había escrito bien de Jesús en su célebre Testimonium Flavianum.

     Sobre el juramento es bastante claro El Señor no debemos jurar por nada, que nuestro sí sea sí y nuestro no, no. Recomendación ratificada por Santiago (5, 12) hacía finales del siglo I a fin de no ser condenados.

      Las costumbres y los problemas sociales de la Palestina del siglo I se parecen mucho a los de los países pobres del siglo XXI; la economía política y la política económica casi siempre son dictadas por países como la Roma imperialista de éste tiempo, los Estados Unidos de Norte América y sus lacayos en la Organización de las Naciones Unidas;  la intromisión extranjera no es indiferente, el hambre, la pobreza, la marginación y la exclusión no nos son  ajenos; el clasismo, la explotación y la discriminación hacía la mujer sigue siendo grande, el divorcio cabalga a pasos agigantados, el tráfico galante se da en todas las esferas sociales ya sea por necesidad o por vocación y el hombre trata de mantener la hegemonía en el trabajo repudiando a la mujer cuando esta va subiendo escalones en la esfera social, organizacional y cultural. Ante estos problemas sociales, políticos y económicos el sermón de la montaña debe ser visto como un compendio de urbanidad para que todos los seres humanos vivamos en gloria y en paz, pero no la falsa paz que el mundo nos ofrece sino la paz que Cristo El Señor nos da a cada momento y en todo lugar.

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